[MS}– Los niños que toman leche entera son más delgados y tienen mayores niveles de vitamina D

18/11/2016

M. López (Otro de los firmantes fantasma de ABC.es)

A día de hoy contamos con distintos tipos de leche de vaca.

Pero si bien contienen la misma proporción de proteínas, azúcares —fundamentalmente lactosa— y calcio, difieren, y mucho, en su contenido en grasa.

Se trata de las consabidas leches entera, semidesnatada y desnatada, cuya elección dependerá de los gustos del usuario y de su interés por mantener la línea. O así debería ser, al menos, en el caso de los adultos.

Y es que los niños se encuentran en aún en una fase de crecimiento, por lo que la grasa, caso de la que se encuentra en la leche entera, es muy importante para un correcto desarrollo, y la leche entera no aumenta el riesgo de que los niños padezcan sobrepeso.

De hecho, un estudio dirigido por investigadores del Hospital St. Michael de Toronto (Canadá) muestra que los niños que beben leche entera son más delgados que aquéllos que toman leche desnatada o semidesnatada. Y, asimismo, que tienen unos mayores niveles de vitamina D, que igualmente juega un papel esencial en el desarrollo.

Como explica Jonathon Maguire, director de esta investigación publicada en la revista «The American Journal of Clinical Nutrition», «Los niños que toman leche desnatada o semidesnatada no tienen menos grasa corporal y, además, no se benefician de los mayores niveles de vitamina D presentes en la leche entera. Se trata, por tanto, de un doble efecto negativo asociado con las leches bajas en grasa».

Más grasa, más delgados

Para llevar a cabo el estudio, los autores contaron con la participación de 2.745 niños con edades comprendidas entre los 2 y los 6 años a los que tomaron muestras de sangre para analizar sus niveles de vitamina D. Y, asimismo, de sus padres, encargados de medir la altura y el peso de sus hijos para calcular su índice de masa corporal (IMC).

El 49% de los menores del estudio bebían leche entera, en la que las grasas suponen el 3,25% del total del producto. Y el 35% tomaban leche semidesnatada con un contenido graso del 2%; el 12% bebían leche semidesnatada con un 1% de grasa, y el 4% bebían leche desnatada con un 0% de grasa.

Los resultados mostraron que los niños que tomaban leche entera tenían, de promedio, un IMC 0,72 unidades inferior que aquellos que bebían leche semidesnatada. Un hallazgo que, si bien parece nimio «es comparable a la diferencia —indica Jonathon Maguire— entre tener un peso saludable y padecer sobrepeso».

Aunque la leche entera tiene mayor cantidad de grasa, no se explica que los niños que la beben estén más delgados, pues, como éste no fue el objeto del estudio, no se sabe el motivo. Pero, como dice su director, «Es posible que los niños que tomaban leche entera se sintieran más saciados que aquéllos que bebían las mismas cantidades de leche desnatada o semidesnatada. Y si no se sienten ‘llenos’ tras beber la leche, la probabilidad de que tomen otros alimentos menos saludables o con más calorías es mucho mayor».

Por tanto, parece que los menores que toman leche entera consumen menos calorías que aquéllos que beben leche con menos o nulo contenido graso.

Doble beneficio

Los niños que bebían un único vaso diario de leche entera mostraban unos niveles de vitamina D similares a los de los menores que tomaban cerca de tres vasos diarios de leche semidesnatada con un contenido graso del 1%.

Como dice Jonathon Maguire, «Esto podría deberse a que la vitamina D es liposoluble, lo que quiere decir que se disuelve mejor en la grasa que en el agua. Así, la leche con mayor contenido graso tiene más vitamina D».

Sin embargo, y según sugieren los resultados, también es posible que exista una relación inversa entre la grasa corporal y la acumulación de vitamina D. En consecuencia, los niveles de vitamina D se reducen conforme aumenta la grasa corporal del niño.

Sin embargo, la Academia Americana de Pediatría (AAP) recomienda que los niños deben tomar dos vasos diarios de leche semidesnatada para reducir su riesgo de obesidad infantil. Una recomendación, en definitiva, que contrasta con las evidencias alcanzadas en el estudio.

Como concluye Jonathon Maguire, «Nuestros hallazgos muestran que las guías nutricionales actuales deben ser profusamente analizadas en relación al consumo de grasa de la leche para asegurar que inducen el efecto deseado. La prevalencia de obesidad infantil se ha triplicado en las últimas tres décadas, periodo en el que el consumo de leche entera se ha reducido a la mitad. Debemos encontrar la respuesta adecuada a la pregunta ¿qué tipo de leche deben tomar nuestros niños?».

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