La idea de Europa se está apagando
25/09/2011
Andreu Missé
«La semana pasada me encontré en el aeropuerto con un colega que había trabajado conmigo en el Ministerio de Finanzas y ahora es presidente de un gran Banco.
Hablamos de la crisis de la zona euro y me dijo:
“Después de todas estas conmociones políticas y económicas que estamos pasando, va a ser muy raro que en los próximos diez años podamos escapar sin una guerra, así que estoy pensando en sacar la green card para mis hijos y emigrar a Estados Unidos”».
La anécdota fue contada en el pleno del Parlamento Europeo el pasado día 14 por Jacek Rostowski, ministro de Finanzas de Polonia, que ostenta la presidencia de la Unión. “Esto no podemos permitirlo”, apostilló el ministro tras afirmar que “Europa está en peligro”.
La palabra guerra ha entrado inesperadamente en la escena política europea. Precisamente fue el anhelo de poner fin a los continuos conflictos bélicos que periódicamente asolaban el Viejo Continente lo que impulsó a destacados políticos, como Konrad Adenauer, Jean Monet, Robert Schuman, Winston Churchill, Altiero Spinelli y Paul Henry Spaak, a poner en marcha el proyecto de la UE, después de la Segunda Guerra Mundial.
La falta de solidaridad está apagando la idea de Europa. El debate sobre la probable salida de Grecia del euro ha adquirido naturaleza de normalidad, y el contagio ya ha alcanzado, con distinta intensidad a Portugal, Irlanda, España e Italia.
Los mercados mandan sin freno alguno, el aumento del paro y de la pobreza proporcionan los ingredientes para el auge de los partidos xenófobos, populistas, y el refuerzo de los sentimientos antieuropeos.
Lo que empezó como una crisis financiera en Estados Unidos en 2007, se convirtió, dos años más tarde, en una grave crisis de deuda y en una profunda recesión económica, que en Europa ha elevado el número de desempleados a 23 millones de personas.
La incapacidad para resolver el problema de Grecia está provocando una peligrosa división entre la Europa del norte, que esgrime sus virtudes de ahorro, trabajo y disciplina fiscal, frente a la imagen del despilfarro y descontrol del gasto que se atribuye a los países del sur. Son los tópicos conocidos que están ganando terreno sin apenas oposición.
Los fallos y debilidades de los Gobiernos de Atenas han sido clamorosos, pero, hasta ahora, la solidaridad con Grecia se ha limitado a unos 60.000 millones de euros, en buena parte para proteger a los Bancos franceses y alemanes, mientras la banca europea ha consumido más de 420.000 millones en inyecciones de capital y compras de activos dañados.
“La salida de Grecia del euro es un salto en el vacío. En términos geopolíticos es suicida. Si no fuera porque existe la Unión Europea, quizá ya habría estallado algún conflicto”, confiesa un diplomático europeo.
Por ejemplo, en Hungría, cuando el año pasado concedió la nacionalidad a los más de 2,5 millones de personas de etnia magiar que viven en Rumania, Eslovaquia, Serbia y Ucrania. Primero se da la nacionalidad y luego viene la reivindicación territorial de efectos incalculables. “En Europa, las desgracias siempre empiezan por los Balcanes, y Grecia forma parte de ellos”, recuerda este alto funcionario.
Mientras, las cúpulas europeas viven instaladas en la cómoda retórica de que la construcción europea se ha cimentado a base de ir venciendo las sucesivas dificultades. “Es un error decir que Europa avanza de crisis en crisis, la realidad es que el proyecto europeo está peor que nunca. Tenemos que evitar que Grecia salga del euro. Hay que dar la señal de que la suerte de Grecia es la suerte del euro y de la UE”, señala el jurista Juan Fernando López Aguilar, presidente de la Comisión de Libertades Civiles del Parlamento Europeo.
López Aguilar asegura que “si se está planteando la salida de Grecia del euro es porque, desde que estalló la crisis, estamos en una estrategia equivocada, basada en la anorexia fiscal. Lo que se está aplicando es la estrategia del directorio francoalemán, con un fuerte peso de Alemania, no la de las instituciones europeas”.
El exministro de Justicia considera que “los recortes sólo han servido para prolongar la agonía”. A su juicio, la solución debería ser “una combinación de consolidación fiscal a muy largo plazo, y un plan de inversiones públicas para lo que hace falta un Tesoro Europeo y eurobonos”.
¿Puede salir Grecia del euro?
“El Tratado de Lisboa es completamente silencioso sobre este asunto, pues prevé que un país puede salir de la UE pero no hay nada dispuesto para que abandone el euro. La salida de un país es un escenario que no se contempla; sería como una bomba nuclear para el proyecto europeo”, afirma un experto comunitario.
Un análisis minucioso efectuado por el Banco Central Europeo (BCE) en 2009 concluyó que “la expulsión de un país de la UE o de la zona euro implicaría tantos desafíos conceptuales, legales y prácticos que la probabilidad es próxima a cero”.
Para muchos académicos de EE UU la salida de Grecia del euro se da por descontada. Estas posiciones empiezan a ser compartidas por algún político europeo. El pasado día 7, el primer ministro holandés, Mark Rute, abrió la Caja de Pandora al afirmar que “los países que no estén dispuestos a aceptar una administración externa deberán dejar la zona euro”.
El mismo día, la canciller alemana, Angela Merkel, advertía en el Bundestag que “el euro es una garantía de la unidad europea. O, dicho de otra manera, si el euro fracasa, Europa fracasa”. Merkel olvidaba que ella misma había alimentado estos fuegos.
En marzo de 2010, cuando Atenas aún no había recibido un solo euro, la canciller manifestó que en el futuro debería modificarse el Tratado para “poder excluir a un país de la zona euro como último recurso, si reiteradamente incumple sus obligaciones”.
Los espíritus federalistas, como el líder de los liberales, Guy Verhofstadt, ven con verdadero pánico la ruptura de la zona euro. “La salida de Grecia del euro tendría unos costos enormes por el contagio a otros países. En cualquier caso es un escenario que no tenemos en cuenta”, explica el exprimer ministro belga.
Pero la posible ruptura del euro asusta a todo el mundo, como quedó patente con la asistencia repentina del secretario del Tesoro de Estados Unidos, Tim Geithner, a una reunión del Eurogrupo en Wroclaw (Polonia). También hay nerviosismo en Londres.
El canciller del Exchequer (Tesoro), George Osborne, ha expresado “su preocupación” porque la zona euro caiga en “una espiral fuera de control”. Los británicos saben que, si se rompe el euro, peligra el mercado interior y se esfuman las ventajas del libre comercio. Pero es aventurado pronosticar el final. Vince Cable, secretario de Comercio británico, afirmó recientemente que “al final el proyecto de la eurozona podría resultar un excepcional éxito”.
Fuente: El País
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Salir del euro, liquidar la Unión
25/09/2011
Carlos Yárnoz
La hipótesis de que Grecia sea expulsada de la zona euro se extiende desde hace unas semanas con una soltura rayana en la frivolidad.
UBS, Saxo Bank o Goldman Sachs han calculado incluso los costos económicos de tal posibilidad:
el PIB griego se desplomaría entre un 40% y un 50% en medio de bancarrotas de sus Bancos,
su preocupante deuda se duplicaría de inmediato, habría que invertir entre dos y tres billones de euros en recapitalizaciones de entidades de crédito y seguros por toda Europa,
cada ciudadano griego perdería al menos 10.000 euros en el primer año…
Además, la resurrección del dracma no facilitaría el pago de la deuda de Atenas, pero sí provocaría el contagio a todo el club de la moneda única europea por su demostrada incapacidad de auxiliar a uno de sus socios más pequeños (no llega al 3% del PIB de la eurozona).
Y, sin embargo, estas tremendas consecuencias económicas son sólo eso, consecuencias económicas. Por eso, son economistas, como el profesor Nouriel Roubini, los que mantienen que el daño puede ser “limitado y contenido”.
En términos economicistas puede ser, pero el riesgo real para los ciudadanos europeos tiene un alcance infinitamente mayor, y éste apenas se menciona en estos días. Digámoslo enseguida: la salida del euro de un país provocaría el fin de la unión monetaria y, muy probablemente, la inevitable liquidación de la propia UE.
Preocupados en exclusiva por los mercados, la deuda soberana o la ortodoxa disciplina presupuestaria, a nuestros dirigentes europeos les está faltando el coraje de reaccionar con determinación para defender los valores superiores de la gobernabilidad, la estabilidad y la convivencia en el continente.
No es extraño, por tanto, que ya no escuchemos jamás el término “familia” para hablar de la Unión, y sí oigamos que los españoles son “vagos”, los griegos “mentirosos y despilfarradores”, los alemanes “egoístas”,…
Intentemos vislumbrar qué ocurriría si Grecia fuera expulsada del euro como recomienda, entre otros, el primer ministro holandés, el liberal Mark Rutte, que gobierna gracias al apoyo del ultraderechista Geert Wilders.
¿Acaso no se plantearía de inmediato la expulsión de Portugal? ¿Y por qué no Irlanda? ¿Quién sería el siguiente? ¿España o Italia?
Seguramente porque el reguero de salidas forzosas sería imparable, el alemán Hans-Olaf Henkel, exjefe de la patronal industrial, ha propuesto lo opuesto: la huida hacia adelante del próspero bloque del Norte, o sea, la salida conjunta del euro de Alemania, Finlandia, Austria y Holanda.
O sea, que la destrucción de la moneda europea estaría garantizada con independencia de que el primer zarandeo fuera un movimiento defensivo de los socios ricos, o un ataque contra los pobres.
¿Qué haría Francia en cualquiera de los dos casos? Es impensable creer que París rompiera sus lazos con el Sur. Conviene recordar que la construcción europea, tras dos guerras mundiales, está basada en el entendimiento de Francia y Alemania.
Y una vez dinamitada la unión monetaria, ¿qué posibilidades de subsistencia tendría la UE? ¿Pocas o ninguna?
El euro no se creó como un proyecto económico-financiero. Por el contrario, es el mayor avance político de la Unión, y como tal fue concebido, aunque, sin duda, con imperfecciones que ahora estamos pagando.
Pero parece más lógico exigir a los mandatarios europeos que se centren en superar esas imperfecciones —y ya han perdido tres años— que no asistir al drama de una muerte por inanición de un pilar básico del armazón europeo.
Pese al abismo al que nos asomamos los europeos, ni siquiera se ponen en marcha las alarmas. Podría sospecharse que una generación de desmemoriados nos preocupamos en exclusiva de nuestros bolsillos en lugar de seguir construyendo un futuro en paz y estabilidad.
El exvicecanciller alemán Joschka Fischer es una sensata excepción, pues el ,mes pasado dijo en estas páginas que “La crisis comienza a socavar los mismísimos cimientos en los que se basó el orden europeo de posguerra: la alianza franco-alemana, por un lado, y la transatlántica, por el otro, que hicieron posible un periodo de paz y prosperidad sin precedentes en la historia del continente”.
Volvamos al caso griego
Si Atenas es expulsada del euro, ¿qué posibilidades tendría de seguir en la UE? ¿Pocas o ninguna? Y si abandona la UE, ¿qué repercusiones tendría en sus relaciones con Turquía? ¿Cómo afectaría eso al resto de Europa? ¿Y a las relaciones Europa-Estados Unidos?
No sería ése el único foco de tensión que pondría en riesgo la estabilidad y la seguridad del continente. Hasta Citigroup, en un vaticinio que muchos preferirán desechar por considerarlo alarmista, augura “gobiernos autoritarios o militares, incluso guerras civiles”.
Con llamadas alarmistas o no, lo cierto es que son escasas las advertencias de que una crisis económica amenaza la moneda única y la UE. Por el contrario, nuestros dirigentes políticos no hacen nada por ahuyentar un axioma que se instala con más y más fuerza entre los ciudadanos europeos: euro es igual a sacrificios, ajustes y recortes del Estado de bienestar.
Y, sin embargo, el camino está más claro que nunca, y nos lo están diciendo incluso desde fuera de Europa: actúen juntos, únanse más, lancen soluciones colectivas… Se pueden llamar eurobonos, o ministerio europeo de finanzas, o avances en la unión política o Gobierno Económico Europeo… Ah, perdón, es que tropezamos con los intereses nacionales. Sí, lo hemos escuchado tantas veces.
Bueno, pues elijan, señores gobernantes: retrocedamos o avancemos.
Fuente: El País
Es asombroso ver la campaña de infundios que el lobby bancario europeo ha desplegado para que no se permita que Grecia abandone el euro.
Ni Nostradamus tuvo tanta imaginación para visualizar la sarta de augurios sin fundamento que corren por los ministerios de economía y cancillerías europeas advirtiendo de la debacle que caería sobre Europa.
Poderoso caballero es don dinero…
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