2012-02-23
M. Llamas
El segundo rescate de Grecia ya está en marcha tras la luz verde otorgada por el Eurogrupo.
En teoría, este plan permitirá que, finalmente, Atenas pueda afrontar el vencimiento de 14.500 millones de euros en bonos del próximo 20 de marzo, evitando así la bancarrota. Así pues, ¿está, al fin, todo resuelto?
De momento, no. Las dudas sobre el futuro de Grecia dentro del euro no sólo persisten sino que, incluso, se han acrecentado por parte de inversores, analistas, agencias de calificación, bancos y políticos.
De hecho, la propia troika —Bruselas, Banco Central Europeo (BCE) y Fondo Monetario Internacional (FMI)— admite que, aún haciendo las cosas bien, resultará insuficiente. Es más, ni siquiera descarta la necesidad de una ayuda permanente.
La sentencia del mercado
Los inversores no creen en el rescate. La rentabilidad de la deuda pública de Grecia a un año supera los 700 puntos básicos, nuevo récord.
Ésta no ha dejado de subir tras el acuerdo de rescate, lo cual evidencia la certeza del mercado acerca de una posible quiebra de Grecia y su consiguiente salida del euro.
Las alertas de Bancos y agencias de rating
En este ámbito, Bancos, firmas de inversión y agencias de calificación, han ido un paso por detrás del diagnóstico avanzado por el mercado hace tiempo.
Con el paso de los meses, un creciente número de analistas se han ido sumando a la tesis de que la insolvencia de Atenas se materializará, de una u otra forma, tarde o temprano, en el temido default (suspensión de pagos): Fitch, Standard & Poor’s, Credit Suisse, etc., ven cada vez más probable un default desordenado en o antes del 20 de marzo.
Los políticos barajan esta opción
Por último, quizás el dato más revelador acerca de la permanencia o no de Grecia en el euro sean las crecientes dudas de los líderes de la UE.
La polémica saltó hace escasos días, cuando Atenas denunció que algunos Estados miembros querían ver a Grecia fuera de la Eurozona, en una referencia implícita a Alemania, Finlandia y Países Bajos.
La cuestión es que ya existen planes de contingencia para afrontar esta situación. El Ministerio de Finanzas alemán estaría presionando a Atenas para que, de una u otra forma, se declare en quiebra y abandone la moneda única, según The Telegraph.
Berlín empieza a dar por hecho que Grecia quebrará, la cuestión es “cuándo”. El 20 de marzo es, ahora mismo, el día clave, cuando venzan los 14.500 millones en bonos.
El plazo para que Atenas acuerde con sus acreedores privados una quita voluntaria del 70% sobre sus bonos helenos expira apenas unos días antes de esa fecha.
Sin acuerdo, el default se haría efectivo el fin de semana del 23 al 25 de marzo. De hecho, Atenas estudia introducir Cláusulas de Acción Colectiva (CAC) para obligarles a aceptar el descuento, lo cual también implicaría el default.
En Alemania, Finlandia y Países Bajos —los países triple A— consideran que este escenario ya no sería tan catastrófico para la Unión Monetaria.
Alexander Stubb, ministro Exteriores de Finlandia, señalaba recientemente que, para afrontar este evento, “Europa está mucho mejor preparada que el 9 de mayo de 2010″, cuando se decidió ayudar a Grecia.
Y es que, entre otras cuestiones, el primer rescate heleno ha otorgado tiempo suficiente (casi dos años) para que los Bancos del centro de Europa —básicamente, alemanes y franceses— reduzcan su exposición a la deuda griega.
Ni siquiera Atenas descarta ya esta opción. Algunos políticos de izquierda abogan por salir del euro, mientras que el Gobierno de Papademos ha encargado informes sobre las consecuencias que conllevaría regresar a la moneda nacional (dracma).
Las razones de la ruptura
Por último, la experiencia que otorga la historia y los datos económicos aportarían nuevas razones de peso para pensar que esta opción se podría materializar tarde o temprano.
En un informe emitido este mismo febrero, la firma de análisis londinense Variant Perception explica por qué Atenas —e incluso otros países periféricos, como Portugal, España, Italia e Irlanda— podría estar condenada a abandonar la Unión.
1. Historia
“La ruptura del euro sería un evento histórico, pero no sería la primera ruptura monetaria de la historia”.
En los últimos 100 años se han producido 69 rupturas monetarias, tales como la del Imperio Austrohúngaro en 1919, India y Pakistán en 1947, Pakistán y Blangladesh en 1971, Checoslovaquia en 1992-93, o la URSS en 1992.
2. La Unión Monetaria “no es óptima”
Según Robert Mundell, el arquitecto del euro, un área monetaria es óptima cuando existen:
- Libre circulación de capital y mano de obra
- Plena flexibilidad de salarios y precios
- Cierta homogeneización económica (crecimientos y recesiones al mismo tiempo); y,
- Transferencias fiscales en caso de problemas (que el Gobierno central pueda intervenir sobre una zona para amortiguar el golpe y transferir dinero de otras regiones).
Europa, a diferencia de EEUU, carece de casi todas estas características, de ahí que Bruselas pretenda ahora construir los Estados Unidos de Europa a fin de evitar crisis similares en el futuro. Cosa distinta es que lo consiga.
3. La política del BCE
Según estos analistas, el defecto fundamental de la Unión radica en la política monetaria del BCE, ya que ha producido tipos de cambio reales completamente divergentes.
Los bajos tipos de interés existentes desde 2001 provocaron burbujas de activos (pisos) y una reducción de la competitividad en los periféricos.
Los tipos bajos, aplicados pensando en el estancamiento que sufrían entonces Alemania y Francia, perjudicaron a la periferia.
“Esto conllevó consecuencias desastrosas”, pues, en los últimos 10 años, la periferia europea experimentó un gran aumento en los salarios y precios en comparación con el núcleo de la zona euro, perdiendo así competitividad; como resultado, importaron mucho más de lo que exportaron, cayendo en grandes déficits por cuenta corriente.
El enorme diferencial, en salarios y productividad, entre el núcleo y la periferia significa que, dentro del euro, la divergencia entre los tipos de cambio efectivo es muy grande, de hasta el 35% entre Alemania y España, según la Comisión Europea.
Asimismo, estos bajos tipos explican las burbujas de activos y el gran endeudamiento externo que registraron los periféricos.
En tanto que el euro exista y Europa siga siendo un área monetaria sub-óptima, esta “inadecuada” política monetaria seguirá generando estos mismos efectos en el futuro: “Será demasiado caliente o demasiado fría”, según los países.
Es decir, el BCE seguirá generando “desajustes en los tipos de cambio reales y burbujas de activos”, bien en el núcleo o bien en la periferia.
4. Elevada deuda externa
Como resultado de estos desajustes, “los países periféricos están sufriendo problemas de solvencia y liquidez que hacen inevitable el default y más probable la salida del euro.
Grecia, Portugal, Irlanda, Italia y España han acumulado una enorme deuda exterior, insostenible en una moneda que no pueden imprimir o devaluar”.
Según esta firma, Grecia y Portugal son “insolventes, y nunca serán capaces de devolver su deuda”, mientras que España e Italia tienen problemas de liquidez y “necesitarán ayuda para refinanciar sus próximos vencimientos de deuda”.
Además, el problema de la periferia europea consiste en que mucha de esa deuda es externa: créditos extranjeros.
La periferia presenta un endeudamiento externo muy superior al registrado durante la crisis de los países asiáticos en 1997, países éstos que terminaron suspendiendo pagos y devaluando sus monedas.
Ahora bien, si alguien debe es que alguien presta.
Alemania y los países del núcleo de la zona euro son los grandes prestamistas de los periféricos, tal y como muestra la posición neta de deuda exterior (deudores) y de inversión exterior (prestamistas).
La historia demuestra que casi todos los países que han alcanzado tales niveles de deuda externa han terminado “suspendiendo pagos y devaluando”, alertan estos expertos.
5. Rechazan la devaluación interna
Cuando un país (sector público y/o privado) acumula una gran deuda, caben tres opciones:
- Reducirla: desapalancamiento
- No pagarla; default, o
- Devaluar: pagar en una moneda depreciada, de valor inferior.
Así, pues, la solución para permanecer dentro del euro es el desapalancamiento (reducir deuda pública y privada).
Es decir, austeridad pública y devaluación interna —recorte real de sueldos y salarios— para ganar competitividad y generar grandes superávits por cuenta corriente, o sea, exportar mucho más de lo que se importa.
Sus efectos a corto plazo son una “gran contracción económica”.
¿Problema? Algunos de estos países no parecen estar dispuestos a asumir el costo político y social de la inevitable corrección.
“Los salarios y los precios en la periferia europea son inflexibles a la baja”, alerta el informe. Además, sus efectos no se producen del día a la noche, añade.
Por otro lado, la forma habitual por la que los países ganan competitividad es a través de una moneda más débil, pero los periféricos no pueden imprimir moneda, y devaluar el euro respecto a otras divisas tampoco ayudará a la periferia ya que “casi todas sus exportaciones” se dirigen a otros países de la zona euro.
Grecia, España y Portugal exportan muy poco a países de fuera del euro. “A excepción de Irlanda, los PIIGS no son economías muy abiertas”.
En definitiva, puesto que los periféricos no pueden imprimir moneda (devaluar), algunos se resisten a la devaluación interna, y el BCE no puede comprar su deuda de forma ilimitada, generando de paso inflación (monetizar), “la única opción es el default“, indican.
Sin embargo, suspender pagos sólo es una “solución parcial”: ante la imposibilidad de exportar con fuerza sobre la base de un euro débil, los periféricos deberían “abandonar el euro” para ganar competitividad, y así generar grandes superávits por cuenta corriente, alerta el informe.
La división del euro en dos
“Creemos que Grecia y Portugal, definitivamente, deben salir del euro. Irlanda, España e Italia deberían considerarlo seriamente”.
El estudio divide la Eurozona en dos:
- Los países con grandes déficits por cuenta corriente y un nivel insostenible de deuda externa, como Grecia, Portugal, Irlanda, España e Italia, que irían a un default ordenado y salida del euro.
- Los países que deben permanecer en el euro son los del centro y norte de Europa, ya que exhiben una eleva homogeneización económica y niveles similares de inflación y renta per cápita: Alemania, Francia, Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo, Finlandia…
Fuente: Libre Mercado
Carlos, opino lo siguiente:
1. El torpe manejo que de la crisis del euro ha hecho el dúo Merkozy confirma que la única razón de ser —o, al menos, la principal— era defender los intereses de la banca. Afortunadamente, Sarkozy ya sale en mayo, y le sustituye un socialista que va a dejar a Merkel sola ante el peligro. Ya dos de sus ministros le han retirado el apoyo.
2. Esos políticos y sus asesores endosaron, una vez más, la política monetarista de la escuela de Chicago de los 60’s (Milton Friedman y compañía) y, por considerarlo una herejía, se negaron a aceptar que el keynesianismo de los 30’s y los 40’s —donde el Estado interviene imprimiendo dinero y poniendo a andar a la economía, actitud que ayudó a FDR a recuperar la economía del Norte—, era una mejor solución. Falta de arrestos.
3. La salida de Grecia de la zona euro va a contribuir a que los PIIGs (excluyendo a Grecia, obviamente) se enserien más aún antes de generar un efecto dominó que los lleve al default.
4. Rajoy ya está agrupando a otros Estados frente a la doctrina Merkel de recortes, buscando sustituirla por una de estímulos. Sus visitas a Cameron y a Prodi no fueron de mera cortesía. Ya ha tenido los arrestos suficientes para decirle a los españoles que este año las cosas van a ponerse más duras en España antes de que comience la recuperación. Y no le van a faltar arrestos para forzar un cambio de dirección en la política de la UE.
5. Y si los países del euro no ceden su soberanía fiscal a Bruselas —algo difícil, pues supondría la cesión de su soberanía política—, la moneda única no va a funcionar. Las coordenadas establecidas por Robert Mundell, padre del euro, citadas en el artículo, así lo justifican.
En el caso de Grecia, más que lógica económica, la cual brilla por su ausencia, lo que prevalece hoy día en la crisis griega es ausencia total de lógica humana.
De parte de Alemania, es ingenuo pensar que, por poner por escrito promesas incumplibles, éstas se van a cumplir. Por supuesto que Grecia va a seguir firmando lo que le pongan por delante, a sabiendas de que no va a poder cumplirlo.
Exigir que se privaticen más empresas en un país quebrado donde nadie tiene interés en comprarlas, raya en la estupidez.
Manipular la amenaza de un plebiscito sobre la permanencia en el euro, creyendo que va a poner a dudar al griego de la calle y que éste va a recular en su determinación de querer salir, del modo que sea, de esta situación a la que le han llevado sus propios políticos, desborda de ingenuidad.
Y tratar de imponer que se rebaje el salario mínimo en un 20%, y que se despida a 15.000 empleados con una tasa de paro que supera el 20%, cae en lo criminal.
No es de extrañar que los alemanes —y no Bruselas, que está demostrado que es un cero a la izquierda en esta crisis— exijan un día de estos que el gobierno griego prohíba la salida de capitales del país, algo así como pedirle al Sol que deje de alumbrar.
En resumen: la torpeza política y económica, elevadas a la enésima potencia. No deja de ser curioso que en el manejo de la crisis el dúo Merkozy se haya retirado al fondo del escenario y haya obligado a salir al primer plano al ministro alemán de finanzas.