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Los confines de la conciencia (3/4): Chamanes

31 Enero, 2007 (11:31) | • Esotérico | 2 Visitas directas

Silvia Velando

Cuando se habla de estados de conciencia alterada no podemos dejar de mencionar el mundo de los chamanes. Éstos son hechiceros de alto rango diseminados por Asia, América y África, que participan de una serie de sueños y alucinaciones por medio de los cuales pueden curar y/o acceder a otras realidades invisibles.

A través de estados de conciencia alterada (muchos creen ver enormes similitudes entre los fenómenos atribuidos al sonambulismo y al ensoñar de los chamanes), aseguran poder abrir compuertas energéticas y llevar su conciencia de ser a otros mundos tan reales y contundentes como el nuestro, entendiendo como nuestro el que todos percibimos como “real”.

Los chamanes creen que una gran fuerza, o fuerza excepcional, presta conciencia de ser a los recién nacidos (independientemente del organismo vivo del que se trate), y al final de la vida, esa misma fuerza le quita a cada uno de los diferentes seres esa conciencia de ser prestada y engrandecida por vivencias individuales.

Estas personas que han aprendido a penetrar en las realidades invisibles sumidas en un estado de trance autoprovocado, sobrepasan la percepción ordinaria del mundo cotidiano y entran en contacto con una poderosa energía que describen como increíble. Aseguran que estas visiones no son fruto de ninguna ilusión ni de los caprichos de la fantasía. Aspiran a llegar al infinito siendo conscientes de ello.

Para los chamanes, el tiempo —entendido como tiempo continuo espacial en el que los eventos se producen en una sucesión aparentemente irreversible que va desde el pasado hacia el futuro, a través del presente— es un pensamiento pensado. El ser humano, siendo parte de ese pensamiento pensado por fuerzas inconcebibles, todavía retendría un pequeño porcentaje de dicho pensamiento. Este pensamiento o conciencia, normalmente se abandona en el momento de morir.

Esta reflexión podríamos enlazarla con lo que Jung denominó ‘el inconsciente colectivo’, el archivo akhásico de los esoteristas o los campos morfogenéticos de Rupert Sheldrake (donde la mente está en contacto con los demás seres a través de una intrincada red de interacción), como si el sujeto entrara en capas de conciencia colectiva donde hubiese una comunicación viva entre todas las cosas del Universo.

Según el conocido psiquiatra transpersonal Stanislav Grof, la conciencia individual no sólo se halla relacionada con el entorno inmediato que nos rodea y con diversas épocas de nuestro pasado, sino que también nos conecta con acontecimientos que trascienden el alcance de nuestros sentidos y que se extienden hasta llegar a abarcar otros períodos de la historia de la Naturaleza y del Cosmos.

Algunos opinan que cada célula por sí misma tiene una conciencia primaria. El antropólogo y brujo Carlos Castañeda, siguiendo las enseñanzas de don Juan, afirmaba que los chamanes podían conservar su conciencia, que normalmente se abandona en el momento de morir: “Al cruzar el umbral —explica— el cuerpo, en su totalidad, se inflama de conocimiento. Cada célula se torna, al instante, consciente de la totalidad del cuerpo”.

Hoy se sabe que las células tienen conciencia individual y que cada grupo de células tiene, de alguna forma, una conciencia colectiva de grupo; menos compleja, pero conciencia inteligente.

Mundo Misterioso.

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