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[LE}-- El tiempo cronológico y el atmosférico

28.05.08

Amando de Miguel

La mentalidad de una población se revela a través de las creencias que tenga en torno al modo de vivir. Una de esas creencias es la que dibuja el factor tiempo cronológico, algo valioso por ser escaso, pero también algo muy complicado. Para empezar, el tiempo es polisémico.

La lengua española ha heredado del latín una primera ambigüedad. La voz ‘tiempo’ representa tanto el cronológico (‘time’ en inglés) como el meteorológico (‘weather’). También sirve para expresar el tiempo verbal, que en inglés se dice con una palabra diferente, ‘tense’.

Esa identidad, aparentemente arbitraria, tiene su razón de ser. El tiempo meteorológico es el que “hace”; el tiempo cronológico es el que “es”. El tiempo verbal es el resultado de una consideración de la lengua en sí, metalingüística. Los antiguos expresaban así la esencia del tiempo meteorológico, que era el cambio recurrente (después de la tempestad, viene la calma) y su carácter impersonal. En todo caso, era la Providencia el sujeto de la ocurrencia de los meteoros: Amanecerá Dios.

El símbolo tradicional del tiempo atmosférico era la veleta (‘weather cock’ en inglés), un embellecimiento de los edificios nobles junto al reloj de sol (‘sun dial’). La dirección del viento ayudaba a predecir los meteoros, así como la inclinación del sol reflejaba la hora del día. Pero, sobre todo, la predicción del tiempo meteorológico se ajustaba al cálculo del momento del año al que se refería.

Hay miles de refranes con un sentido meteorológico, basados en la creencia de que la sucesión de los días a lo largo del año presenta una trayectoria cíclica. “Por San Blas [3 de febrero], la cigüeña verás” o “En abril, aguas mil”.

La idea del orden atmosférico y cronológico implica que cada mes se corresponda con el tiempo meteorológico previsto: “Febrerillo el loco, marzo ventoso y abril lluvioso sacan a mayo florido y hermoso”. Así pues, no es tan errática como parece la doble significación del tiempo, el cronológico y el meteorológico. El tiempo (cronológico) ayuda a anticipar el tiempo (meteorológico) que va a hacer.

En español se mezclan los dos sentidos algo diferentes de tiempo, el cronológico (la sucesión que miden los relojes o los calendarios) y el atmosférico (la aparición y efecto de los meteoros: lluvia, nieve, niebla, viento, calor, frío, etc.).

Esa posible ambigüedad es una herencia del latín. Se ha conservado porque tiene un gran sentido en un pueblo campesino al que tanto le importa la sucesión cronológica que hace crecer las plantas y madurar los frutos. Pero no menos interés tiene la contribución de la naturaleza para producir lluvia, calor y otros elementos que hacen fructificar las cosechas.

Como es sabido, la sociedad española actual ya no es eminentemente agraria, pero sigue siendo central, por otras razones, la confluencia del tiempo cronológico con el atmosférico. En los medios de comunicación es obligada la continua referencia al día o la hora que es y al tiempo (atmosférico) que hace o que va a hacer en las próximas horas o días.

Se suele decir que el “mapa del tiempo” (atmosférico) es la sección más consultada de los periódicos o de la televisión. Pero ¿por qué entonces la duplicidad de sentidos en la misma palabra tiempo? Porque los antiguos acertaron con una intuición: que los sucesos atmosféricos son cíclicos. Todo es cuestión de esperar y la lluvia de hoy mañana escampará. El refrán lo dice bien claro y escueto: después de la gran seca viene la remojá. A esa observación consuetudinaria,

LD

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