[*ElPaso}– "Ante un cadáver", una obra y una tradición lamentablemente perdidas

Carlos M. Padrón

Por cortesía de Claudio González —pasense él, e hijo de pasenses— recibí la URL de este vídeo, subido a YouTube, de la procesión del Viernes Santo celebrada en El Paso en 2011.

En él echo en falta el que para mí —y para muchos otros pasenses que conozco— era el momento más impactante de esa procesión: la sepultura de la imagen del Cristo yacente.

En los años ’50s, el altar mayor lo cubrían todo con crespón negro, no rojo, como ahora lo he visto; obviamente, el negro está más acorde con un acto fúnebre. Y contra ese fondo todo negro sólo destacaba, por su color blanco, la tapa blanca del sepulcro abierto, que parecía hecha de grueso mármol.

Al llegar el momento de la sepultura —en el que una de las dos personas que se subían hasta la altura del sepulcro era siempre don Tomás Capote Lorenzo (q.e.p.d.)—, la banda de música, parada frente a la escalinata que conduce al altar mayor, interpretaba la imponente marcha fúnebre “Ante un cadáver” cuyo autor fue don Pedro Martín Hernández y Castillo, más conocido como don Pedro Castillo, y comparto la opinión de muchos en cuanto a que esta composición fue lo mejor que, en música o en poesía, hizo don Pedro.

Ante un cadáver“, pieza 100% fúnebre donde las haya, tiene un pasaje de bombardino que siempre interpretaba Pedro Lorenzo, excelente ejecutante de ese instrumento, y que, al menos en mi opinión, es el pasaje más bello, emotivo y escalofriante de esa marcha.

Durante la ceremonia de la sepultura, el silencio en la iglesia era total y denso, y cuando, después de depositar la imagen en el fondo del sepulcro, las dos personas que habían llegado hasta sus lados dejaban caer la tapa, el golpe emitía un sonido bajo, profundo y amplificado por la caja de resonancia que era el sepulcro, cuyo eco retumbaba por toda la iglesia como correspondía a una gruesa y pesada pieza de madera que caía con violencia sobre un espacio cerrado. La banda dejaba de tocar, y todos, en respetuoso silencio, abandonábamos el templo.

La ceremonia que de la sepultura presenta este vídeo, sin música de fondo y con un golpe de cierre de tapa en tono de soprano y no de bajo, me parece que no pasa de ser un triste remedo de lo que en los años ’50s fue esa ceremonia.

(Como el vídeo en YouTube es muy largo, extracté de él el fragmento correspondiente a la ceremonia de la sepultura. Para ver/bajar este fragmento, clicar AQUÍ. Como está en .FLV, para verlo, en caso de que se baje, sirven los programas RealPlayer o VLC)).

Lo más triste es que, hasta donde sé, la partitura de “Ante un cadáver” se perdió, lo cual es algo insólito habida cuenta de que, por lógica, tuvo que existir más de una.

¿Cómo es posible que esto haya ocurrido? ¿Y cómo es posible que, años atrás, cuando usando el conocimiento musical o el sentimiento pasense de José (Pepe) Salazar, de Tico Simón —quien, si mal no recuerdo, dirigió por un tiempo la banda de música de El Paso— y de Pedro Lorenzo, hubo todavía forma de rescatarla, al menos parcialmente, no se haya hecho ni siquiera el intento?

Hoy es ya tarde, pues los dos primeros murieron (q.e.p.d.), y el tercero está postrado en cama y con evidente deterioro de sus facultades mentales.

Me consta que mi hermano Raúl (q.e.p.d.), que adoraba esa marcha fúnebre, movió cielos y tierra para rescatar la partitura, pero sin éxito.

Y lo que más tristeza me da es que circulan versiones según las cuales, cuando fue vendida la casa que en El Paso fuera propiedad de don Pedro Castillo y en la que, con su familia, vivió muchos años antes de irse a Tenerife en 1950 y no volver más al pueblo por el que tanto hizo, uno de sus yernos quemó en la huerta de esa casa todos los papeles que encontró, en especial los que, guardados por don Pedro, estaban en la dependencia que por años sirvió de escuela para que él impartiera educación primaria a casi todos los niños y jóvenes pasenses de varias generaciones, formara músicos, armara un banda que ensayaba allí, etc.

Cabe pensar que entre esos papeles, quemados por la ignorancia, la arrogancia, la indiferencia, y un olímpico desprecio por la gran obra que don Pedro Castillo hizo en El Paso, estaba la tal partitura.

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