[*Otros}– La leyenda de La Pared de Roberto / María Victoria Hernández

María Victoria Hernández
(Extraído de la web del Patronato de Turismo de La Palma: http://www.lapalmaturismo.com/)

Arriba, en lo más alto de la isla de La Palma, a 2.426 metros de altura, se alzan hoy los más modernos observatorios de la astrofísica mundial junto a espirales, meandros, inscripciones en piedra relacionadas con misterios del Sol, la Luna y las estrellas, enmarcados dentro de los ritos de los antiguos prehispánicos.

La tradición continúa y hoy otros hombres siguen rastreando el cielo. Para los palmeros, el Roque de los Muchachos siempre ha sido un lugar mágico, en el que, desde hace siglos, diferentes culturas encontraron la ubicación idónea para comprender los misterios del universo.

En tiempos prehispánicos, en la cumbre del Roque de los Muchachos existía una construcción de piedras superpuestas —tagoror, en lengua aborigen—, alrededor de la cual se reunían los habitantes de la Isla para discutir sobre política y justicia, al tiempo que observaban las estrellas, ya que contaban los días por la Luna, a la que veneraban igual que al Sol.

El misterio ronda también la llamada Fuente Nueva, situada justo bajo el observatorio Isaac Newton, a 2.300 metros de altitud, de la que el agua mana o deja de manar coincidiendo con el flujo y reflujo de las mareas, circunstancia que las gentes del lugar atribuyeron a los designios de sus dioses.

Las voces del pueblo palmero cuentan que en ese lugar el Diablo, celoso de la felicidad del alma y el cuerpo, construyó en una sola noche una pared que incomunicara el antiguo camino que unía las localidades de Santa Cruz de La Palma y Garafía. Murrallón pétreo que se alza altanero y provocador, y más parece haber sido hecho por mano de hombre que por fuerza telúrica.

La Pared de Roberto, vista de canto.

La Pared de Roberto, vista de frente.

Otra vista de frente.

Al atardecer, los rayos del sol actúan sobre el tono verdoso de esta pared volcánica y producen reflejos amarillos en los rostros de los caminantes que se paran junto a ella, lo que ha contribuido a que los palmeros sigan atribuyendo al diablo actuaciones malignas en el lugar.

Vista de frente, pero más de cerca.
Las cuatro fotos de las debo a Roberto González Rodríguez, de franela azul en ésta. Las dos primera las bajó de Internet, y las dos últimas son de su propia colección, y tomadas en agosto de 2000.

Pero la leyenda que adorna la historia de La Palma no acaba aquí. Los viejos de la Isla cuentan que un mancebo del cantón de Tagaragre tenía amores no consentidos con una doncella del cantón de Aceró, hoy parque nacional de la Caldera de Taburiente, y que una noche, cuando iban a tener un encuentro de amores, se vieron sorprendidos por la pared de Roberto —por Roberto se conoce en La Palma al Diablo— que impedía su encuentro.

El joven, apasionado y deseoso de amar, quiso atravesar la pared y, al no conseguirlo, gritó por dos veces “¡Va el alma por pasar!” y, tras un instante de silencio, volvió a clamar “¡Va el alma y el cuerpo por pasar!”. En ese momento, de la tierra fluyeron materiales ardiendo y llamas infernales, y el mancebo atravesó la pared en una incandescente bola de fuego, rodando al abismo.

La doncella que provocó la intrépida acción del joven amaneció muerta, y los pastores la enterraron en el Roque de los Muchachos, donde sobre su tumba brotaron pensamientos de la cumbre o Viola Palmensis, planta que, según la tradición y la leyenda, copió el color azul de los ojos de la joven.

La pared a la que se refiere esta leyenda puede verse hoy partida en dos mitades, como muestra la foto de arriba, y, si seguimos creyendo a la voz del pueblo, el hueco que las separa, por el que discurre un camino, fue creado por el mancebo en su deseo de llegar hasta su amante.

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