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[Cur}-- El pájaro hornero

El que trabaja duro y fino,… pero no trabaja los domingos.

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Cortesía de Natividad Recio

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EL HORNERO
(Tomado de Internet)

Características Generales

Ni un plumaje colorido, ni un canto melodioso o un tamaño espectacular, ni tampoco un vuelo sostenido podrían dar fama al hornero. Es un pájaro pequeño de unos 54 g de vuelo escaso y no muy rápido.

Tiene ojos, patas, y plumas de color pardo terroso como su nido. Mejor dicho, su plumaje predominante es pardo, es más rojizo en el dorso y blanco en la garganta. Sin embargo, la parda y movediza figurita del hornero es bien conocida por los habitantes de América del Sur de donde es oriunda la especie.

En la Pampa Argentina se lo cree de buen augurio, y en el Paraguay se le agradece en cierto modo el invento del rancho, ya que la leyenda sobre el origen del nombre “Alonso García” —como se denomina allí al hornero— afirma que así se llamaba quién, imitando sus nidos, construyó el primer rancho de barro.

Quizás ese nido familiar, y el sentido ejemplar que se le ha dado, expliquen que en Argentina se eligiera al hornero como “ave de la patria”.

En busca de alimento

Con movimientos nerviosos y ligeros, el hornero despliega su andar elegante, levanta una pata para dar un paso, mueve la cabeza hacia delante, a menudo da enseguida una carrerita y picotea la tierra. Una larva, una hormiga, una arañita, serán sus hallazgos y su alimento, pues el hornero se alimenta fundamentalmente de insectos: es un pájaro de régimen insectívoro.

Muchas veces hemos visto al hornero recorrer, atento y con paso elástico, la tierra mojada por la lluvia. De pronto se queda expectante, con la cabeza ladeada y mirando un punto fijo. Es que unas pequeñas burbujas en el terreno le anuncian la codiciada lombriz que sus crías esperan.

El hornero no huye ante la presencia del hombre; le es útil permanecer en su entorno pues la tierra removida por el agricultor le facilita la captura de larvas. Este hecho, a su vez, ayuda al hombre de campo que se ve liberado de organismos que constituyen plagas de los sembrados.

Hábitat

El hábitat del hornero incluye fundamentalmente las sabanas, parques, pastizales y claros de los montes.

El agua es indispensable al hornero, y ella determina su hábitat. En tierras húmedas podrá introducir su largo pico al acecho de insectos; con tierra húmeda podrá construir su nido.

El hornero es un ave sedentaria; no migra. Es mansa, se arrima al hombre, se pasea por sus jardines y sus parques y, como si aprobara ciertas modernidades, se instala en postes de teléfono, o vecinos a embalses y represas.

Molinos, tanques de agua y pozos de las viviendas favorecen su instalación.

Elegido su ámbito, el hornero se esmera en defenderlo. Como el chajá, como la lechuza y como el tero, conocidos vigilantes de la llanura pampeana, el hornero emite sus gritos de alarma ante cualquier movimiento o ruido que pueda indicar la presencia del zorrino, la comadreja o cualquier otro depredador.

Esta actividad de centinela, así como la de nidificación, búsqueda de alimento, y entrenamiento de las crías, se llevan a cabo durante el día, pues durante la noche se refugia en los árboles para el descanso.

Canto a dúo

Aunque no especialmente melodioso, el hornero es un cantor notable. El canto acompaña al cortejo y a la relación de pareja, y se emplea para delimitar territorio.

Macho y hembra casi no se pueden diferenciar visualmente, pues ambos tienen un aspecto muy similar.

En la primavera realiza el galanteo, que tiene un comportamiento específico en el cual destaca el canto a dúo. La pareja se enfrenta batiendo las alas, con la cabeza erguida y sacando pecho; cuando comienza el canto, las alas quedan colgando, el cuello queda extendido y con la cola abierta. Enfrentados entonces, comienza el canto a dúo.

El canto a dúo no es exclusivo del galanteo, pues cantan así también para reconocerse cuando están cerca del nido, para mantener el vínculo o, durante la incubación, para avisar el regreso al compañero que ha quedado dentro de aquél.

Los horneros viven en parejas —hay personas que afirman incluso que las uniones entre ellos duran de por vida— compartiendo las actividades inherentes a la construcción del nido, la incubación de los huevos, la obtención de alimentos y el cuidado de los pichones.

Otro tipo de canto perfectamente individualizado es el alternado de los machos cuando les disputan su territorio. Su canto es entonces un contrapaso.

El nido

El nido ha definido al hornero; su nombre mismo se refiere a él. Y no sólo el nombre que recibe en la Argentina, sino también otros con que se lo denomina en distintas regiones de América: Caserito, Casero, Albañil, João–de–barro.

En épocas de nidificación, las glándulas salivales del hornero se hipertrofian y garantizan una mayor secreción que ayuda a humedecer el material.

Muchos lugares encuentra el hornero apropiados para levantar su nido. Pueden construirlo en sitios inesperados para nosotros como, por ejemplo, en vasijas abandonados o alambres de púas, y a veces en otros francamente insólitos.

El tipo de terreno y la abundancia de lluvias deciden la construcción del nido por cuanto de ellos depende la obtención de los materiales y la duración de la tarea. Casi siempre el casal tarda entre 6 y 8 días para levantar el nido, pero si hay sequía la labor requiere cuatro días más, y varios otros en el caso contrario, cuando la humedad es excesiva (en terrenos pantanosos demora 15 días).

Llegado el momento propicio y elegido el lugar, el casal pone manos a la obra —o, mejor dicho el pico, porque con éste amasa el barro que constituye la materia prima por excelencia—, y al barro agregan ramitas, raicillas, semillas pequeñas, crines de caballo, pajitas, y restos de hojas.

El nido tiene dos partes: (“tiene una sala y tiene alcoba”, como dice el poema de Leopoldo Lugones): una cámara anterior, separada por un tabique de la posterior o cámara de incubación o de cría.

Se construye en tres etapas.

  1. En la primera se realiza la base. Cuando el espacio elegido para el nido es plano, hacen un círculo con el barro; si es una rama van poniendo barro a los costados hasta formar un disco cóncavo.
  2. En la segunda etapa se levanta la pared colocando el barro desde el centro del basamento y en el círculo, de manera que el diámetro se va estrechando a medida que la pared asciende hasta cerrar la bóveda y deja una abertura que funciona como entrada.
  3. En la tercera etapa, en la cual el hornero trabaja desde dentro del nido y mirando hacia fuera, faltan ya unos pocos detalles: alisar las paredes internas a picotazos o frotando con el pecho, y recubrir con pajitas y plumas el piso de la cámara de incubación para asegurarse de que sea mullida y cálida.

El nido está listo. Es firme, sólido y con una distribución realmente adecuada.

A partir de entonces se lo cuida con esmero, reparándolo cada vez que sea necesario. Los nidos de hornero abandonados son a menudo aprovechados por otras especies

La reproducción

Los horneros hacen dos posturas por año; una en octubre. Por lo general, la hembra deposita en el nido cuatro huevos muy simples, sin dibujos ni brillo, blancos y ovoidales.

Ambos, macho y hembra, se ocupan de incubar los huevos. Mientras uno incuba, el otro parte en procura de alimentos, anunciando su regreso a su compañero por medio del canto.

Quince días lleva la incubación. Nacen entonces los pichones, indefensos, sin plumas, y con los ojos cerrados, y de los padres depende totalmente la preservación de su vida.

Cuando nacen las crías

Nacieron las crías indefensas y el ajetreo continúa tanto o más que antes. Aumentó la demanda de alimento y la pareja nuevamente comparte la búsqueda de larvas y gusanos para los pichones, a quienes dan de comer directamente en el pico.

Durante esta primera etapa, los pequeñuelos no abandonan la cámara de incubación. Las crías se convierten entonces en un pajarito barullero, cuyos gritos inexpertos intentan imitar los de sus progenitores, que ya se limitan a dejarles el alimento en la entrada del nido.

Tanto los pichones como sus padres abandonarán el nido definitivamente. Por lo general, el casal adulto empezará a edificar un nido nuevo para la cría futura, siempre cerca de la anterior, y las crías formarán pronto su propia pareja y construirán sus propios nidos, vecinos de sus padres.

El hornero se vale de un canto especial para advertir al invasor, y presenta pelea si éste ignora su derecho. Los combates son frecuentes y, a menudo, con la participación de hasta cuatro contendientes.

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