[*Opino}– Los niños de campo y las alergias, o descubrir el agua tibia

04-09-15

Carlos M. Padrón

En el Paso, mi pueblo natal, donde en mis tiempos de muchacho el 99% de las casas tenían vaca, caballo o mulo, cochino, cabras, conejos, gallinas, gatos, perros, etc., los niños andábamos entre excrementos de esos animales.

Lidiábamos con él de forma casual, pisándolo o cayendo sobre él mientras corríamos, o de forma deliberada, como extrayéndolo a mano limpia de los corrales para acumularlo en un estercolero donde fermentaba y se convertía en excelente fertilizante para las plantas de maíz, papas, coles, etc., que también había en ese mismo porcentaje de casas.

Se podría decir que entonces no se sabía tanto de alergias, pero, que yo recuerde, sólo conocí dos personas, y adultas, que padecían una enfermedad que posiblemente era alergia. No recuerdo ningún niño con esas afecciones.

La extrema asepsia en que ahora se cría a los niños no es saludable porque, para empezar, no es natural. El no toques esto, lávate a cada rato, no te acerques a los animales, etc. es un error.

En mi casa vi siempre un peral, que aún existe y que da unas peras formidables que a mí me gustaban mucho… y que también gustaban a mi caballo blanco. Cuando éste me veía comiendo una, me miraba desconsolado y esperanzado de que ocurriera lo que luego ocurría: que yo, una vez que terminaba de comer la pulpa de la pera, sostenía en mis labios un extremo de la parte donde se esconden sus semillas, acercaba mi cara al caballo, y éste, con toda delicadeza, proyectaba hacia adelante sus gruesos labios y tomaba de los míos el resto de pera que tanto le gustaba.

Por supuesto, en esta maniobra era inevitable el roce de nuestros labios, algo que nunca me causó problema, aunque ignoro si afectó la salud del caballo.

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04/09/2015

Descubren por qué los niños de campo están más protegidos frente a las alergias

La exposición regular a las partículas de bacterias y al polvo de granja desencadena las respuestas inmunes inflamatorias y protege a los niños contra las alergias porque, según sugiere un nuevo estudio realizado en ratones.

El trabajo, publicado en «Science», implica a una enzima antiinflamatoria en particular, A20, en este efecto protector.

Aunque siguen sin estar claros los aspectos de cómo se desarrollan las alergias, los científicos saben que están impulsadas no sólo por los genes, sino también por el ambiente. Los hogares con animales domésticos, así como las explotaciones lecheras —donde los niños respiran polvo que contiene altas dosis de partículas de hongos y bacterias derivadas del establo y el componente bacteriano endotoxina—, protegen contra las alergias, como sugieren estudios recientes, pero no se sabe cómo.

Ahora, el equipo de Martijn J. Schuijs y Hamida Hammad, del VIB Inflammation Research Center (Bélgica), aporta nuevos datos sobre este misterio.

Los expertos expusieron a ratones a la endotoxina cada dos días durante dos semanas, y después les pusieron ante ácaros de polvo doméstico desencadenantes de alergia, que a menudo causan asma en las personas, y vieron que los roedores que habían sido expuestos regularmente a la endotoxina no desarrollaron características alérgicas, mientras que los de control sí que las padecieron.

La exposición a la endotoxina parece que protegió a los ratones al aplastar la capacidad de las células epiteliales del pulmón de los animales de generar moléculas proinflamatorias, aunque este efecto protector solo funcionó en presencia de una copia sana de la enzima A20.

Además de la relación causal, los científicos descubrieron el mecanismo que está detrás de esto: el polvo agrícola hace que la membrana mucosa interior de las vías respiratorias reaccione con menos severidad a los alérgenos, como los ácaros del polvo doméstico.

Explica Hamida Hammad que dicho «efecto se crea por la proteína A20, que se produce cuando el cuerpo entra en contacto con polvo de granja. Cuando inactivamos la proteína A20 en la membrana mucosa de los pulmones, el polvo ya no es capaz de reducir la reacción alérgica o asmática».

Cuando analizaron estos hallazgos en pacientes, los resultados mostraron que las personas que sufren de alergias y asma tienen una deficiencia en la proteína protectora A20 proteína protectora, lo que explica por qué reaccionan a los alérgenos tan severamente.

«Cuando analizamos a 2.000 niños que viven en granjas vimos que la mayoría de ellos están protegidos frente a las alergias, y los que no están protegidos y desarrollan alergia tienen una variante genética del gen A20», explica Bart Lambrecht.

Las conclusiones abren varias posibilidades para la investigación futura. Por el momento, los investigadores están tratando de identificar la sustancia activa del polvo de la granja que es responsable de proporcionar protección. Una vez que se haya sido identificado, el desarrollo de un medicamento preventivo contra el asma puede ser el siguiente paso.

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