[Col}– El juego a la Luna / Estela Hernández Rodríguez

19-11-13

“¿Nunca has jugado a la Luna?”, me preguntó una noche mi abuela Lola.

Luego me explicó que con la Luna también se puede jugar. Claro que no la podemos tocar, pero sólo mirándola podemos hacerlo.

Si desde donde nos encontramos observamos hacia arriba, a veces la vemos como un queso, a veces como si le faltara un pedazo, o también como un simple aro, pero en verdad ella retoza a su salida de esas formas, vistiéndose de distintos trajes para engalanar la noche, porque así es la Luna: misteriosa y radiante.

Cuando la miramos con curiosidad, a veces vemos dentro de ella una gran loma, algún cráter o figuras de caritas que nos dicen con alegría “¿Cómo estás?”. Y nosotros les contestamos “Bien, observando lo linda que luces con ese precioso vestido plateado”.

No por gusto muchos poetas han dibujado con palabras su belleza, y la traen a sus versos cuando quieren hablar de amor, porque ella es como es, sencilla pero romántica.

Hasta a veces en la oscuridad nocturna el perrito Bob la saluda con su aullido a las tantas de la noche, porque todos la conocen. Ella vive en el cielo; unas veces nos sonríe cuando la podemos ver, y otras llora cuando alguna nube la tapa y no puede saludarnos.

La Luna se encuentra siempre acompañada de su gran familia de estrellas, cometas, y aerolitos, y se la ve feliz, al igual que nosotros al tenerla alumbrando a ratos nuestros caminos, sobre todo en el campo.

Por eso nuestro amigo Bob, quien vive allí, la quiere mucho.

Estela Hernández
La Habana (Cuba)

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