[Eso]– Las ”líneas de Nazca” de Mongolia (4/4): Estrellas gigantes para ser vistas desde el espacio
Manuel Carballal
Estrellas gigantes para ser vistas desde el espacio
Durante nuestro recorrido por el país visitamos infinidad de lugares arqueológicos de gran interés. Desde tumbas de la época de la invasión turca, presididas por sugerentes esculturas humanoides, como las que nos topamos a orillas del río Khend Teykh; viejas fortalezas como las “Ruinas Negras” de Khar Balgasin Tuur, en Khotant. Pero, sin duda, las más interesantes y sugerentes eran las compuestas por amontonamientos de piedras que parecen dibujar insectos, o algún tipo de animal que, por su tamaño, parecen haber sido construidas tan sólo para ser apreciadas desde el aire.
En diferentes partes del mundo existen construcciones similares, que en diferentes ocasiones han desatado la imaginación de los astro-arqueólogos. Las famosas “pistas” de Nazca, en Perú, o los caballos blancos de Inglaterra, son buenos ejemplos. Sin embargo, todos esos grabados palidecen ante el colosal tamaño de los existentes en Mongolia.
Y es que, como apuntaba anteriormente, en el gigantesco valle que rodea el lago Urrg nos topamos con el descubrimiento arqueológico más interesante de todo nuestro periplo por Mongolia: El colosal dibujo de una estrella o sol, con siete rayos que salen de su parte central.
Está compuesto de las siguientes partes:
- Una especie de “plaza”, o círculo central, de 5 metros de diámetro.
- Esa “plaza” central está rodeada por otro circulo compuesto por amontonamientos de piedras, de 4 metros de grosor.
- Desde ese punto parten los siete rayos, que miden poco más de 20 metros de longitud, reuniéndose en el perímetro exterior de ese gran sol o estrella. Tenemos, por tanto, una figura completa inicial de unos 33 metros de diámetro.
- A 14 metros de esa figura descubrimos una serie de pequeños círculos de piedra que parecen rodear en tres cuartas partes la figura central. Cada uno de esos pequeños “satélites” mide 1 metro de diámetro, y pude contar hasta 29, más un pequeño monolito, del que parten los 29 “satélites” que rodean la “estrella”.
- Y justo de la parte que no está rodeada por los “satélites” —es decir, en el extremo Sur de la “estrella”— encontramos una nueva formación pétrea. A 20 metros del perímetro exterior de la “estrella” —es decir, la distancia de uno de sus rayos— encontramos una especie de túmulo del que sale un perfecto alineamiento de piedras de 76 metros de longitud, compuesto por pequeños monolitos. Debo apuntar que dicho alineamiento no es perpendicular al eje central de la “estrella”, sino que tiene una deriva a sureste de unos +/- 20 grados.
- Justo al otro lado de la figura central, y a unos 70 metros de distancia, se encuentran las 3 figuras presididas por la estatua de “el vigilante”.
En otras palabras, todo el complejo que forma esa enorme figura mide, si mis mediciones son correctas, más de 160 metros (70 más si en el mismo incluyésemos las tumbas y esculturas de “el vigilante”). Si tenemos en cuenta que las principales figuras de Nazca, como “El mono”, no superan los 70 metros, podríamos afirmar que este grabado mongol duplicaría ese tamaño, o hasta lo triplicaría.
El lector familiarizado con la astroarqueología comprenderá mi entusiasmo ante este descubrimiento. Sobre todo porque en las publicaciones arqueológicas no había yo encontrado ni una sola referencia bibliográfica a la existencia de estas formaciones. No la encontré antes de iniciar mi viaje, ni tampoco la he encontrado después, por lo cual agradecería cualquier referencia bibliográfica en este sentido.
Resulta evidente que las fotografías que estaba tomando de aquella formación de piedras no hacen justicia al tamaño de la misma. Ni siquiera a pesar de utilizar para muchas de ellas un objetivo de gran apertura. Era necesario intentar tomar una foto desde una perspectiva lo más alta posible, así que conseguí convencer a mis compañero para que subiésemos a lo alto del monte más cercano para intentar, desde lo alto, fotografiar aquella “estrella”. Y así lo hicimos.
Pero a pesar de nuestros esfuerzos, y una vez en lo alto del monte más cercano, nos dimos cuenta de que aquella altitud no era suficiente para apreciar la forma de aquella “estrella”, que veíamos sólo como un conjunto de piedras más o menos circular. Lo más extraordinario era que, desde allá arriba, pudimos descubrir hasta media docena más de amontonamientos similares a lo largo y ancho de aquel gigantesco valle. Es decir, que podían existir hasta 7 gigantescas “estrellas” construidas en aquel lugar, que sólo podrían ser observadas desde el aire,… ¿para qué?
Estoy seguro de que si Erick von Däniken lee estas líneas, deducirá que estas enormes figuras fueron construidas como un “mapa estelar” por los “dioses del pasado”, o algo parecido. Sin embargo, antes de pasar a elucubraciones astroarqueológicas debíamos acudir a las fuentes ordodoxas, y eso hicimos.
Tras nuestro inesperado hallazgo consultamos a varios arqueólogos e historiadores, como el Dr. Tserendagva Yadmaa, del Departamento de Arqueología del Instituto de Historia de la Universidad de Ulan Baatar; la Dra. Jeannine Davis Kimball, del Centro de Estudios de los Nómadas de Eurasia, de la Universidad de Berkley; o el Dr. Daváhu, director del Museo de Historia de la provincia de Olguii.
Tras enseñarles los dibujos de mi cuaderno de campo, y explicarles la ubicación de los grabados, todos nos dieron una explicación racional para los mismos. Lamentablemente, las tres resultaron ser explicaciones diferentes. Mientras para unos eran grabados realizados con ánimo de representar motivos astronómicos (la teoría más razonable, a nuestro juicio), otros pensaban que tenían una función relacionada con la agricultura, y otros le suponían una utilidad funeraria.
Desgraciadamente, no pudimos sacar nada en claro de nuestra consulta a los arqueólogos. Pero lo que está claro es que las enormes “estrellas” del lago Urgg deberán hacerse un sitio en la galería de extraños grabados y “pistas” visibles desde el aire, en los catálogos misteriosos de la astroarqueología internacional.
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