[*FP}– Vacaciones 2009 – Dos caras de una misma moneda. 1) La negativa

Carlos M. Padrón

La cara negativa

Por aquello de que lo mejor debe guardarse para el final, comenzaré con la parte mala.

Por la experiencia acumulada durante los años en que viajaba continuamente y me pasaba muchas horas en los aviones y muchas noches en hoteles, llegué a la conclusión de que los viajes que yo anunciaba con antelación salían mal, y éste de las vacaciones del verano de 2009, a comenzar en Canarias a primeros del pasado agosto, lo anuncié desde febrero, por lo que siempre supuse que algo saldría mal, y así fue, pues muchos “algos” salieron mal.

***

Las veces que desde 2003 he ido a El Paso, mi pueblo, he llevado mi laptop (computadora portátil) y la he conectado a Internet usando la opción de dial-up (que funciona a través de la línea del teléfono pero inhabilitando éste) que ofrecía Telefónica, pero como esta vez estarían allá mis hermanas, que son “telefonópatas”, ellas no iban a aceptar no poder disponer del teléfono, así que luego de investigar y preguntar decidí comprar un módem USB que se conecta a la red celular y trae un cierto número de MB para descarga gratuita.

Para mi sorpresa, mi prima Lucy, que vive en Tenerife, me dijo que esos modems estaban agotados en las tres operadoras que los ofrecían; Telefónica, Orange y Vodafone. Sin embargo, mi amigo Leo (que vive en Valencia, España) averiguó que los de Vodafone los vendían en El Corte Inglés. Lucy ya los había buscado, sin éxito, en El Corte Inglés de Santa Cruz de Tenerife, pero ante la información de Leo llamó a las dos de esas tiendas que hay en Las Palmas y en una de ellas quedaba uno de tales modems, que Lucy compró de inmediato e hizo que se lo enviaran a Tenerife por courier.

Luego hablaré más del bendito módem USB.

***

Con el señor, muy cumplido y responsable, que usualmente nos lleva a Maiquetía, el aeropuerto internacional de Caracas, acordé con la debida antelación la hora en que vendría a casa a buscarnos, pero cuando esa hora se aproximaba el señor me llamó para pedirme que buscara un taxi que nos llevara, porque él, a bordo de su carro (coche), estaba varado en plena autopista debido a una manifestación que había trancado esa vía.

A toda prisa llamé a un taxi que tardó unos 15 minutos en llegar. Afortunadamente tenía un maletero amplio en el que cupieron nuestras dos maletas, y el chofer, entendiendo nuestra urgencia, fue a muy buena velocidad y haciendo cabriolas entre el tráfico a fin de dejarnos en Maiquetía a tiempo de abordar nuestro vuelo.

Aún en la autopista, pero faltando poco para llegar al aeropuerto, notamos que el chofer del taxi se metía las manos en los bolsillos, buscaba luego entre las butacas delanteras y sobre el tapasol, etc. Intrigada, Chepina le preguntó si se le había perdido algo, a lo que el buen hombre contestó que no encontraba el llavero donde estaba la llave del maletero de su carro, o sea, que aunque llegáramos a tiempo al aeropuerto tendríamos que esperar a que, usando alguna herramienta que el chofer no tenía, alguien abriera por la fuerza el maletero para que pudiéramos sacar nuestras maletas.

Ante esto me dije que lo malo se había manifestado muy pronto poniendo en riesgo nuestro viaje.

Rumiando esos pensamientos estaba yo cuando un microbús que nos adelantó por el hombrillo (arsén) se mantuvo siempre paralelo a nosotros y su chofer comenzó a hacer sonar la corneta (claxon) para llamar nuestra atención. Cuando el chofer del taxi bajó el vidrio de la puerta delantera derecha y acercándose a ésta como pudo interrogó al chofer del microbús, éste le dijo que sobre el techo del taxi había unas llaves.

Nos quedamos de una pieza, pues habida cuenta de las cabriolas que por kilómetros había hecho entre el tráfico ese taxi, cambiando de canal a cada rato en giros bastante violentos, no se entendía que sobre el techo del vehículo estuvieran aún las llaves que, por supuesto, el taxista había dejado allí cuando aún frente a casa abrió el maletero para colocar dentro nuestras maletas.

La explicación que el taxista dio, luego de detener el taxi y recoger las llaves, fue que no se habían caído porque el techo de su vehículo tenía un reborde en todo su perímetro.

Aunque nos salvamos de ésta, el susto no pude evitarlo.

***

Luego de la larga cola para facturar el equipaje y obtener el pase a bordo, en la sala de espera del vuelo tuvimos que pasar sentados más de una hora después de la señalada para el abordaje, y cuando por fin entraron al avión todos los pasajeros y ya iban a cerrar las puertas, el capitán dijo que la salida se retrasaría porque las autoridades del aeropuerto querían revisar todas las maletas, lo cual tomaría un tiempo considerable que pasaríamos sentados dentro del avión porque —añadió el capitán— estaríamos más cómodos que en el área de espera del aeropuerto.

El vuelo, cuyo despegue estaba pautado para las 18:45, despegó a las 21:03, y al llegar a Madrid, a las 11:42 del día siguiente, pudimos tomar el vuelo de continuación a Tenerife gracias a que su salida estaba pautada para las 14:00.

***

Apenas llegar —¡por fin!— al aeropuerto de Los Rodeos, o Tenerife Norte, mi prima Lucy me entregó el módem USB de Vodafone, con bajada gratuita de150 MB, y Gilberto Cruz, un buen amigo que junto con Wifredo Ramos (buen amigo de ambos y cronista oficial de la ciudad de El Paso) había ido a esperarnos, nos llevó al Hotel Colón Rambla, un apartotel en Santa Cruz de Tenerife que yo había reservado por Internet meses antes, y visto también por ese medio que había sido remodelado en 2007.

20090809Ly   CHP   CMP   Bero Llegada Rodeos (W)

(De izq. a derecha: Lucy de Armas Padrón, Chepina, Carlos M. Padrón, y Gilberto Cruz. Foto cortesía de Wifredo Ramos)

En ese apartotel estuve yo solo en julio 2006, y luego con Chepina en junio 2007, y a ambos nos pareció excelente para nuestras necesidades de alojamiento: bien ubicado, cocina equipada, limpio, con aire acondicionado (A/A), Internet de buena velocidad, y buen precio módico.

20090809=Wifre   CHP   CMP Llegada Rodeos (W)

(De izq. a derecha: Wifredo Ramos, Chepina y Carlos M. Padrón. Foto cortesía de Wifredo Ramos).

De ahí que, sin tener dudas al respecto, reservé por Internet desde marzo pasado, y como al hacerlo vi que había sido remodelado en 2007 concluí que si antes estaba excelente, mejor estaría ahora después de haber sido remodelado en la segunda mitad de ese año.

En la recepción había una sola persona, lo cual me extrañó. Apenas entrar en la habitación que nos asignaron —o pequeño apartamento, pues tiene salón, dormitorio, baño y cocina, todo independiente— notamos los cambios o mejoras, pero como esa habitación daba al poniente y el Sol la calienta mucho en las tardes pedí una que diera al Este. Ya que, por lo visto, el hotel estaba casi vacío no hubo problema en el cambio a otra habitación, excepto porque al probar en ella el A/A no arrancó, por lo cual nos asignaron otra que tuvo el mismo problema, y luego otra más que daba al Este y sí le funcionaba el A/A.

20090809=CHP hotel 2

(Chepina en las afueras del Hotel Colón Rambla).

Días después descubrí, porque me lo dijo el empleado que estaba de turno en recepción, que el motivo de que el A/A no funcionara en las habitaciones que probé el día de nuestra llegada era que la puerta del balcón no estaba trancada. Por lo visto, el recepcionista que nos recibió a nuestra llegada era un novato.

Cuando ya deshecho sólo el equipaje necesario indagamos mejor encontramos que la cocina estaba vacía —o sea, no tenía ni platos ni cubiertos ni nada— y que en el baño no había un solo gancho donde colgar una pieza de ropa, como un pijama o una bata, ni había luz sobre el espejo, lo cual dificulta mucho que un hombre pueda afeitarse bien, y hace casi imposible que una mujer pueda maquillarse.

Deseoso de probar mi flamante módem USB, arranqué a trabajar con él con una velocidad teórica de 3 GB, e hice así todo lo que en la laptop tenía que hacer ese día, pero cuando quise continuar a la mañana siguiente la velocidad se puso casi imposible y desapareció la indicación de los 3 GB.

Fui a una tienda de Vodafone, les conté mi caso, revisaron el módem y me dijeron que ya había yo consumido los 150 MB gratuitos y que para volver a trabajar bien con él tenía que recargar su tarjeta, lo cual hice porque no tuve mejor opción, pues iba a necesitarlo en El Paso.

En la misma tienda Vodafone pedí una tarjeta SIM para usarla en el celular que yo había llevado desde Caracas, y la respuesta fue que estaban agotadas…. en todas las operadoras.

Busqué en otras tiendas, tanto de Vodafone como de Teléfonica y Orange, y, efectivamente, la respuesta fue la misma, sólo que añadieron que, inexplicablemente para ellos, no había tarjetas SIM porque los asiáticos (encontré muchos en Santa Cruz de Tenerife) y los sudamericanos las compraban todas.

Por fin, en una tienda Orange, pequeña y medio escondida, conseguí una, pero para que me la vendieran debí presentar mi documentación y firmar un formulario. Y entonces deduje por qué los sudamericanos y los asiáticos las compraban todas: como muchos de ellos no tienen documentos, los que sí los tienen compran esas tarjetas y las revenden, sabrá Dios a qué precio, a los demás.

De vuelta al hotel para dejar algunos paquetes, antes de salir de nuevo pedí que me conectaran el servicio de Internet, el que yo había usado en 2006 y 2007 y que, aunque a velocidad de 54 Mbps, servía para lo que yo quería hacer.

Al llegar en la noche ya encontré disponible el cable para Internet, pero al conectarme descubrí consternado que la velocidad era de apenas 10 Mbps.

“¡Menos mal que este apartotel está ahora mejor!”, me dije resignado.

***

Ya en El Paso, en mi casa natal, al deshacer completamente el equipaje descubrimos que nuestras maletas, que son de material duro, tenían en aproximadamente el centro de su cara superior un hueco de unos 3 a 4 mm (¿¡!?).

Enseguida pedí a Telefónica que me habilitara el servicio de dial-up que yo había usado antes. Luego de mucho explicarles me dijeron que ese servicio se llamaba ahora “Dúo Internet + Llamadas”.

Cuando luego de unas 3 horas pude usarlo solté una mala palabra porque ese servicio, que antes había sido de 54 Mbps, como en años anteriores lo había sido en el Colón Rambla, era ahora de 10 Mbps…. teóricos, pues cuando comencé a usarlo quedó claro que iba mucho más lento que el de 10 Mbps del Colón Rambla, de lo cual deduje que era de menos de 10 Mbps.

Mi opción era usar el módem USB de Vodafone y gastar cada día un montón de euros, pero cuando lo conecté fui notificado de que la fuerza de la señal era muy pobre. Y tanto que de hecho iba a igual velocidad que el bendito Dúo de Telefónica.

Como la paciencia, sobre todo cuando uso una computadora, no es una de mis virtudes, desesperado por la lentitud de Internet olvidé lo que quería hacer y, por error, de un sólo clic borré todas las fotos que estaban en la flash-card de mi flamante cámara digital, que estrené en este viaje. De ahí que para una buena parte de este reportaje tendré que usar fotos tomadas por otras personas que amablemente me las cedieron.

Maldiciendo estaba yo por eso cuando un amigo llegó a darnos la bienvenida, y al saber de mi problema me prestó (pues él tenía ya ADSL) un módem USB abierto —o sea, que trabajaba con cualquier operadora— y cuyo uso sólo costaba 0.90 €/día.

Con esta solución pude usar Internet sin problemas y dejar libre el teléfono para que mis hermanas se explayaran por él. Lamentablemente, cuando recargué la tarjeta del Vodafone le puse 60 €, pero ya no había marcha atrás.

Mi amigo Lelo prometió en 1956, cuando me salvó el pellejo en nuestra odisea en La Caldera, que jamás pasaría más allá de La Cumbrecita, y yo prometí lo mismo luego de la otra odisea, vivida con Chepina en 2006, cuando gracias a la mala faena del taxista que nos llevó tuvimos que de salir caminando desde Los Brecitos hasta al Lomo de Los Caballos, por todo el barranco de Las Angustias, un calvario que nos tomó cinco horas y media de caminata continua a pelnos sol, con frecuentes caídas en pozos de agua corrompida, y sin agua potable con que calmar la sed.

Tal vez esta promesa mía no gustó a Roberto, nombre que los aborígenes palmeros daban al diablo, porque ya no tendría oportunidad de atentar una vez más contra mi vida, y por eso en la visita que llevados por el amigo Roberto González hicimos a la llamada Pared de Roberto —en las estribaciones de La Caldera, pero no dentro de ella— sin motivo aparente mi flamante cámara digital sufrió un desperfecto, y lo mismo le ocurrió a la del amigo Roberto, y ambos desperfectos ocurrieron al mismo tiempo y estando Roberto y yo junto a esa impresionante pared.

Mi cámara pudo seguir tomando fotos, pero tengo que tratar de que la arreglen ya que cada vez está peor.

***

Desde que estando aún en Caracas supe que la Liga Profesional de Fútbol comenzaría en España el domingo 30/08 y que ese día el Real Madrid jugaría en el Bernabeu, me di a la tarea de conseguir entradas para ese partido, pues nuestro plan era llegar a Madrid en la tarde del sábado 29/08.

Después de mucho batallar, el amigo Manuel Fernández nos consiguió las entradas, y por celular, estando nosotros aún en Canarias, me anunció contento que ya teníamos entradas para el partido del sábado 29/08 en el Bernabeu. Asustado le pregunté qué era eso del 29/08 si la Liga comenzaría el domingo 30. Luego de un breve silencio cayó en cuenta, y consternado me dijo que habían cambiado para el sábado 29 el partido que estaba previsto para el domingo 30, y por la hora en que comenzaría no llegaríamos a tiempo de verlo.

Por ese cambio nos quedamos sin ver jugar al Real Madrid en vivo, y sin ver el Bernabeu por dentro y también “en vivo”.

***

El vuelo directo desde La Palma a Madrid aterrizo a las 19:21, pero la recogida del equipaje en Barajas nos tomó 40 minutos. Durante la espera, cansado ya de estar en pie decidí caminar alrededor del sitio de recogida. Al acercarme a una de sus esquinas noté que un hombre que estaba en silla de ruedas hacía señas hacia mí. Como no lo reconocí deduje que se las hacía a alguien que estaba a mis espaldas, pero no, las señas eran para mí. Y al acercarme se me cayó el alma a los pies: era un amigo de la infancia al que no había yo visto desde 1994 cuando, junto con su esposa (también ahora en silla de ruedas), fue a visitarme a mi apartamento en Madrid.

Cada vez que desde entonces fui a Canarias pregunté por él pero nadie me dio información alguna, lo cual no me extrañó porque ya había vivido yo algo igual en la búsqueda de Carmensa. Pero al verlo me quedé totalmente cortado y sin saber qué decir, máxime cuando mi amigo o no podía hablar por causa del mismo mal que lo mantenía en silla de ruedas, o no podía hablar por la emoción del encuentro. Esto fue lo peor de todo el viaje,

Para alojarnos en Madrid, el amigo Manuel Fernández —el mismo que tanto nos ayudó en las vacaciones de 2006— a petición mía nos había reservado alojamiento en Apartamentos Juan Bravo, donde nos fue muy bien en 2006, pues además de ser también apartotel contaba con Internet, A/A y un salón con lavadoras y secadoras para uso de los huéspedes.

Rafael García —otro amigo cuyo reencuentro fue lo mejor del viaje— nos recogió en el aeropuerto de Barajas y como a las 20:30 nos dejó en Apartamentos Juan Bravo.

Me llamó la atención que en la recepción había una sola persona: un señor ya mayor que a mi pregunta de qué debía yo hacer para conectarme a Internet se limitó a entregarme un papel mientras decía: “De eso no sé nada. Entiendo que lo que hay que hacer está escrito en este papel. Si eso no le es suficiente, bajé después de las 23:00 que es cuando me relevará el que sí sabe de Internet”. Viendo que lo única importante de lo escrito era una dirección IP, no dije más y nos dirigimos a la habitación, dejamos el equipaje y salimos a dar un paseo con Rafael.

Cuando un par de horas después regresamos al hotel, apenas entrar en la habitación encendí el A/A y de inmediato Chepina dijo que allí olía mal. A mí no me olió a nada en particular, pero como sé que Chepina tiene olfato canino supuse que después de que el A/A trabajara por un rato el tal mal olor desaparecería. Pero no, para entonces la situación empeoró, especialmente en el dormitorio, al que Chepina decidió no entrar porque, dijo, no podría dormir, y se recostó en el sofá del salón.

Luego de deshacer el equipaje monté la laptop pero no pude conectarme a Internet. La dirección IP que aparecía en el papel que me entregaron en la recepción tenía varios dígitos tachados y en su lugar aparecían otros escritos a mano, pero ninguno sirvió.

Como ya eran las 23:30 bajé con la laptop a la recepción y resultó que el señor que supuestamente sabía de Internet tampoco pudo resolver mi problema, por lo que no me quedó otra opción que regresar a la habitación y aplicarme a la tarea hasta que por fin, y sin hacer caso de lo escrito en el papel, pude conseguir la ansiada conexión.

Era casi la 1 de la madrugada cuando terminé la tarea con Internet, y al percatarme de que Chepina estaba dispuesta a dormir en el sofá, y de que cada vez hacía más calor en la habitación, llamé a la recepción y pedí que nos cambiaran de habitación. Al explicarle al recepcionista los motivos para tal petición, dijo no entender lo del mal olor pero sí lo del calor, que era debido a que ¡¡ellos cortan el A/A a las 23:30!!

¡¡Qué riñones!! ¿Cómo es posible que hagan eso en un hotel? ¿Cuándo se necesita más el A/A, durante el día, cuando uno apenas está en la habitación, o en la noche cuando debe dormir en ella durante varias horas?

La explicación que a tal aberración he encontrado es el rechazo que en España se le tiene al A/A que, según dicen en ese país, causa afecciones respiratorias sobre todo si se mantiene activo mientras uno duerme. Eso explica por qué en muchos hoteles de España en los que he estado, la boca de salida del A/A está solamente en el salón aunque el dormitorio sea un espacio aparte. Igual estaba en el apartamento en que por más de dos años viví en Madrid, y para conseguir que el fresco llegara a mi dormitorio tenía yo que encender el A/A desde muchas horas antes de irme a la cama, y entornar de forma especial la puerta del dormitorio para de alguna manera forzar a que entrara en él más aire fresco.

Pero, ¿qué íbamos a hacer a la 1 de la madrugada? La opción fue apagar el A/A y abrir las ventanas. Apenas apagarlo, Chepina dijo que ya no sentía el mal olor. Por lo visto, éste procedía del recipiente o lugar desde el cual el ventilador (ya que el gas freón no estaba conectado) tomaba el aire que descargaba en la habitación.

Porque el calor me obligó a tratar de dormir con las ventanas abiertas y apenas echado sobre la cama, dormí muy poco y amanecí resfriado, algo que en España no entenderían los muchos que creen que el resfriado se lo causa precisamente el A/A.

A la mañana siguiente llamé a Manuel, le conté lo sucedido y le pedí que, por favor, nos consiguiera un hotel en el que proporcionaran A/A de forma “civilizada” y tuviera Internet, y nos pusimos a hacer el equipaje, pero cargando aún con la ropa sucia que trajimos de Canarias, donde no teníamos lavadora ni secadora, con el plan de lavarla en Apartamentos Juan Bravo.

Apenas una media hora después me dio Manuel el nombre del nuevo hotel, bajamos a la recepción y pedí que me hicieran factura de salida. El recepcionista era el mismo señor mayor que nos había hecho el ckeck-in el día anterior, y mirándome extrañado me preguntó si yo no había reservado para dos noches. Le dije que sí pero que nos íbamos porque el hotel cortaba el A/A a las 23:30.

El pobre hombre enrojeció y respondió: “No soy hotelero, soy músico y hago este trabajo para ayudarme, pero no entiendo por qué un hotel corta el A/A. Se los he dicho pero no escuchan. Hace usted muy bien en marcharse, pues yo haría lo mismo. Reciba mis sinceras disculpas”.

Media hora después estábamos ya alojados en Suites Barrio de Salamanca que dispone de A/A individual por habitación y, por tanto, graduable por el inquilino.

***

Apenas entrar comprobé que eso era cierto y que, para variar —¡oh, maravilla!— no sólo en el salón había boca de A/A sino también en el dormitorio.

Una vez deshecho el equipaje monté la laptop y —¡oh, misteriosa sorpresa!— aunque sí había conexión a Internet, los datos no fluían: ni entraban ni salían.

Llamé a recepción pero las instrucciones que me dieron no solucionaron nada, por lo que un empleado subió a nuestra habitación y pudo comprobar, aunque no solucionar, ese extraño fenómeno de conexión sin flujo de datos. Subió luego otro que me llevó a un periplo por varias habitaciones del mismo piso,… sólo para comprobar que el problema era el mismo en todas ellas.

Ante esto subió el que creo que tenía mayor rango o conocimiento en la materia, y éste me hizo entrar en la habitación que estaba en el mismo piso que la mía pero en el extremo opuesto, y en ésa sí hubo flujo de datos. Para no perderlo, salí con la laptop abierta y corriendo me fui a la habitación mía en la que pude mantener el flujo de datos por una hora escasa. Luego se cortó.

Ahora por mi cuenta fui con la laptop frente a la puerta de la habitación en la que Internet sí había funcionado, me senté en el pasillo, conseguí conexión de nuevo, y corriendo por el pasillo con la laptop abierta volví hasta mi habitación. Esta vez la conexión duró sólo 15 minutos.

Repetí la operación y duró sólo 10 minutos, pero en el curso de esta última carrera vi que de la habitación vecina a la nuestra salió una joven que a juzgar por el portazo que dio al salir estaba de muy mal humor. Al verme en tan extraña actitud se detuvo en seco y me dijo: “¡Usted tampoco tiene Internet, ¿verdad?! ¡¡Qué desastre!!”.

Más que molesto bajé con la laptop a recepción donde me explicaron que el hotel tiene dos routers en cada piso, uno en cada extremo, y que, por lo visto, el correspondiente a mi habitación no estaba funcionando, pero que eso no parecía ser cierto porque en la mañana había estado en el hotel el encargado de la informática, revisó y dijo que todo estaba OK.

En la recepción sí pude conectarme sin problema,…. pero a 54 Mbps. Deduje entonces que lo que estaba pasando era que, para ahorrar gastos, los hoteles han contratado algo así como el Dúo de Telefónica y, por supuesto, en lo que se conecten tres huéspedes ya la conexión se satura y no funciona para nadie.

De vuelta a mi habitación, cero flujo de datos, así que me tocó alegrarme de haber recargado el módem USB de Vodafone porque gracias a él pude tener Internet operativo durante los días que estuvimos en Suites Barrio de Salamanca.

Por supuesto, como en ese hotel no había sala de lavado, usamos el servicio estándar que ofrecía entregar en la tarde la ropa que se les diera en la mañana, pero lo que entregamos en la mañana del segundo día no apareció ni en la tarde ni en la noche, por lo que en la mañana del tercero, cuando habíamos planeado salir antes de las 09:00 en carro rumbo a La Rioja, tuvimos que esperar hasta las 11:00 porque sólo a esa hora, y gracias a nuestros reclamos, nos trajeron, en dos entregas, la ropa ya limpia y planchada.

***

A la hora de querer ir desde el hotel Suites Barrio de Salamanca al sitio de alquiler de carro Avis ubicado en la estación del Metro de Nuevos mMnisterios, no encontramos un taxi donde cupiera nuestro equipaje. De la recepción del hotel llamaron a dos servicios diferentes que dijeron no contar con vehículos para eso.

El propio recepcionista me aconsejó que caminara hasta un hotel Meliá que está a la vuelta de la esquina y escogiera un taxi de los que ahí hay muchos y siempre. Así lo hice y conseguí uno en cuyo maletero cupieron nuestras dos maletas y otros bultos pequeños, pero el taxista no sabía dónde, en Nuevos Ministerios, estaba Avis.

Por celular llamé al número que para Avis me habían dado y como resultó que era en Barcelona no supieron explicarme lo que yo necesitaba saber.

Dando vuelta a la estación de Nuevos Ministerios vio Chepina el aviso no sólo de Avis sino de Hertz y otros conocidos, y por fin pudimos llegar con el equipaje cerca del carro de alquiler que resultó ser un VW Passat que me obligó a un rato de adaptación porque, entre otras para mí novedades, en vez de llave de ignición tiene un hueco en el que se introduce, mientras se pisa el embrague, algo como un pen-drive de doble ancho que es además el control remoto para abrir y cerrar el carro. Y al freno de mano sólo le queda el nombre, pues se monta y desmonta oprimiendo el freno de pie y apretando al mismo tiempo un botón que hay en el tablero.

A las 11:30, en vez de antes de las 09:00, iniciamos nuestro viaje de unos 230 km, hacia La Rioja, un viaje que me resultó el más estresante que manejando yo he hecho en mi vida, pues advertido como estaba de la cantidad de radares que Tránsito ha puesto para ver de recaudar dinero por multas a quienes por un pelo violen los límites de velocidad (me dijeron que la recaudación por ese concepto en 2008 fue 400% superior a la de 2007) no pude manejar como acostumbro hacerlo —que es calculando “a ojo” la velocidad, que generalmente es de 110 K/h y 120 para adelantar— sino que estuve constantemente pendiente del velocímetro para no exceder los 100 K/h, ni los 110 al adelantar a otro vehículo.

El agotamiento que eso me causó, sumado al que ya traía acumulado por el mal dormir a causa del calor y de las camas pequeñas, fue tal que al llegar a Soria, consciente de que el sueño me vencería en cualquier momento, me detuve frente a un bar, medio dormité por un rato, y luego, a pesar de que ya eran como las 3 de la tarde, contra mi costumbre me tomé un café doble y una Coca-Cola de las que tienen cafeína completa. Sólo así reaccioné y pudimos continuar el viaje.

Para el regreso aprendí la lección y salimos temprano y por sólo autopistas de forma que no hubiera tanta necesidad de adelantar a otros vehículos.

Llegamos al pueblo de Barajas, donde está el aeropuerto de Madrid, en tres horas y media, y nos tomó más de dos dar con el hotel NH, pues a pesar de que está en Barajas y de que ya lo habíamos usado en 2006 llegando a él desde Madrid, esta vez entré a Barajas por el lado contrario porque hacerlo desde Madrid no sólo me habría obligado a un trayecto más largo sino que habría sido un problema ya que esa ciudad está patas arriba por las muchas obras viales y lo más probable habría sido que me hubiera yo armado un lío ante la necesidad de tomar atajos a causa de las interrupciones de las vías por mí conocidas. Además, confiaba en que en Barajas, un pueblo relativamente pequeño, me sería fácil encontrar el hotel o, si no, preguntar cómo llegar a él, pero, para mi sorpresa, nadie en Barajas sabía de su existencia.

La llamada que por celular hice al propio hotel NH de nada sirvió porque la dama que la atendió sabía cómo llegar al hotel viniendo desde Madrid pero no desde el corazón de Barajas, donde hay muchos otros hoteles.

Entré a preguntar en dos hoteles de éstos y, aunque parezca mentira, las personas que había en la recepción de ellos no sabían dónde en Barajas estaba el NH.

Alguien que encontré en un bar en el que también entré a preguntar dijo que sí sabía y hasta me hizo un mapa de cómo llegar. Contentos seguimos el mapa,… que nos llevó a lo que resultó ser un hotel Tryp.

Siguiendo las vagas indicaciones que en otro hotel me dieron acerca de cómo llegar a uno llamado Diana que, según la persona que me dio esas indicaciones, estaba cerca del NH, dimos con éste, pero de pura casualidad, pues el tal hotel Diana no lo vimos nunca.

Cuando ya instalados en la habitación del HB Barajas se me ocurrió llamar a recepción y preguntar si tenían servicio de Internet, la respuesta me puso en el dilema de si reír o llorar: “Sí tenemos —contestó la recepcionista—. Es wi-fi (allá lo pronuncian ‘uifi’) y cuesta 5 euros la hora ó 10 euros las 24 horas”. Tal vez entendí mal, pero no queriendo saber más eché mano de mi módem USB, y problema resuelto.

A la mañana siguiente llené de gasoil el depósito del carro y puse rumbo hacia la Terminal T4, una ruta que ya había hecho yo en 2006. Pero algo cambiaron porque ahora la ruta a seguir parece que quisiera sacar a uno del país, y luego de seguirla con el presentimiento de que no era la indicada, llegamos por fin al “llegadero”, entregamos el carro en AVIS y entramos a la terminal.

***

El vuelo de Iberia Madrid-Caracas salió puntual, a las 12:37, y luego de 8:48 horas aterrizó en Maiquetía a las 13:54, pero entre el trámite de inmigración y la espera del equipaje se nos fueron nada menos que dos horas, y abordamos el taxi con rumbo a Caracas a las 15:54.

Cuando por fin el taxi arrancó pensé que ya el ciclo de entuertos había pasado. Iluso yo: al enfilar la autopista que lleva a Caracas la encontramos totalmente congestionada por tráfico que no se movía, ante lo cual el chofer que nos traía decidió subir por la llamada Carretera Vieja de La Guaira, una ruta solitaria, estrecha y tortuosa que de puro miedo me tuvo con el corazón en la garganta hasta que, luego de casi una hora más, pudimos entrar en la autopista y llegar a casa a las 20:25.

Habida cuenta de que cuando ese día, el 06/09, nos levantamos en Madrid eran en Caracas las 23:30 del 05/09, tuvimos un viaje de 21 horas, pero llegamos sanos y salvos.

***

La próxima semana publicaré la parte final, la positiva, la buena: “[*FP}– Vacaciones 2009 – Dos caras de una misma moneda. 2) Un tributo a la amistad”.

11 Respuestas a “[*FP}– Vacaciones 2009 – Dos caras de una misma moneda. 1) La negativa

  1. Juan Antonio Pino Capote

    Muchas gracias, Carlos, por el bonito reportaje de la parte negra de vuestro viaje.
    No tardes en contar la parte buena.

    Todo lo que cuentas, igual que cuando oigo las noticias sobre overbooking, huelgas de gasolineras o de trabajadores de las compañías aéreas, etc. me producen lo que yo llamo un “efecto disuasorio” de viajar, especialmente viajes largos.

    Espero ver que, puestas en una balanza la primera y segunda parte, el saldo sea positivo a favor de la segunda. De lo contrario vencerá el efecto disuasorio. Menos mal que esta vez, nadie ha cantado “Guantanamera”…aunque yo tengo esa música en mi coche.

  2. ¡Cuantas cosas negativas! ¡Y qué bien las relatas, como siempre! Mi cámara continúa haciendo fotos pero no consigo ver nada en la pantalla. ¿Enigmas de la Pared?

  3. Sí, Roberto, fueron muchas; tal vez más de las que yo presentía. Y

    Sospecho que tu nefasto homónimo puso su mano en lo de nuestras cámaras. La mía, como ya dije, también sigue haciendo fotos pero si bien puedo verlas en pantalla inmediatamente después de tomarlas, luego no, pues si trato de reproducirlas aparecen fracciones de al menos dos fotos y nunca una completa. Además, al momento de extender y recoger las lentes trastabillea y emite un ruido muy feo.

    No sé si aquí puedan arreglarla, pero trataré.

  4. Juan Antonio, te anticipo que la balanza se inclinará totalmente del lado de la parte positiva.

    Y la canción “maldita” no es “Guantanamera” sino “Cartagenera” que, afortunadamente, no sonó esta vez, o al menos no la escuché.

  5. Carlos más que “cosas negativas” yo diría que son anécdotas que son necesarias porque se convierten en positivas al paso del tiempo pues se pasa muy bien recordándolas y contándolas…..piensa en lo bien que lo hemos pasado todos los que las hemos leído ¿O es que crees que no me has hecho reir al leer tanta “calamidad” en tan poco tiempo y espacio?…….”po ci” me he reído, lo siento pero ha sido así. No te puedes ni imaginar la cantidad de “anécdotas” que tengo yo acumuladas y ahora también me río de todas y no veas lo bien que me lo paso cuando las recuerdo.

  6. Tienes razón, Charo. Si bien me enfado mucho cuando me ocurren, luego pasan a engrosar el acervo de anécdotas de vida, y no sólo celebro el haber salido bien librado de ellas sino que al publicarlas lo hago animado por lo que bien dices: tratar de que el lector se divierta al leerlas.

    No siempre lo lograré, pera ésa es mi intención.

  7. Bueno, yo diría que esperemos Carlos, que cuente la parte positiva en su próximo artículo para hacer mis propias conclusiones de las tribulaciones de sus vacaciones.

    Pues como bien se dice, después de la tempestad viene la calma; espero que haya sido así. Pero de éste que cuenta, lo disfruté igual y me reí, sin burla, claro.

    Tampoco quisiera que pasaran esas cosas cuando las personas salen a disfrutar de su descanso. Yo diría que entonces, para evitar la parte de los aires acondicionados, y su quita y pon en los hoteles, le recomiendo que mejor tomen sus vacaciones en invierno, aunque lo malo entonces sería que tampoco funcionaran la calefacción. Entonces no sé que sería mejor.

    Estela

  8. Estela, el caso es que la calefacción sí la ponen pero a todo gas, y ésa sí que me hace daño.

  9. Tranquilo Carlos, para estos “godos” Spain is different, ¡los raros somos nosotros!

    Por más que intente hacérselos entender dándoles todo tipo de explicaciones —como que en todos los hospitales, centros comerciales, mayoría de oficinas, etc. hay aire acondiocionado (A/A), y que en USA es el aparato más común en toda casa (hasta en Alaska), etc.— no hay quien se los haga entender, y para ellos el A/A es malo.

    Como te habrás percatado, Madrid quiere ser ciudad olimpica para 2016 y por eso se está “preparando” para facilitarle al vida no sé a quién ¿SERÁ A LOS MARCIANOS?

    Y todavía España se está preguntando por qué los turistas han bajado… ¿Por qué no le preguntan a los españoles que han viajado a Croacia, Montenegro, Eslovenia, etc. cómo han sido tratados, cémo era la gente, los hoteles, la comida y, sobre todo, los precios?

    Por lo que me comentaron, hay facilidades, buen trato, precios muy razonables y, sobre todo, son países encantadores.

    El turismo hay que fomentarlo y, sobre todo, cuidarlo y mantenerlo…

  10. ¡¡Jolines, qué bien callado te tenías todas esas anécdotas!! Vamos a llamarlas así aunque para ti no lo hayan sido. ¡Claro, para darlas todas juntas en primicia! Además de que, como apenas nos vimos, ni tiempo de contar las de Canarias.

    Me he reído, y no sabes cuánto, sobre todo al imaginarme tus reacciones en cada situación, pues conozco de tus cabreos cuando no funciona Internet, algo primordial para ti, así como el aire acondicionado, y no digamos la puntualidad.

    Lo que más gracia me hizo fue el imaginarte corriendo por el pasillo, en Madrid, tratando de mantener el flujo en tu laptop, ¡qué bien lo narras! ¡Es que uno lo vive! Y luego lo del Passat, que era exactamente como comentas, casualmente probé uno el otro día, a ver qué tal respondía el motor, cerca del trabajo en una cuesta pronunciada que tengo que pasar a menudo y lo peor para mí fue que
    ¡justo en lo más alto se me cala el motor! Y entre sacar el adminículo de llavero para volver a arrancarlo, conectar y desconectar el freno en ese botón que dices, me entró el histérico pues además ya tenía varios coches detrás. Salí como pude con ayuda de Alex que iba conmigo, pero la peste a embrague recalentado era horrible, tanto que me mareé.

    Bueno pues eso es lo bueno de los viajes: tener que contar. Espero con expectación la segunda entrega.

    Creo que este año se confabularon las fuerzas malignas, pues a nosotras también nos pasaron algunas cosas que ya te contaré.

    Un abrazo para ti y otro para Chepina que con su carácter relajado capea temporales a las mil maravillas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *