[*FP}– Mi primer amor 47 años después, o la historia de Carlos-Mary

(Fue publicado antes el 20-08-2006, y reeditado hoy)

Carlos M. Padrón

En marzo de 1958 fui a aquella librería, en la Rambla de Pulido, casi frente a la Plaza Weyler (Santa Cruz de Tenerife), a comprar material de oficina.

Me atendió una muchacha delgada y vivaracha, y muy extrovertida para la época, pues comenzó a hacerme preguntas. Una de ellas fue si yo sabía qué era la Legión de María. No, yo no sabía. Y la muchacha continuó:

—Es una organización que se dedica a obras benéficas y a promover el culto a la Virgen María. Yo soy miembro de esa organización y te invito a que asistas a la próxima reunión que será en el Colegio de las Dominicas, tal día a tal hora. Pregunta por mí porque yo te presentaré. Me llamo Nancy.

NancyNancy

Creo que a esa Nancy, cuyo apellido no recuerdo, la vi sólo un par de veces más, pero ella nunca supo, estoy seguro, lo mucho que este encuentro nuestro influyó en mi vida, pues fue uno de esos hechos que, cuando hago retrospectiva, me producen una mezcla de desasosiego, amargura y frustración al caer en cuenta de que nunca más he sabido de las personas que en ellos pasaron fugazmente por mi existencia pero que, como si de objetos celestes lanzados a gran velocidad se tratara, me rozaron y desviaron mi trayectoria de forma drástica e irreversible.

Me parece injusto el no contar con un medio que me permita volver a ver a esas personas, bien sea para darles las gracias o para hacerles saber cómo influyeron en el curso de mi vida.

Lo del Colegio de las Dominicas me puso alerta de inmediato, pues sabía que era un colegio femenino, donde yo una vez había ido a visitar a una prima mía, y que, por tanto, en esa reunión de la tal Legión de María tenía que haber muchas jóvenes.

Entusiasmado con la idea, ya que yo estaba empeñado en conseguir novia, se lo dije a mi amigo Eleuterio Sicilia (somos amigos desde abril de 1949), éste se lo dijo a su primo Alberto Herrera, y los tres nos presentamos el ‘Día D’ en la reunión que en el Colegio de las Dominicas de Santa Cruz de Tenerife celebraba ese grupo de la Legión de María tinerfeña.

Por supuesto, allí estaba Nancy —quien nos sirvió de presentadora a mí y a mis amigos, y me dio las gracias por haberlos llevado a ellos— y había muchas más muchachas, lindas algunas, otras no, pero todas con buena educación para su edad, pues cursaban los últimos años de bachillerato.

Estaban también una tal Rosario y su novio Pepe Quirantes. Ambos eran miembros del grupo, y de inmediato procuraron estrechar lazos con nosotros para asegurar nuestra participación, pues en el grupo había muy pocos varones.

La superiora del colegio de las Dominicas, Sor Redención —a quien bauticé “Reden”— se entusiasmó con la presencia de Alberto porque él tenía edad para conducir y permiso legal para hacerlo, y las monjas no disponían en ese momento de un chofer para su camioneta.

Pero como con Alberto estábamos Eleuterio y yo —ése era el “paquete”—, “contratarlo” a él obligaba a cargar con nosotros, así que todos comenzamos a acompañar al grupo de muchachas, y los domingos íbamos con ellas en la camioneta, conducida por Alberto y vigilados por una monja, a alguna barriada a hacer labor social.

Aproveché esos viajes para estudiarlas en detalle y compartir luego opiniones con Eleuterio y Alberto. Ya Alberto había hecho lo propio y le había puesto el ojo a Elena Fernaud, mientras que yo, siempre atraído por las mujeres blancas, grandes, exuberantes y de cutis limpio y liso, se lo había puesto a María del Carmen Hernández, a quien todos llamaban Carmensa, un mujerón de rasgos ampulosos y casi de mi tamaño, como puede verse en esta foto en la que Carmensa, la de la izquierda, aparece con Rosario Triana, también de la Legión de María.

Carmensa, Charo

15-02-59. Candelaria. De izquierda a derecha: Carmensa, y Rosario Triana (Charo)

~~~

En diciembre de 1958 la Legión de María anunció que su congreso anual para Tenerife se celebraría el domingo 21 de ese mes en La Laguna.

Nosotros decidimos que ése era el día de abordar a nuestras elegidas, y a La Laguna nos fuimos todos. Al menos yo iba dispuesto a salir de allí con una faiar (de fire = fuego, en inglés), como entre Eleuterio yo llamábamos genéricamente a las candidatas que nos gustaban para novias.

En el salón de la reunión nos las arreglamos para sentarnos en la fila detrás de donde estaban “nuestras” chicas, que siempre andaban juntas. En el receso las abordamos y a partir de ahí ya seguimos con ellas.

Desde el comienzo, Elena dio muestras de mucha madurez, y Carmensa de veleidosa, caprichosa e infantil, lo cual contrastaba con su aspecto, pues aparentaba ser la de más edad y por ello deduje que debía ser también la más madura de carácter.

Rosario y Pepe, que tenían vocación de casamenteros y que desde el primer día se dieron cuenta de nuestras intenciones de romances, viendo que ya habíamos dado el primer paso para materializarlas, se nos unieron, y así, en grupo, seguimos de ahí en adelante.

Al poco tiempo, Alberto y Elena iban viento en popa (de hecho, se casaron años después), y Carmensa y yo peleábamos por algún capricho suyo cada vez que salíamos, lo cual hizo que Elena interviniera y, en presencia de Rosario y con la ayuda de ésta, le dijera a Carmensa que no fuera niña y que se enseriara conmigo.

Alberto ElenaElena Fernaud y Alberto Herrera, q.e.p.d.

Eso la puso peor en sus veleidades que ya eran vox populi dentro del grupo, y animaron a Pepe, que para entonces tenía casi 27 años y yo sólo 19, a darme consejos alegando que a su edad él era conocedor de cómo actuaban y pensaban las mujeres, y hasta se permitía dar explicaciones al resultado de mis anteriores romances.

Al anochecer, después de dejar a las chicas en sus casas —cuando lográbamos salir con ellas— Alberto, Eleuterio, Pepe y yo nos encontrábamos en la Plaza Candelaria. Reuníamos varias sillas bajo una de las palmeras que en esa plaza había entonces —específicamente bajo una en cuyo tronco alguien había esculpido la palabra PULPIONES (nunca supimos qué significaba)—, y montábamos lo que terminó siendo conocido como “El Tribunal de la Palmera de la Psicología”, o, para abreviar, La Palmera de la Psicología, de la cual, además de acusado, era yo el decano de la correspondiente disciplina que le daba vida, o sea, yo era el Decano en Psicología.

La misión de ese tribunal, comandado por Pepe en calidad de fiscal acusador y miembro de más edad, no era otra que tratar el llamado “Caso CAR-Padrón” (lo de CAR venía por CARmensa y CARlos) acusándome de la falta de armonía en mi relación con Carmensa, para lo cual Pepe se apoyaba en su supuesto conocimiento de la psique femenina, en que era novio de Rosario desde hacía años, en que por la edad que nos llevaba le sobraba experiencia para aconsejarnos, etc.

Candelaria

15-02-59, playa de Candelaria. De izquierda a derecha: Olga Oramas (amiga y vecina de Carmensa), Carmensa, Magdalena (Magda) Martín Limiñana yo no sabía sus apellidos aunque me gustaban sus piernas, pero hoy, 14/04/2011, por boca de Elena Fernaud supe los apellidos de Magda y también supe que murió (q.e.p.d.), e Isaura González Mata. Magda e Isaura eran compañeras de bachillerato de Carmensa.

Todo ello aumentaba mi curiosidad por saber por qué un hombre de 27 años pasaba buena parte de su tiempo social, además de con su novia, con tres muchachos de entre 19 y 20.

Yo, que ocupaba siempre el lugar del acusado —una silla pegada al tronco de la palmera, como muestra esta foto en la que Pepe me apunta con su dedo acusador mientras Eleuterio me mira—, tenía que defenderme solo, aunque a veces contaba con la tímida ayuda de Eleuterio o la más sólida, pero muy ocasional, de Alberto quien, conociendo por Elena hechos de Carmensa que los demás ignorábamos, soltaba de vez en cuando algunos batacazos que desestabilizaban la posición acusadora de Pepe.

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27-03-59. Plaza de Candelaria. “Palmera de la Psicología”: De Izquierda a derecha: Pepe Quirantes, Eleuterio Sicilia, y Carlos M. Padrón

La zona de la plaza no era residencial, pero no faltó quien viniera a llamarnos la atención para que bajáramos el tono de nuestras acaloradas filípicas que a veces duraban hasta la 1 ó 2 de la mañana.

~~~

Un día se enfermó Carmensa y le prescribieron que guardara cama, lo cual aprovechó Pepe para, en la siguiente sesión de La Palmera de la Psicología, hacerme la advertencia de que si yo no iba a visitarla, eso pondría punto final a nuestra relación, y tal final sería culpa mía y sólo mía.

Con o sin su advertencia yo pensaba ir a verla, pues ya estaba más que prendado de ella, así que al siguiente domingo, 05 de abril de 1959, me armé de valor y por la tarde me dirigí a su casa, en la Calle Primo de Rivera número 30.

Para mi sorpresa, me abrió la puerta una señora sonriente y muy amable, que me saludó por mi nombre, me condujo hasta la alcoba donde reposaba la enferma, y hasta se ausentó después discretamente. Era Doña Manuelita, la madre de Carmensa.

Si durante nuestros paseos Carmensa no paraba de hablar, ese día enrojeció cuando me vio (yo también me alteré al notar las curvas de su cuerpo bajo la sábana), y tuve que sacarle las palabras con gran esfuerzo, hasta que, cansado y angustiado por la tensión en el ambiente y por la sensación de estar importunándola, puse fin a la visita y me despedí. Doña Manuelita, igualmente amable, me acompañó hasta la puerta.

~~~

Para mayo de 1959, cuando era evidente que me había enamorado de Carmensa, y que ella, en mi opinión, no iba a cambiar su actitud hacia mí, se me activaron los sentimientos producto de la frustración de una relación previa —de varios años atrás y que no cuenta porque, a diferencia de la actual, fue totalmente platónica— y que, en el caso de Carmensa, fueron premonitorios de infelices desenlaces que presentí a la vuelta de la esquina y, en medio de tal torbellino emocional, el 18/05/1959 escribí esto:

TIEMPO PASADO

El tiempo corre, se aleja,
y en su veloz transcurrir
tristes recuerdos nos deja;
trozos de la vida vieja
que se resiste a morir.

Recuerdos que al revivir
nos hieren con su sabor
y duelen con un dolor
que nos mueve a sonreír.

Y no podemos huir
de ese dulce padecer.
Mejor, pues, es comprender
y dentro del pasado gris
recordar como feliz
lo que feliz pudo ser.

~~~

Un día, para añadir más condimento y variedad a los candentes debates que nos reunían bajo la palmera marcada ‘Pulpiones’ de la Plaza Candelaria, prescindí del término “Caso CAR-Padrón” y, para referirme al estado de mi relación con Carmensa, comencé a usar el nombre de un ser ideal llamado Carlos-Mary, supuestamente hijo mío y de ella, y pronto el nombre de Carlos-Mary era de uso continuo en las cada vez más acaloradas sesiones de La Palmera de la Psicología.

Así, si esa relación iba bien, Carlos-Mary gozaba de buena salud; si tenía algunos tropiezos menores, Carlos-Mary padecía un ligero quebranto; si el problema era mayor, Carlos-Mary estaba enfermo; si era grave, estaba en terapia intensiva, etc.

La figura se popularizó también entre Carmensa y sus amigas, y cuando se reunían, conocedoras éstas de los vaivenes de la relación de ella conmigo, le preguntaban con sorna sobre la salud de Carlos-Mary. Y acerca de ese “niño” inventaron rasgos de carácter, descripciones, detalles de su bautizo, etc.

A La Palmera de la Psicología nos llegaban reportes completos de todo esto, bien por vía de Elena-Alberto o bien por vía de Rosario quien se había constituido, sin éxito alguno, en consejera sentimental de Carmensa, mientras que Pepe fungía como padrino y defensor de Carlos-Mary.

~~~

Repuesta Carmensa de su enfermedad, reanudamos las salidas, pero todo siguió igual o peor, pues por cualquier nimiedad montaba en una rabieta; si estábamos en algún salón, lo abandonaba intempestivamente dando tremendo portazo; si yo le ofrecía hacer algo para aplacarla contestaba “¡No, no, no, no,….!” ad infinitum, aunque ella decía que sólo siete veces, etc.

Así que a mediados de mayo/1959 la situación hizo crisis, Carlos-Mary entró en terapia intensiva y La Palmera de la Psicología se declaró en emergencia.

De nada sirvieron los buenos oficios de Rosario y de Elena, pues Carmensa seguía alzada y sin querer verme, aunque tanto Rosario como Elena afirmaban que con esa actitud Carmensa quería disfrazar sus verdaderos sentimientos por mí,… y yo lo creí.

Como Carlos-Mary se nos moría, mis compañeros de La Palmera de la Psicología urdieron un plan de rescate que acepté con gusto.

“La subida al tren”, nombre que le dieron al plan, consistía en lo siguiente: el domingo 14 de junio de 1959 la Legión de María de Tenerife haría una excursión al Pico del Inglés, una cumbre bastante alta a cuya cima podía llegarse por carretera.

Las muchachas del grupo habían confirmado su asistencia, así como los miembros de La Palmera de la Psicología. Como allí nos reuniríamos todos, Pepe sugeriría que nos subiéramos a una gran piedra que había en ese lugar, con el argumento de que era para que Eleuterio, desde abajo, nos tomara una foto.

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14-06-59, Pico del Inglés: Carlos M. Padrón, y Carmensa

Al llegar sobre la piedra, yo me ubicaría detrás de Carmensa, aunque llevábamos tiempo sin hablarnos, y Pepe lo haría al lado de ambos, pero un poco más atrás que Carmensa. Y cuando estuviéramos concentrados esperando el disparo de la cámara, Pepe se movería y, como sin intención, tropezaría a Carmensa haciéndole perder el equilibrio,…. pero yo, ya preparado, la abrazaría desde atrás e impediría su caída.

Después de eso era de esperar que vendría la reconciliación.

El plan funcionó y nos reconciliamos, con el consiguiente júbilo de todos los que allí estaban y habían seguido de una u otra forma los incidentes de nuestro culebrón. Después de la reconciliación nos tomaron la foto que precede, estando ambos aún sobre la mencionada piedra.

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14-06-59, Pico del Inglés: De izquierda a derecha: Dolores Pelayo, Carmensa, y Olga Oramas

~~~

Carmensa era fanática del cine. Un día fuimos a ver la película “Sombras de traición” (sabrá Dios cuál era el título de la versión original), y su tema musical, que jamás he vuelto a escuchar y nada más sé de él, me resultó sugerente de una situación personal —primera vez que esto me ocurrió—, así que, de vuelta al Riduá, mi idioma secreto, le puse letra, y la canción resultante, dedicada a Carmensa, la titulé Nir aco so (Mírame así) en alusión a la mirada que ella tiene en la foto precedente, la de después de la reconciliación.

Al igual que con el Bamana corito bana, otra de mis “creaciones”, varios amigos —Pepe el primero— cantaban Nir aco so como loros, sin entender nada. Se la cantaban a Carmensa, y ella, para variar, montaba en cólera porque quería que le dijeran el significado, y se negaba a creer que ellos no lo supieran. Por supuesto, su orgullo no le permitía preguntármelo a mí, lo cual me divertía mucho.

Y así, con la agradable sensación de que al fin todo marchaba bien entre Carmensa y yo, en julio/1959 me fui de vacaciones a El Paso de lo más ilusionado —léase ciego— gracias a mi drogamoramiento por Carmensa.

Llevado por ese estado de ánimo, ya en El Paso, y en la misma casa donde ahora escribo esto, comencé a escribir un “poema” alusivo a Carlos-Mary que comenzó en tono ligero y jocoso, como era mi intención para todo él, y resultó muy cursi.

Copio sólo el título y algunas de sus primeras estrofas, pero antes y dentro de las líneas de ==== va la explicación de algunos términos que podrían resultar ininteligibles:

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Sublimado. Mi tío-abuelo, Pedro Castillo, me había enseñado a preparar un fijador de pelo usando como ingredientes goma arábiga y sublimado. Un día, varios años antes de conocer a Carmensa, fui a una farmacia a comprarlos y el farmacéutico se alteró cuando le dije que yo no tenía receta para el sublimado, que era —y ese día lo supe— un veneno. Ante mi insistencia, argumentando que mi tío-abuelo había comprado eso muchas veces sin receta alguna, amenazó con llamar a la Policía,… y como estábamos en los tiempos de Franco, me fui sin chistar y con las manos vacías. Ese farmacéutico era el padre de Carmensa, lo cual supe cuando comencé a salir con ella varios años después, y la historia (que tampoco Carmensa recordaba) era motivo de bromas entre nosotros.

Chachi.- Equivalente al “cool” de hoy.

Empollón.- Caletre, estudioso, nerd.

Kayka.- Refresco de manzana muy popular en la época. Lo usábamos por lo de CArlos Y CArmensa.
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CARLOS-MARY

– I –

¡Veintiuno de diciembre!
del año,… ¡importa poco!
mas, para concretar,
del año cincuenta y ocho.

En fecha tan señalada,
(u otra cosa cualquiera)
se inició la gestación
de este vástago quimera.

Creció en la materna mente
cual idea espiritual.
Desarrolló lentamente,
con quietud y en forma tal
que ganó muy justamente
un epíteto elocuente:
“Ser de razón ideal”.

Sufrió sin venir al mundo
crueles separaciones
que enterraron ilusiones
en el caos más profundo.

Sufrió del golpe rotundo
de irrefutables razones,
y el demoler iracundo
de lógicas deducciones.

Soportó filosofías
y cerebrales acciones.
Padeció psicologías
y la lucha de pasiones.

También gozó de alegrías,
de risas y ensoñaciones,
y el latir de corazones
en locas algarabías.

De soñadas correrías,
de amigables excursiones
y del dulzor de perdones
en inolvidables días.

– II –

Se decidió su destino
en el contacto de manos
que sin remilgos humanos
hacen “La subida al tren”
en lugar bello y alpino,
y no dejan que su sino
sea quedarse en el andén.

– III –

…/…

“Carlos-Mary será el nombre”,
dijo la mamá, y sucede
que el papá muy pronto accede
porque es complaciente hombre.

Además, no le disgusta
tal compuesto apelativo.
Su distribución es justa
y el reparto equitativo:

Lo de Carlos, por el padre;
y lo de Mary, al parecer,
debe de corresponder
a algún nombre de la madre.

Pues se llama ella María
del Carmen, ¡bello y bonito!
Largo, tal vez, un poquito,
y el decirlo no es ofensa
pues más bello todavía
es el nombre de Carmensa.

– IV –

Carlos-Mary es, además,
la mezcla, a partes iguales,
de los bienes y los males
que poseen sus papás.

Y nadie venga y se asombre
de herencia tan recta y bella,
que justamente por ella
le encaja al niño su nombre.

Carlos-Mary heredó
de la persona paterna
todo aquello que creyó
cualidades sempiternas.

Así, salió colorado,
de ojos verdes y pequeños,
pelo rubio, torvo ceño
y gesto malhumorado.

Amante de la razón,
dado a la Filosofía,
“Decano en Psicología”
y en casos del corazón.

Alto y más bien delgado,
romántico a su criterio,
siempre con algún misterio
y siempre sin sublimado.

Y de su madre heredó,
al igual que de su papi,
todo lo que más chachi
para él consideró.

Salió con lindos hoyuelos
a ambos lados de la boca,
que no indican desconsuelos
sino seriedad,… muy poca.

Salió también empollón
y con alegre cariz.
Una pinta en la nariz
y sensible el corazón.

En todo tiempo optimista,
con amor propio irascible,
distinguido a simple vista
y con caprichos terribles.

Tan al cine aficionado
que en casi todos se mete.
Salió este niño, mimado,
cierra-puertas consumado
y ”¡No, no y no!”,.. hasta siete.

…/…

– VI –

A bautizar al precoz
se deciden un buen día
los papás,
y de manera veloz
se arma la algarabía.

…/…

No surgen dificultades
para el nombre del bebé.
“¡Carlos-Mary!”, dicen todos,
¡Carlos-Mary ha de ser!

Carlos-Mary, pues, ya está;
y el bautizo concluyó.
Se brinda luego Kayká
y se canta Nir aco so.

Sin embargo, este poema cursi culminó con un epílogo que, en mi opinión, es de lo menos malo que en poesía he escrito. Fue el resultado de una especie de arrebato, de una inspiración momentánea —¿musa?— que días más tarde, cuando ya había yo terminado todo el resto del poema, me asaltó y se posesionó de mí porque tuve de pronto la certeza —la que me inspiró “Tiempo Pasado”, pero corregida y actualizada— de que la armonía entre Carmensa y yo, y el sentimiento tan dulce que por ella me embargaba —ése que suele ir asociado al primer amor, al drogamor— no durarían mucho, y que todo terminaría pronto aunque yo no quisiera.

EPÍLOGO

¡Carlos-Mary! ¡Carlos-Mary!
¿cuánto tiempo vivirás?

Podrás durar meses, años,
siglos quizá si en engaños
no dejas roto tu ser.

Y si mueres, ¿qué será
lo que te quite la vida?
¿los caprichos? ¿el orgullo? ¿las heridas?
¿el olvido? ¿amor propio? ¿la maldad?

Tu padrino y defensor
dirá entonces que papá.
Tu padre dirá “El no amor”.
Y tu madre, ¿qué dirá?

Si tu mueres, Carlos-Mary,
morirán también contigo
meses llenos de ilusiones,
pletóricos de emociones
y de inocentes castigos.

Sueños que de ti al abrigo
crecieron en noches tantas
como de ilusiones santas
fuiste tú musa y testigo.

Proyectos, planes, canciones,
trozos de una juventud
que, niño, si mueres tú,
también morirán contigo!

¡Carlos-Mary! ¡Carlos-Mary!
¿Vivirás?,… ¿no vivirás?.

El Paso, 17 de julio de 1959

Ilusionado, le mandé por correo el poema a Carmensa, pero cuando regresé a Santa Cruz de Tenerife no me hizo comentario alguno acerca de él, y poco tiempo después comenzó a comportarse peor que antes.

Y un día me llevé la gran sorpresa al enterarme de algo que hasta entonces no se me había ocurrido que fuera posible: Carmensa recién había cumplido los 15 el día 29 del pasado febrero (cuando el año era bisiesto, celebraba su cumpleaños el 01 de marzo). O sea, que cuando comencé a salir con ella tenía apenas 14 años mientras que otras compañeras de colegio suyas y de su grupo habitual tenían entre 16 a casi 18. Pero Carmensa había sido siempre una empollona, y en los estudios estaba adelantada con respecto a las de su edad, y diría que también en desarrollo físico.

Entonces entendí el por qué de su comportamiento. ¿Qué podía esperarse de una niña de esa edad? Todos los amigos quedaron igualmente sorprendidos, y yo, que era un Don Fulgencio, después de tranquilizarme me alejé de ella unos días para armar el plan de retirada que sólo consistió en usar su propia debilidad, o sea, decirle algo cuya respuesta yo sabía que iba a ser un tajante “¡Vete!” o un “¡No quiero verte más!”.

Ésta fue la primera vez que mi razón se impuso a mi drogamoramiento. Puse en práctica el plan y funcionó. Me fui y nunca más volví. La decisión había sido suya; yo sólo la respeté.

Pero desde entonces me quedó una especie de carga moral, como un remordimiento porque tal vez ella creía que, como nunca más volví, yo le guardaba rencor por la forma en que me había despachado, lo cual no era cierto. Yo sólo guardaba, junto a la convicción de que todo fue cosa de muchachos —y de niña en su caso—, el dulce recuerdo de un primer amor.

La Palmera de la Psicología continuó sus sesiones por un tiempo más, y cuando ya se hizo claro para sus otros miembros que Carlos-Mary había muerto, un día nos llegó, creo que por vía de Rosario, la noticia de que Carmensa había dicho ante el grupo de amigas, que una vez más le reclamaron su comportamiento para conmigo, que si se casaba y tenía un hijo varón le pondría por nombre Carlos-Mary. Hoy sé que eso fue sólo un ardid que intentaron mis amigos para ver de conseguir que yo volviera a ella.

Después de la ruptura, sólo vi a Carmesa dos o tres veces, siempre de lejos y en eventos de la Legión de Maria. En 1961 emigré a Venezuela y no supe más de ella.

~~~

En un viaje que hice a Canarias en el verano de 1980, le pregunté a Eleuterio si sabía algo de Carmensa. Me dijo que la veía a veces en la puerta del colegio en el que ambos tenían a sus hijos, y que se había casado con un extranjero (alemán, creía él).

Como desde que me alejé de ella sentía yo la necesidad de disipar cualquier duda que pudiera tener acerca de mí, o creyera que yo tenía hacia ella, y librarme así de mi carga moral, me propuse encontrarla, hablarle, y que fuera mi actitud más que mis palabras la que hiciera evidente que yo no tenía nada en su contra.

A familiares y amigos de Canarias les pedí, desde 1980 y en años subsiguientes, que trataran de averiguar dónde vivía, su número telefónico, su dirección e-mail o algo que me permitiera localizarla, pero no encontré ninguna pista,…. hasta el pasado mes de mayo cuando, por vía de Internet, me di a la tarea de buscar en las páginas blancas de Telefónica de España los apellidos de quienes yo recordaba que me habían conocido a mí, a Carmensa y a Carlos-Mary, y así di, tras muchas llamadas, con Pepe Quirantes.

Después de reponerme de la enorme sorpresa que me causó el que apenas oírme hablar por teléfono exclamó “¡¡Carlos Padrón!!” a pesar de que la última vez que había oído mi voz fue en julio/1961 —su explicación fue que mi voz es inconfundible (¡!)—, comencé a preguntarle por su vida, los amigos comunes y, por fin, por Carmensa. Y, ¡bingo!: me dijo qué hacía ella y dónde podría encontrarla en Santa Cruz de Tenerife.

A partir de ese momento, el segundo objetivo de este mi viaje de julio/2006 a Canarias fue, después del de la celebración del cincuenta aniversario de la Odisea en La Caldera, encontrarme con Carmensa.

Así que alteré mi itinerario para hacer escala en Santa Cruz de Tenerife y quedarme allí unos días, y apenas al segundo de estancia en esa ciudad, el lunes 31/07/2006, me fui caminando hasta la tienda que, según Pepe, era de Carmensa.

Desde afuera y a través de las vidrieras revisé toda la parte pública del local y no vi en él a ninguna mujer; sólo había un hombre, con apariencia de unos 60 años, que se paseaba de un lado a otro. Entré, saludé y le pregunté si allí trabajaba una tal Carmensa. “Sí, es mi esposa”, fue la breve respuesta, mientras con la mirada inquiría quién podría ser yo.

Pero no dispuesto a revelar antes de tiempo mi identidad me limité a explicar que ella y yo nos habíamos conocido hacía muchos años, y que por eso me gustaría volver a verla. “¿Cómo podría yo lograr eso?”, le pegunté.

En un gesto de gran amabilidad, loable y que sinceramente le agradezco, el señor hizo una llamada telefónica y me dijo que su nieto le había informado de que Carmensa, la abuelita, había ido al dentista.

“Gracias, pero eso me deja igual. ¿Cómo puedo hacer para verla?”, pregunté de nuevo, y su respuesta, para mí más que sorprendente, fue darme el teléfono de su casa e indicarme que la llamara a mediodía.

Le di las gracias y me fui feliz porque veía ya cerca que los 26 años de búsqueda iban por fin a ser recompensados.

En el hotel aguardé impaciente a que fueran las 12,… pero entonces caí en cuenta de que “el mediodía” de allá no es el de Venezuela, o sea, no es a las 12m, así que dejé pasar una hora más y a las 13:15 hice la llamada crucial.

Me contestó una voz femenina que no me pareció propia de alguien de la edad actual de Carmensa, pero, aún así, a su pegunta de “¿Quién llama?” respondí que era de La Palmera de la Psicología.

Silencio al otro lado de la línea, y luego, con un tono que denotaba que había aparecido un poco de luz al final del túnel de un largo olvido, surgió la otra pregunta llena de curiosidad femenina:

—¿Quién eres?

—El padre de Carlos-Mary. ¿Me reconoces ahora?

—No.

—Soy Carlos Padrón.

Otro silencio, roto solamente después de unos segundos por la voz de ella que, en un esfuerzo por reactivar su memoria, murmuraba, casi como para sí, “Carlos Padrón,…. Carlos Padrón,..” Y, de pronto, el:

—¡Ahhhhhhh! Pero, muchacho, ¡¿y tú dónde estás?!

Después de algunas explicaciones propias de quienes no se han visto en muchos años, le dije de mi larga pesquisa iniciada en 1980, y que yo quería que nos viéramos. Pareció repasar mentalmente su agenda, y por fin dijo:

—Hoy ya no puedo, y mañana martes tampoco. Llámame el miércoles entre las 09:00 y las 09:30, y vamos a tomar un café. ¡Nos veremos muy arrugaditos!

Cuando colgué temblaba yo como una hoja al viento. Me eché en la cama, y al analizar el por qué de tal reacción se me hizo claro, una vez más, cuán peligroso y frustrante es el drogamor, pues entendí que si bien en 1959 yo había estado enamorado de Carmensa hasta los tuétanos, ella no lo había estado de mí, y por eso no había recordado enseguida quién era Carlos Padrón ni qué había sido la Palmera de la Psicología, ni quién Carlos-Mary, etc. Y, por supuesto —algo que esperaba yo comprobar al día siguiente— tampoco recordaría la larga lista de detalles que sólo un drogamorado puede recordar —o, mejor dicho, no logra olvidar— aun cuando el drogamor haya pasado ya a mejor vida, como, a Dios gracias, ocurre siempre.

El miércoles 02/08/2006 a las 09:15 la llamé de nuevo. Su respuesta no me sorprendió en nada:

—Estoy liada limpiando la casa y ahora no puedo salir. ¿Por qué no nos vemos en la tienda esta tarde a las 7?

Para mí, perfecto. Ya me extrañaba esa cita a las 09:30,…. sin haber podido ir antes a la peluquería.

Y a las 7 en punto entré de nuevo en la tienda donde había estado dos días antes.

Allí se encontraba, de pie y siempre en movimiento, el mismo señor de ese día —o sea, el esposo de Carmensa—, y sentada tras un escritorio de tipo secretarial, ubicado al fondo, en la esquina más lejana de la entrada, una mujer que se levantó cuando ya estaba yo dentro del local y que, por el aire impersonal y distante que irradiaba, en nada se me pareció a la Carmensa de mis enamorados recuerdos, sino que más bien me recordó a una business woman.

Después del consiguiente abrazo y los dos besos que son de rigor por estos lados del mundo, nos sentamos a hablar, y al detallar yo con calma cada uno de los rasgos de su cara concluí que sí, que era ella, la misma que había sido mi primer amor allá por 1959… Pero 47 años no pasan en balde.

Sin embargo, tal como yo había supuesto, poco o nada de nuestra corta relación recordaba Carmensa, pero me alegró comprobar que dentro de ese poco no había nada contra mí, ni tampoco sospecha de rencor hacia mi persona, porque apenas si había siquiera espacio para recordar quién era yo; y dudo que lo hubiera para quien por años creí yo haber sido para ella. ¡Qué alivio! Mi cuenta estaba saldada,… porque nunca hubo saldo pendiente.

Ante tal tipo de amnesia no tenía objeto ponerse a evocar recuerdos que sólo para mí encerraban significado y valor. Así que me abstuve de hablar de las salidas en grupo, de la excursión a Candelaria, de cómo lo pasamos las veces que fuimos al Cine Rex o al Víctor, de las películas que vimos (“Sombras de traición”, “Nacida en Marzo”, “Atrapa a un ladrón”, “Vértigo”, etc.), del Nir aco so, de mi visita a su casa, etc., y, desde luego, de Carlos-Mary. Simplemente, no había nada que recordar.

A guisa de explicación me dijo que tal vez tardé tanto en encontrarla porque ella había roto, desde hacía muchos años, todo contacto con la gente de la Legión de Maria. Otro alivio más para mí, pues siento lástima por la persona que olvida y deja de lado a quienes fueron compañeros de estudios o andanzas de juventud y que, lo acepte o no, algo influyeron en su vida.

Desenfundé mi laptop, les mostré las fotos de 1959 (su esposo se sorprendió de cómo lucía Carmensa a sus 14 y 15 años), las de mi familia, etc., y, cuando ya no tuve más que enseñar y sentí lo inútil e inconveniente de tratar de recordar, desenfundé entonces la cámara digital, pregunté si no les importaría que nos hiciéramos una foto.

060802=CMP Carmensa

02-08-2006: Carlos M. Padrón, y María del Carmen Hernández (Carmensa)

Carmensa dijo que no había problema, salió de detrás del escritorio, y su esposo nos la tomó, lo cual también le agradezco a él porque esta foto tiene para mí el valor del testimonio gráfico que marca el final de 26 años de búsqueda, y que servirá para dejarme aún más claro —y tal vez ayudar a otros— que un primer amor es bueno como recuerdo, pero que el drogamor es definitivamente peligroso y, por tanto, malo.

Al despedirme le entregué la tarjeta en que aparecen todas mis direcciones electrónicas y la de mi blog, del cual le hablé también. Le dije, además, que posiblemente publicaría en ese blog esto que ahora publico. Si se le ocurre entrar en él, tal vez baje la foto o fotos desde aquí.

Después de los dos besos, ahora de despedida, y ya fuera de la tienda, di media vuelta y me alejé sin mirar hacia atrás, pero sintiendo la satisfacción, no sólo de haber culminado con éxito una búsqueda que había durado 26 años, sino de haberle dejado claro a Carmensa que yo no le guardaba rencor.

Sentía también una cierta tristeza al comprobar que la ceguera del drogamor, producto del fogoso entusiasmo de un primer amor, no me había permitido entender lo poco que realmente fui yo para ella.

Y, entre la satisfacción y la tristeza, mientras me alejaba musitaba para mis adentros,

Mejor, pues, es comprender
y dentro del pasado gris
recordar como feliz
lo que feliz pudo ser
.

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Commentarios

Comment from Adolfo Blanco [Visitor]
Time 20/08/2006 at

Es curioso ver cómo las historias de juventud se repiten en aquéllos que, sin ningún tipo de contacto en nuestras vidas de muchachos, pertenecimos, no obstante, a una generación que tuvo la suerte de disfrutar, aprender y vivir sumergidos en un ambiente familiar y en un círculo de amigos que constituye hoy día uno de nuestros mejores patrimonios.

Sí, yo también disfruté una historia parecida, aunque un tanto menos complicada. Agradecido por ayudarme a rememorarla.

***

Comment from Manuel A. Gutiérrez V. [Visitor]
Time 21/08/2006 at

Estimado Carlos:

Un encantador relato histórico, compartiendo tus pasos en búsqueda de aquel primer amor que nunca se olvida, al igual que esos amigos de infancia y juventud.

Afortunadamente, los vivo, con nostalgia y alegría. Otras veces con tristeza por las cosas que ya no existen, sólo en nuestros recuerdos, imborrables. Otras veces por el cambio que han experimentado nuestras amistades con el paso de los años.

Al regresar a mi tierra natal me he dedicado a visitar el barrio donde mi crié, donde me inicié en la escuela y colegio (secundaria). Lo disfruto caminando por las mismas aceras, calles, potreros, iglesia y parques donde pasaba días y noches. En estas caminatas me he vuelto a encontrar a muchos amigos, ex compañeros de estudios, bailes, equipos de futbol, serenatas, diabluras (sanas y sin daños a nadie), etc.

Asimismo a conocidos de esa época, la mayoría en fase de disfrutar el haberse convertido en ancianos, con quien comparto memorias, preguntas y comentarios de tal y cual… bellos momentos.

Para complementar este comentario, me encontré con mi amigo PEDRO QUIRÓS a quien vi en Caracas, Venezuela en 1971 como sub-gerente de ITT. Hoy en día ocupa el cargo de Vice-Presidente de la Cia. de Teléfonos de Costa Rica (ICE) y Cia. Nacional de Fuerza y Luz. ¡Qué casualidad con el nombre de tu amigo!

Aún no encuentro a mi primer amor de juventud, Lina Ferreto. Me comentan que se casó con un médico cubano y reside en La Habana desde hace más de 35 años, pero que viene a pasar los fines de año a Costa Rica.

Gracias por tus relatos, Carlos.

Sigue disfrutando de Las Canarias y encontrándote con tus recuerdos.

Manny

***

Comment from María Elena Veronese [Visitor]
Time 22/08/2006 at

Hola, Carlos, Disfruté de tu relato tanto que me pareció ver correr a Carlos-Mary detrás de mi escritorio. ¡Qué de recuerdos tan hermosos tienes! Hasta me vi caminando por Santa Cruz de Tenerife, ¡qué imaginación la mía!
¡Qué bueno haberte conocido!
Felices vacaciones.
Un saludo
María Elena

***

Comment from Gisela Ortega [Visitor]
Time 22/08/2006 at

Es una bonita y hermosa historia, llena de atractivos, que se desarrolla en una época donde los valores eran importantes en la vida. Y me gusta la parte donde el joven decide encontrar a su enamorada, y tanto es así que no importaron lo años, la meta fue lograda, la ubicó, se encontraron y se fotografiaron.

***

Comment from Idania Martin [Visitor]
Time 23/08/2006 at

¡¡¡Qué historia!!! Cuando te visité hace más de un año, me di cuenta de que estabas, entre otras cosas, dedicado a la búsqueda de amistades de antaño… y ahora veo que de amores también. Suena interesante. Yo sólo tengo un problema (por ahora) para atar cabos que me quedaron sueltos en mi adolescencia. Fue en Cuba y no pienso visitarla mientras Fidel Castro esté vivo.

Está buena tu historia. Se la podías vender a Delia Fiallo para una buena telenovela.

Saludos, Idania.

***

Comment from CMP [Visitor]
Time 24/08/2006 at

Creo que somos muchos, Adolfo, los que tenemos historias de este corte.

Manny, ese Pedro Quirós es otro, puedes estar seguro.

Gracias, Chiquitita. Sabes que lo de cuando nos conocimos también lo recuerdo,… aunque sean recuerdos de otro tipo.

Y Gisela, ¿qué esperabas, además de la fotografía?

Bueno, Idania, cuando Fidel estire la pata, que espero sea pronto si es que no la estiró ya, tal vez puedas comenzar la búsqueda. Si necesitas asesoramiento, let me know!

***

Comment from Eduardo Garcia [Visitor]
Time 26/08/2006 at

Sin comentario, pero ¡¡¡me gustó!!!

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Comment from Alberto Lema S. [Visitor]
Time 29/08/2006 at

Carlos.
Eres un “Tremendo Storage” de anécdotas, recuerdos,.. y paremos de contar. Lo mejor es que si leo una sola linea, ¡me tengo que calar la historia completa! Eres un bárbaro del enigma y un “metido” de los buenos…,etc,

Increíble Love History, sin consecuencias…

Abrazos y ¡¡que disfrutes mucho por tu Terruño Querido!! Pero regresa…si aún estás en forma pa’la pelea…

Alberto Lema

***

Comment from Ana T. Gomez [Visitor]
Time 05/09/2006 at

Carlos, me encantó este relato. Se ve que no olvidas a las personas que han dejado huella en tu vida, lo cual demuestra que cuando das tu amistad es de corazón.

Saludos, Ana T.

***

Comment from CMP [Visitor]
Time 06/09/2006 at

Gracias, Anaté. Creo que estás en lo cierto.

***

Comment from Elena [Visitor]
Time 10/09/2006 at

¡¡¡Hola, Carlos!!!

Fantástico tu relato. Me siento muy Identificada con él. Tuve una experiencia semejante que después de 30 años, también busqué a ese Gran Amor de la juventud. El reencuentro fue fantástico, y para mí muy significativo porque sí reconocimos que ambos fuimos ese Amor de la juventud que todos recordamos. Al vernos sí hubo un schok, pero hablamos como locos de todo, de nuestras familias, hijos y demás; también nos tomamos la foto, JAJAJA!!!

Sí volvimos a venos antes de despedirnos, Algún día, si quieres, te cuento los detalles porque es largo el cuento, ¡¡¡JAJAJA!!! casi una novela. Para mí lo bello de estas situaciones es ¡¡¡atrevernos a VIVIRLAS!!!

Gracias por tu página, Elena

***

Comment from Jesús [Visitor]
Time 21/09/2006 at

Para que agregar nada más a lo ya dicho. Además de maravillosa memoria e increíble habilidad para narrar, también tienes una facilidad tremenda para enseñar.

Un abrazo y gracias por el rato.

***

Comment from CMP [Visitor]
Time 21/09/2006 at

Gracias, Jesús X. A juzgar por la falta de la ‘ñ’ supongo que debes estar en USA o no querer (no me atrevo a decir ’saber’) habilitar esa letra en el teclado no español de tu PC. También supongo que eres JEZ,.. pero sólo supongo.

***

Comment from Fernando Camacho [Visitor]
Time 25/09/2006 at

Don Carlos:

¡Qué iluso e inocente de mi parte cuando le recomendé qué debería escribir. Ud.!

Con su paciencia y cortesía de siempre nos devuelve relatos como éste. Sin arrogancia, con mucha humanidad, y con una clara habilidad por mantener el suspenso. Al igual que Lema, no pude soltar la historia hasta su final feliz, sin consecuencias, relato de vida, con todos los ingredientes de una gran historia, simple como toda gran historia.

Gracias por estos regalos de vida. Y por mostrarnos sin pudor uno de sus lados mas humanos: su persistencia y su búsqueda, incluso hasta la terquedad.

***

Comment from CMP [Visitor]
Time 25/09/2006 at

Gracias, Fernando. Agradezco eso de “mostrar sin pudor”, y cada vez me asombro más al percatarme de cuán pocos son los que han conocido o siquiera percibido ese lado de mi persona que, aunque no tenía cabida en la vida corporativa en la que ambos militamos por un tiempo, estuvo siempre conmigo, y sigue estándolo.

Creo que aciertas en lo de “terquedad”, pues me molestó tanto que un minúsculo poedazo de tierra como Tenerife no hubiera nadie que supiera darme fe de Carmensa, y que ni siquiera tuviera la iniciativa de buscar un medio de iniciar la búsqueda, que me propuse, seguramente por terquedad, dar con ella por mis propios medios. Y me alegro de haberlo hecho.

***

Comment from Hiran [Visitor]
Time 24/10/2006 at

Mi aprecio y respeto por ti se incrementan cuando leo este relato, y demuestran tu romanticismo y el valor de tu amistad

Un gran abraso

***

Comment from Carlos M. Padrón [Member]
Time 24/10/2006 at

Muchas gracias, Hiran.

***

Comment from Adrián [Visitor]
Time 22/06/2007 at

Antes todo, hola. Buscaba en Internet información de la Legión de María, ya que pertenezco a este apostolado aquí, en Buenos Aires, y me encontré con tan magnífica historia.

Pues nada, que me gustó. Saludos, Adrián.

29 Respuestas a “[*FP}– Mi primer amor 47 años después, o la historia de Carlos-Mary

  1. HERMOSO RELATO, COMO TODOS LOS QUE NOS ENVÍA PERIÓDICAMENTE DESDE SU BLOG. DE ESTA MANERA CONOCEMOS CADA VEZ MÁS A LA FAMILIA, LOS AMIGOS, LUGARES, LOS COLEGIOS DONDE ESTUDIÓ, ETC.

    ES UN LIBRO ABIERTO DE SU VIDA, DE LAS DIVERSIONES Y COSTUMBRES DE LA ÉPOCA.

    UN ABRAZO Y MUCHAS GRACIAS POR TODO LO QUE NOS BRINDA.

    OLGA.

  2. Gracias a usted, Olga, por ser tan fiel seguidora de Padronel.

    Todo eso que usted enumera lo consigo no sólo para el lector interesado sino para las personas involucradas en los relatos, ya sean amigos, familiares o simples conocidos, y con ello revivo sus recuerdos, dejo para mis descendientes pinceladas de mi vida, y honro a mi tierra.

    Ésta es la razón de ser de Padronel.

  3. Juan Antonio Pino Capote

    ¡Qué belleza vivencial! Así se vive la vida, con la profundidad de un Dostoyevsky. Y así se narra la vida.

    Por los muchos y profundos comentarios pienso que se trata de un best seller.

    Ya te he dicho que estás en condiciones de escribir una gran novela costumbrista y narrativa de una gran época: la de nuestra juventud, llena de ilusiones, dificultades y aventuras de emigrantes.

    Cuando vi el enunciado de tu primer amor, pensé en CSB22, pero pienso que aquello solo era un preámbulo.

  4. Gracias, amigo Juan Antonio.

    Dentro de los modestos límites de este blog, tal vez sí haya sido un best seller, pues aparte de las muchas visitas que el artículo ha tenido, a pesar de que el contador de éstas lo instalé a comienzos de junio del año pasado, si reedité esa historia fue porque varios lectores me pidieron que si yo tenía más fotos las incluyera, y eso fue lo que hice.

    En cuanto a tu reiterada sugerencia —y las de otros amigos— de que yo escriba una novela, ya te he dicho cuáles creo que son mis limitantes. Eso no obstante, te repito que sigo considerando la posibilidad de hacer algo al respecto, y al momento creo que mi mayor duda está en que no yo podría conseguir quien la publicara. Ya sé que me has dado sugerencias para eso, pero si el amigo y paisano Miguel Ángel Taño tuvo que sufragar de su bolsillo la publicación de la suya, no veo por qué vaya yo a tener mejor suerte.

    Lo de CSB-22 lo nombré en el artículo (“… se me activaron los sentimientos producto de la frustración de una relación previa —de varios años atrás y que no cuenta porque, a diferencia de la actual, fue totalmente platónica—,…), pero esa tontería de adolescencia no tuvo envergadura como para más.

  5. Leyendo nuevamente este relato suyo, Carlos, admiro su vehemencia por quitarse ese sentimiento de culpa que llevaba por dentro. Y ya ve, tantos años guardándolo y sólo en un día pudo darse cuenta de que aquel romance no hubiera obtenido verdaderamente su fruto, de ahí que pudiera reiterarse ese refrán de que Lo que Sucede Conviene.

    No obstante, y de la forma en que se desarrolló en su juventud, como lo cuenta, pienso que fue hermoso, y se produjo en una etapa joven, donde existen ilusiones, sueños. De esa misma forma pensé yo en buscar un vínculo relacionado con mi abuelo en El Paso y que gracias a usted pude lograrlo aunque no haya sido correspondida.

    Lo importante es eso: tener la conciencia tranquila de que no nasa quedó por la parte personal de quien busca.

    Estela

  6. Juan Antonio Pino Capote

    Nuevo comentario público sobre la escritura de un libro.

    Hazlo bien, para tu deleite; el resto ya se verá. Si pensamos en los obstáculos que pueden aparecer en nuestro camino, nunca haríamos nada.

    Me permito afirmar que poca gente, si es que hay alguien, está tan preparado como tú para realizar una obra puente que comunique con los diversos tipos de la lengua española, con la cantidad de vocablos que tienes recogidos.

    Si yo supiera lo que tú sabes de esto, me deleitaría destacando cosas que se expresan mejor en el español de Venezuela —anglicismos aparte— que en el de la cuna castellana, como ya tú mismo has dicho en alguna ocasión: celular en lugar de móvil, y otros muchos que todos sabemos. Aquí siempre decimos “después de” en lugar de “luego de”. No sé cual es mejor. Por supuesto que si yo estuviera en Venezuela diría “luego de”. Si aquí digo ‘el celular’ resultaría algo esnob o pedante, pero se va introduciendo. En fin, no quiero cansarte ni cansar a tus visitantes, pero esto sería bonito.

    Si bien ya te di orientaciones para la publicación, no te hablé del Centro de la Cultura Popular Canaria. Esto es como una tesis doctoral. Yo la hice cuando ya era un profesional establecido —y, por tanto. a trompicones— en un periodo que duró cinco años. Ponte a jugar con tus distintos españoles (lenguas), con tu imaginación y tus muchos y bien documentados recuerdos auténticos, costumbristas e históricos. El resto ya se verá.

  7. Gracias de nuevo, Juan Antonio, por tu detallado enfoque. Repito: ya veré qué hago, si se me ocurre algo.

    Con los conceptos que acerca de mí expresas en este comentario, me hiciste recordar lo que solía decirse en El Paso, y que hace muchos años que no he vuelto a oír: “Dios le da alas a quien no quiere volar”. ¿Será cierto?

  8. Juan Antonio Pino Capote

    Como todos los refranes, este tembién tiene algo de cierto, como el que Dios da sombrero a quién no tiene cabeza, etc. Pero un día el que tiene las alas se da cuenta de que las tiene o alguien le dice que las tiene, y cuando decide moverlas se da cuenta de que volar no es tan dificil.

  9. En eso estoy: comenzando a moverlas. Veremos si despego o termino como El Cojo de las Lirias.

  10. Lucy de Armas Padrón

    He vuelto a leerlo, y me he emocionado. Este buenísimo relato de tus vivencias amorosas me trajo recuerdos de una parecida y sufrida por mí hace algunos años, pero al revés, pues el final nunca es como uno espera.

    Cuando uno idealiza una situación o relación, el reencuentro después de años a veces es frustrante. Las personas evolucionamos en direcciones que divergen, y tenemos percepciones diferentes de hechos pasados; al paso del tiempo ya nada es igual.

    A los románticos como yo (no sé tú), nos deja huella y nos hace sufrir el pensar en lo que pudo haber sido y no fue, y los reencuentros después de años, como el tuyo, hacen que todo eso que tenías montado en tu cabeza se derrumbe y, como te digo, se sufre y mucho. Al menos a mí me ha pasado.

    Soy de la opinión, como otros dicen aquí, de que debes seguir escribiendo. Sabes muy bien cómo llegar al lector, y lo enganchas.

    Gracias por estos ratos en los que uno puede desconectarse de la rutina y evocar por paralelismo vivencias propias.

    Un fuerte abrazo.

  11. Juan Antonio Pino Capote

    Ja, Ja, Ja…”¡ARREMPUJA BASTIANA!”.

    Lamento que este comentario no lo podrán entender más que algunos de El Paso y ya entradicos en años.

  12. Es justo que al llegar a cierta edad se tengan privilegios que no tienen los más jóvens. ¿O no?

  13. Violeta Montilva

    Disfruté muchísimo de tu historia, y la verdad es que poder reencontrarnos con personas que marcaron nuestras vidas es algo emocionante.

    Aunque poco compartí contigo en IBM (trabajé en Finanzas desde 1979 hasta 1990) mis recuerdos sobre tu persona remontan más que a IBM al Club Puerto Azul. Tengo en mente a Carlos Padrón sentado en total relax en el club y siempre con un libro en las manos. Ahora entiendo tus habilidades de escritor.

    Me encanta tu página, y la verdad es que disfruto mucho leyéndola.

    Un saludo y ¡¡muchas cosas buenas hoy y siempre!!

  14. Gracias, Violeta.

    ¡El Club Puerto Azul! Ahí se criaron mis hijas. Mantuve la acción por 32 años, pero como el nivel del mar me hace daño, iba, como mucho 3 veces al año, así que la vendí.

  15. Eduardo García

    ¡¡¡Muy buenos esos recuerdos de antaño!!!

    Te felicito.

    EG

  16. Linda tu historia.

    Yo también tengo un gran amor que aún está presente en mi recuerdo. Han pasado 30 años desde que lo viví y no puedo olvidarlo. Soy casada y tengo tres hijos, y hoy después de 20 años, lo he vuelto a ver y no me importa nada; creo que es mi oportunidad.

    Ayúdeme para hacerme ver que no es lo correcto. Siento que él me ama pero no está dispuesto a dejar a su familia por mí. Estoy desesperada porque pienso que si yo me divorciara no me importaría ser su amante .

    Lidia.

  17. Lidia, si después de tanto tiempo aún sigues enamorada de ese amor de casi un cuarto de siglo es que nunca “elaboraste” la ruptura.

    No creo en tales amores, y ya que pides ayuda te recomiendo que leas lo que he escrito en la sección Drogamor de este blog.

    He caído en drogamoramientos como el que cuentas, y he logrado salir indemne gracias a los recursos que en esa sección expongo.

  18. Vicencio Díaz

    Lidia, no lidies, y menos contra ti misma.

    Yo no puedo dormir tranquilo: cuando no es una es la otra, y, a medida que pasa el tiempo, aparece una nueva adición al ya numeroso archivo de recuerdos.

    Durante estos días está pasando algo extraño en el cielo, y te pongo fecha para ser preciso: 28 de marzo.

    Durante este tiempo muchas cosas que tienen que ver con el amor se agitan en el alma de cada uno de nosotros, y no es cosa nuestra; pero, si hay moral, religión, compromisos, familia, etc. que se nos ponga de por medio….

    Te ruego ser un poco paciente. Entre dos meses y antes de 90 días muchas cosas habrán cambiado de forma que pondrán a disposición tuya todo aquello que quisieres. Y con ayuda del cielo, por supuesto.

  19. Vicencio Díaz

    ¡Ay, Carlitos!

    Hablo con el chamo, no con el adulto. No te afanes recordándola y actualizando fotos, porque el primer amor nunca se olvida, se recuerda con veneración, dice una canción y yo lo repito.

    Tiempo tendrás, y de sobra, para corregir entuertos, llenar vacíos, tapar huecos, quitar manchas, lavar trapos y cosas similares.

    Cuando se dice que se hará justicia no se trata de castigar a los malos, eso es malo; se trata de que tú vivas siempre agradado con lo que has hecho, y si para eso tienes que hacer esto, aquello o lo otro, ciertamente lo harás, pues dios se agrada de los niños como tú y los ayuda a hacer lo que son sus propósitos.

  20. Leonardo Masina

    Comidas “recalentadas” no suelen ser tan buenas…

  21. Buenas tardes, Carlos.

    Es difícil lo que propones. A veces no se puede olvidar, y menos cuando lo has vuelto a ver. La soledad te embarga a tal punto que, sin darte cuenta, las lagrimas recorren tu rostro, y te preguntas: “¿Por qué en su momento no correspondí a su amor y sólo me burlaba?”.

    Tal vez uno no se da cuenta de lo que tiene hasta que lo pierde.

  22. Buenas tardes, Lidia.

    Creo que lo que relatas es un caso de drogamor con ruptura no debidamente elaborada,… o tal vez algo motivado por la soledad que mencionas.

  23. Hola, Lidia.

    Es difícil creer que alguien pueda estar enamorada tantos años.

    Tal vez nunca supiste superar la pérdida o tal vez es un capricho de no tener lo que querías ese momento, porque, si no, ¿por qué lo rechazabas?

  24. Hola.

    He leído esta historia y es fascinante. Yo viví una muy parecida, y después de 32 largos años y búsquedas incansables me encontré con ese amor de mi juventud.

    Yo, al igual que Carmensa, tenía 14 años y él 30, y fue muy linda la relación que mantuvimos a escondidas por un año.

    Ahora que nos volvimos a encontrar estamos viviendo lo que dejamos de vivir. Yo soy divorciada y él también; creo que llegó nuestro momento.

    Hace un año que estamos compartiendo juntos, y cada día le doy gracias a Dios por esto; definitivamente, es maravilloso. Soy muy feliz y me encanta compartir mi felicidad con él.

  25. Mis felicitaciones para ambos, Porciaca. A veces esos romances llegan a una buena etapa que, en el caso de ustedes, espero que dure mucho tiempo.

  26. Me gusto mucho su historia y, sobre todo, me alivió mucho saber que yo no era el único.

    Mi historia comenzó cuando yo tenía 13 años de edad. Estuvimos juntos en el mismo salón de clases. Era casi un niño y me decían que ella gustaba de mí. A mí también me gustaba ella, pero a esa edad, imagínense, yo era muy tímido.

    Al año siguiente me cambiaron de escuela y, como vivo en un país pequeño (Panamá), durante algunos años de mi vida la volví a ver, pero nunca me atreví a dirigirle la palabra. El corazón se me quería salir, y era algo que no podía explicarme. A la edad de 17 años un amigo me consiguió el teléfono de su casa y decidí llamarla. Cuando contestó el teléfono dijo mi nombre y me asusté tanto que cerré.

    Cuando cumplí los 53 años, un día me puse a explorar por Internet y encontré su perfil en Facebook; sin pensarlo dos veces le envié un mensaje, muy respetuoso. Ella demoró algunos días en responderme; me recordaba, pero no estaba seguro si de la misma manera que yo la recordaba a ella.

    Nos comunicábamos casi que diariamente, hasta que decidí confesarle que toda la vida me había acordado de ella, que había quedado clavada en mi corazón. Quiero aclarar que tanto ella como yo estamos casados.

    Fue una conexión muy fuerte entre los dos y, bueno, casi que habíamos decidido estar juntos y dejar a nuestras parejas. Después de pensarlo mucho decidimos que no era el momento en nuestras vidas. Ambos habíamos levantado nuestras familias y todavía teníamos hijos que no eran independientes.

    Le regalé un anillo y le prometí solemnemente que, si al cumplir ambos los 65 años, ella me buscaba, le prometía que los últimos años de mi vida los viviría con ella.

    No nos hemos visto ni hablado desde entonces.

  27. Javier, creo que el suyo es un típico caso de drogamor que, por no haberse nunca resuelto, ni en un sentido ni en el otro, quedó suspendido en el tiempo. Trabajarlo ahora para disolverlo (elaborarlo) me parece un tanto difícil.

  28. Entiendo perfectamente lo que vive Lidia, Javier. Y, porsiaca, estoy en un caso muy similar: nos reencontramos luego de muchos años y, aunque sea drogamor, creo que recordar me ha hecho sentir mucha felicidad.

    Sí, también recordamos muchas cosas hermosas de esos tiempos, pero lo que ha surgido ahora es maravilloso, aunque mi caso. al igual que el de Lidia, no tenga aún un final feliz, yo también estoy dispuesta a ser su amante, pero me ha dicho que quiere hacerme feliz y ser feliz conmigo, y que para conseguirlo no podríamos estar separados.

    La vida dirá si sólo ha sido un espejismo o conseguiremos tener una vida en común a nuestra tercera edad, pero llenos de ganas de vivir, sanos y optimistas . Vibro igual o más que a los 20, llenos de romance, cariño y amistad. Teníamos 18 años y nuestro romance duró 6, y luego de 40 años nos hemos reencontrado. ¿Por qué desperdiciar esta oportunidad de dar y recibir amor, si sale a borbotones desde uno hacia el otro?

  29. Antonio Portilla Olivares

    Muy bonita tu historia de amor; el primer amor es el que jamás se olvida.

    En mi caso he encontrado a mi primer amor después de 40 años: ella está soltera y yo casado; ella aún esperándome, y yo aún enamorado de ella. Vivo en otro país, y en septiembre de 2015 nos veremos. Si todo resulta bien, pienso dejar todo por ella.

    Lo mismo que tú, un día me fui para nunca más volver; lo mismo que tú, me hice de valor y fui entonces hasta su casa para poder verla y saludarla. El padre me recibió muy a gusto, pero ella se puso nerviosa y nos dejó solos. Luego me despedí de ellos, salí y me quedé parado fuera de su casa, y con el dolor de mi corazón me dije que ella no tenía interés en mí; me fui y nunca más volví.

    Ahora la encontré por internet por medio de una hermana. Está soltera, y esperándome porque nunca le dije que la amaba; aún seguimos amándonos, a pesar de los años. El Destino nos separó y el Destino nos unirá. Me ha preguntado si quisiera casarme con ella; yo tengo 61 y ella 58. Le he dicho que sí. Primero nos casaremos simbólicamente, y luego tendré yo que quedar libre pera juntar nuestras vida para siempre.

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