[MS}– La sangre joven no tiene ningún efecto rejuvenecedor

23/11/2016

M. López (Otro de los firmantes fantasma —¿o todos son el mismo— de ABC.es)

En el año 2005, un equipo de investigadores de la Universidad de California en Berkeley (EE.UU.) publicó un estudio en el que se mostró que la transfusión continua de sangre de un ratón joven a un ratón viejo mientras este último era intervenido quirúrgicamente posibilitaba que el animal más añoso experimentara un rejuvenecimiento de sus tejidos.

Un efecto ‘vampírico’ que, además de totalmente sorprendente, dio el pistoletazo de salida a una búsqueda desenfrenada para tratar de hallar si la ‘sangre joven’ encierra el secreto de la eterna juventud.

Desde entonces se han gastado millones de euros en multitud de estudios sin que se haya obtenido ningún resultado satisfactorio. Y ahora, los mismos investigadores han publicado un nuevo estudio que echa por tierra toda esperanza de que, quizá algún día, esto pudiera ser así.

Concretamente, el estudio, publicado en la revista «Nature Communications», muestra que los ratones jóvenes en los que se sustituye la mitad de su sangre con la obtenida de animales más viejos sufren un deterioro muy significativo de sus tejidos y de la capacidad de regeneración tisular. Lo que muestra que la ‘sangre joven’ no tiene el ansiado poder de rejuvenecimiento observado en el primer estudio, así como que la ‘sangre añosa’, o más bien sus células y moléculas, son las responsables de dirigir el proceso natural de envejecimiento.

Como indica Irina Conboy, directora de la investigación, «nuestro trabajo sugiere que la sangre joven por sí misma no funciona como una medicina efectiva. O más bien sería más preciso decir que hay inhibidores en la sangre añosa sobre los que necesitamos actuar para revertir el envejecimiento».

No hay tal efecto ‘vampiro’

El intercambio de sangre entre seres humanos está hoy en día ya contemplado en el tratamiento de algunas enfermedades muy específicas y potencialmente mortales, caso de algunas patologías autoinmunes. Sin embargo, se trata de una medida que sólo puede ser llevada a cabo un número limitado de veces, pues la administración repetida de la sangre, o de sus componentes, entre dos personas genéticamente diferentes conlleva los efectos secundarios típicos del rechazo inmunitario, como en el caso de los trasplantes de órganos.

Pero, a tenor de lo observado en el estudio del año 2005, simple y llanamente, la sangre joven no puede emplearse cual medicamento.

Como indica Irina Conboy, «lo que vimos en 2005 es una evidencia de que el envejecimiento es reversible. Pero bajo ninguna circunstancia dijimos que las infusiones de sangre joven en personas mayores fuera una medicina».

Lo que se vio en el primer estudio es que, cuando dos organismos vivos, en este caso ratones, son ‘cosidos’ juntos —una técnica denominada ‘parabiosis’—, no sólo comparten su sangre, sino también sus órganos. Así, el animal de mayor edad se beneficia de los pulmones, corazón, sistema inmune, hígado y riñones de su joven compañero. Pero no se sabe cuánto tiempo deben permanecer unidos y cuál es la cantidad de sangre que se requiere sea compartida para que el rejuvenecimiento sea posible.

En el nuevo estudio, los autores han empleado una técnica experimental que permite que los animales compartan su sangre sin tener que ‘prestarse’ el resto de órganos.

Así, los animales, jóvenes y mayores, han permanecido separados, lo que ha posibilitado cuantificar la cantidad de sangre transferida entre ambos y sus efectos, muy especialmente de aquellos relacionados con el envejecimiento: crecimiento celular en el hígado y tejido adiposo, desarrollo celular en las áreas cerebrales implicadas en la memoria y el aprendizaje, y capacidad de recuperación del tejido muscular.

El experimento se detuvo cuando los animales compartían la mitad de la sangre de su prójimo, y, de acuerdo con los resultados, tan sólo se requirieron 24 horas para ver los efectos de la ‘transfusión’. Sin embargo, los ratones añosos que recibieron la sangre de los jóvenes no obtuvieron ningún beneficio. Por el contrario, los jóvenes experimentaron un deterioro, y muy notable, en la mayoría de sus órganos y tejidos.

Eliminar los inhibidores

El mayor efecto se observó a nivel cerebral, más concretamente en la cantidad de nuevas neuronas en las áreas implicadas en la memoria y el aprendizaje.

De hecho, los ratones jóvenes que recibieron la sangre de sus mayores sufrieron una reducción muy notable —cerca de dos veces inferior— en la producción de nuevas neuronas a partir de las células madre. Con los animales mayores que recibieron sangre joven no ocurrió nada de nada. O, por lo menos, ningún efecto aparente.

Como refiere Irina Conboy, «la sangre joven no mejoró la neurogénesis cerebral en ninguna circunstancia. Parece que la sangre añosa contiene inhibidores del crecimiento neuronal. Por tanto, y con objeto de mejorar la memoria, tenemos que identificar y eliminar estos inhibidores».

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