La catedral de Santiago de Compostela (4/5)
Juanjo Pérez
El camino iniciático de Santiago
El peregrino que llega hasta la catedral de Santiago de Compostela, tras ganarse esforzadamente “El Jubileo”, puede hacerlo habiendo seguido diferentes rutas, ya que muchas son, en realidad, las opciones de peregrinación hasta Compostela. Dice Precedo Lafuente que hay tantos Caminos de Santiago como puntos de procedencia y, por consiguiente, rutas de los peregrinos. Ello es debido a que todos los viajeros llegaban hasta Santiago caminando, desde distintos puntos de Europa, a excepción, claro está, de los peregrinos que llegaban a Galicia por mar, haciéndolo éstos a través de los puertos de La Coruña y Noia fundamentalmente.
Sin embargo, de todos los “Caminos de Santiago” que en la historia han sido, sin duda es el “Camino Francés” el que más repercusión internacional ha tenido. Ello es lógico por dos razones. En primer lugar porque España, como península que es, sólo posibilita el acceso a pie, desde Europa, a través de la frontera francesa. Por otro lado, y tal y como refleja el Códice Calixtino —recientemente editado como facsímile por el historiador Jose Mª Kaydeda, y custodiado en los archivos de la catedral de Santiago—, el temor a los habitantes del norte, y la presencia de los invasores árabes en el resto del país, posibilitó que, con el devenir de los años, fuese fraguándose una ruta de peregrinación segura a lo largo del norte español. En Francia no existían esos problemas, y de hecho se conoce razonablemente bien la ruta que siguió en ese país el primer peregrino famoso: el obispo Godescalco, llamada la “Via Podiense”; sin embargo, se desconoce la trayectoria que siguió en territorio español para esquivar los peligros que acechaban al viajero hasta Santiago.
Hasta que Sancho el Mayor de Navarra, como puntualiza Precedo, liberó de la dominación musulmana las tierras situadas entre los Pirineos y Nájera, los peregrinos se desviaban por las de Álava. El Códice Silense, fechable hacia el 1110, nos da cuenta de esta liberación y de la posibilidad que surge como consecuencia de que los peregrinos santiaguistas pudieran tener una mejor ruta hacia Compostela.
En su comienzo existía una especie de puente o conexión directa entre Roma y Santiago, de modo que la ruta Jacobea vendría a ser una especie de nexo de unión entre esas dos grandes ciudades del cristianismo. Francia, en esa unión, también ha tenido un importante protagonismo a lo largo de la Historia.
En Navarra y Aragón, por ejemplo, Sancho Ramírez hizo una labor importante de apoyo a la peregrinación equiparable a la de Alfonso VI, y el hecho de que ambos estuviesen casados con mujeres francesas facilitó que la influencia francesa del Camino se hiciese evidente incluso dentro de nuestro país. De hecho, antes de finales del siglo XI, en cada final de etapa del Camino existía una alberguería u hospital de marcada tendencia francesa.
El Códice Calixtino, antes citado —en realidad, la primera guía de la peregrinación jacobea— habla de cuatro itinerarios importantes en Francia. La inspiración religiosa de este documento, que se presenta como obra de Aymerico Picaud —secretario del papa Calixto II, que peregrinó a Compostela cuando era obispo de la diócesis francesa de Vienne—, al señalar esos cuatro caminos en territorio galo, no pretende fijar como únicas rutas de peregrinación las cuatro vías, sino señalar a los romeros las direcciones más adecuadas para visitar los más famosos santuarios, a la vez que peregrinaban al del Apóstol. Y es que, como decíamos, en Francia, como en cualquier otro país, el peregrino puede optar por el camino a Santiago que le exija su lugar de residencia.
En Francia los cuatro itinerarios más importantes son conocidos como Turonense (el más occidental), Lemusina (a través de la ciudad de Limoges), Podiense (por la ciudad de Le Puy), y Arelatense o ruta de la Provenza (cruzando la ciudad de Arlés). Las tres primeras terminan convergiendo en un mismo camino, mientras que la ruta Arelatense sólo coincide con ellas en Puente la Reina.
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