[SE}– Entrevista con María del Carmen Martín Rubio: ‘A Pizarro se le ve como un masacrador de aborígenes, pero no fue sanguinario fuera de los campos de batalla’

23/11/2016

Manuel P. Villatoro

Ni un maníaco sanguinario, ni un loco obsesionado por el oro.

La leyenda negra de Francisco Pizarro (casi tan grande como la del Duque de Alba) persigue a este conquistador desde que partiera hacia el Nuevo Mundo en 1502 para labrarse un futuro desde la nada.

Sin embargo, para expertas como la historiadora María del Carmen Martín Rubio, es hora de desligar definitivamente al cacereño de esas mentiras que, continuamente, son replicadas desde el otro lado del charco. «A Pizarro se le ve como un masacrador de aborígenes, pero no fue sanguinario fuera de los campos de batalla», explica, en declaraciones a este diario, la autora.

En este sentido, la historiadora ve al conquistador como un hombre que luchó porque las ciudades indígenas fueran preservadas, evitó que se torturara a nativos e, incluso, trató como un huésped al emperador de los incas, Atahualpa. Un hombre al que logró capturar el 16 de noviembre de 1532 después de tenderle una trampa y vencer (con sólo 200 españoles) al gigantesco séquito con el que el nativo llegó a Cajamarca, en Perú, sede de su imperio.

¿Cómo logró una gesta tan destacable? Según la experta, debido a su conocimiento de táctica militar. «Fue un genio de la estrategia que aprendió en los Tercios de Italia», explica Martín Rubio.

Hacia Cajamarca

Pizarro y sus 200 hombres partieron hacia Cajamarca con sus ojos inyectados en oro y una gran ansiedad por conquistar la región. Oficialmente, Pizarro preparó un encuentro con Atahualpa bajo el paraguas de una supuesta entrevista personal. El 15 de noviembre, los españoles llegaron a la ciudad e idearon un plan para «cazar» por sorpresa a los hombres del emperador. Concretamente, establecieron que plantarían cara a sus enemigos en una plaza que únicamente contaba con tres entradas.

Apenas una jornada después, el inca se presentó junto a un gigantesco ejército de entre 8.000 y 40.000 hombres. Pero no sólo acudió con guerreros (que también) sino que llevó consigo a su corte de bailarines, equilibristas y todo aquél que pudiese sorprender a los hispanos.

El 16, Atahualpa entró en la plaza de Cajamarca, pero no se topó con Pizarro (quien estaba escondido junto a sus hombres), sino que se dio de bruces con el fraile Vicente de Valverde. El religioso que acompañaba a los conquistadores y que, como hacía habitualmente en cada pueblo, le leyó el «Requerimiento», un documento en el que se instaba (amenazas mediante) a los nativos a rendirse y hacerse siervos del monarca español a cambio de conservar la vida.

Además, este personaje le ofreció también una Biblia, objeto que, por cierto, el emperador tiró al suelo sin saber qué diantres era ni cómo se usaba. Al final, ya fuera por activa o por pasiva, los militares atacaron causando el pavor entre los indígenas.

Detalle de uno de los cuadros que representan la Conquista de América- Augusto Ferrer-Dalmau

¿Cómo pudieron obtener la victoria ante un ejército tan gigantesco? Oficialmente, debido a sus técnicas de lucha, a sus armas (que cortaban como la mantequilla las armaduras de los incas) y a dos armas secretas: los caballos (que causaban auténtico pavor entre los nativos) y la artillería.

La contienda terminó en media hora, y hubo que contar cientos de muertos por el bando de Atahualpa. A su vez, el desastre fue mayúsculo para los incas, pues el emperador fue apresado por Pizarro, cuyos hombres, después de recibir un gran rescate y celebrar un juicio contra él, decidieron ajusticiarle.

—P. ¿Se puede calificar de matanza lo sucedido en Cajamarca?

—R. Matanza hubo. Pero la hubo porque, cuando intentaron capturar a Atahualpa (Pizarro y sus soldados le defendieron para que no cayera herido porque le querían vivo) los indígenas, viendo que no podían vencer en la batalla, salieron corriendo y chocaron contra una pared. Ésta cayó sobre ellos y provocó muchas muertes. Pero la culpa no la tuvieron las tropas de Pizarro. Él tenía establecido que quería capturar al emperador.

—P. ¿Existe una leyenda negra en lo que respecta a Pizarro? ¿Se le suele ver como un asesino?

—R. Hay una gran leyenda negra en torno a Pizarro. Se le ha presentado siempre como un masacrador de los aborígenes y de sus formas de vida, y no es cierto. Pizarro, por ejemplo, promovió una serie de leyes para conservar la ciudad de Cuzco porque le parecía grandiosa. También fomentó que no se matara a ningún aborigen fuera de os campos de batalla. Nunca fue sanguinario. Siempre quiso acercarse al enemigo.

—P. Se afirma que Atahualpa llevó a un gran séquito a Cajamarca para impresionar a los españoles…

—R. Es cierto que les quiso impresionar, pero también es verdad que había desplegado alrededor de Cajamarca un gran ejército. Tenían la orden de capturar a todos los españoles en la refriega. El emperador lo tenía todo calculado. Atahualpa pensaba que, como eran muy pocos, sus hombres no tendrían problema en reducirlos y apresarlos.

—P. Entonces, ¿estaba seguro de que iba a vencer a los españoles?

—R. Sí. Él pensaba que, como eran tan pocos, podría terminar con los ellos sin dificultades. Se lo habían dicho sus capitanes y sus espías, que les habían estado espiando durante días. Estaba convencido de que les iba a vencer gracias al gran contingente que llevaban consigo.

—P. ¿Les causaban a los indígenas tanto miedo los caballos como se nos ha hecho creer?

—R. La verdad es que sí. En América los auquenidos eran los animales más grandes; por ello, el caballo les parecía una especie de monstruo. Cuando llegaron los españoles, al verlos sentados sobre los caballos, pensaban que eran todo lo mismo: un ser único, los centauros de la época. Les causaban verdadero pánico. Pero cuando vieron que no, que los que montaban aquellos animales eran hombres, empezaron a llamarles a estos hombres “viracochas” por ser blancos y barbados. Viracocha era un dios que, según la leyenda, se había marchado de la región y volvería tarde o temprano.

Pizarro parte hacia Cajamarca- Wikimedia

—P. ¿Realmente los españoles pensaban que, escuchando el “Requerimiento”, los nativos se rendirían?

—R. Bueno, no era cosa sólo de los españoles. El “Requerimiento” había sido ordenado desde el papado, desde Roma. Alejandro VI había repartido el mundo entre Portugal y España. A cada uno le había asignado una zona de conquista. Pero estableció que tenía que ser una conquista pacífica y que tenía que hacerse bajo un “requerimiento”, un documento en el que se les anunciaba que había una persona poderosa que, a partir de ese momento, era dueña de esas tierras, que ellos eran sus enviados y que debían someterse.

Realmente no tenía sentido, porque los aborígenes no entendían lo que se les decía, no dominaban el español y no conocían ni a ese dios del que les hablaban ni a esos hombres, ni al rey.

—P. ¿Cómo reaccionó Atahualpa cuando le entregaron la Biblia?

—R. La cogió y dijo enfadado: “este libro no habla”. Después lo tiró al suelo y gritó que no servía para absolutamente nada.

Pizarro llevaba un tiempo en ciudades cercanas a Cajamarca. Sus capitanes, sobre todo el capitán Soto, que estaba explorando el terreno, le dijo que estaba sucediendo una guerrera muy cruel entre Atahualpa y su hermano Huáscar. Los campos estaban casi plagados de cadáveres. Pizarro afirmó que acudiría a la zona a poner orden en nombre del rey de España.

—P. ¿Hubo una verdadera batalla en la plaza de Cajamarca?

—R. En la plaza hubo poca resistencia porque enseguida cayó la pared y empezaron a morir indígenas. Pero hay que tener en cuenta que Pizarro era un gran estratega. Había estado en los Tercios de Italia con el Gran Capitán y había aprendido tácticas con él. Esperó a que llegaran y, cuando estuvieron en el centro de la ciudad, hablaron con Atahualpa para que se aviniera, y, como no quiso, le atacaron. Al caer Atahualpa, sus guerreros se asustaron y empezaron a huir. Luego se produjo el desastre.

—P. ¿Su objetivo no era capturar a Atahualpa ni pedir un rescate por él?

—R. En principio no esperaba pedir un rescate por Atahualpa, no lo había pensado. Pero el emperador propuso que le dejasen en libertad a cambio de un gigantesco rescate. Dijo que llenaría dos habitaciones de riquezas a cambio. Al final, Pizarro aceptó. Mientras se llenaban los cuartos de oro y plata, el conquistador le tuvo como invitado. Atahualpa vivía en su casa.

Atahualpa es capturado- ABC

—P. ¿Entonces, era un prisionero?

—R. Más o menos. Los dos sabían que era un prisionero, pero Pizarro le trataba bien. Comía con él, se entretenían… De hecho, se ha elaborado una tesis en Estados Unidos que afirma que la primera persona de América que aprendió a jugar al ajedrez fue Atahualpa, y enseñado por Pizarro y sus capitanes.

—P. ¿Quería matarle?

—R. Pizarro no tenía intención de matar a Atahualpa. Sólo quería que éste cumpliese lo que había prometido, y luego darle la libertad.

—P. ¿Por qué, entonces, no le soltó?

—R. No se atrevió a soltarle porque le informaron de que había muchísimos guerreros enemigos cerca, y que él y sus hombres estaban en peligro. Más tarde, y pasados unos meses, les dijeron que les estaban cercando, que estaban en peligro y que iban a morir todos. Ese mismo día accedió a que se le hiciera un consejo de guerra a Atahualpa en el que sus capitanes, y especialmente los soldados de Almagro, decidieron que tenía que ser ejecutado.

—P. ¿Se negó Pizarro a que Atahualpa fuera ajusticiado?

—R. Pizarro no quería. Hasta el último momento se negó, pero le obligaron entre toda su gente. Le dijeron que, o moría Atahualpa, o morirían todos ellos. Pizarro no se lo creyó y mando espías para ver si era verdad que se acercaba aquel ejército; incluso espías aborígenes. Al final le dijeron que sí, que los capitanes de Atahualpa estaban preparando su ejército para rescatarle y que estaba muy cerca.

Atahualpa- Wikimedia

El «Requerimiento»

«De parte del muy alto e muy poderoso y muy católico defensor de la Iglesia, siempre vencedor y nunca vencido, el gran rey don Hernando el Quinto de las Españas, de las dos Çicilias, de Iherusalem y de las Islas e Tierra Firme del mar Océano, etcétera, domador de las gentes bárbaras, y de la muy alta y muy poderosa señora la reina Doña Juana, su muy cara e muy amada hija, nuestros señores, Yo, Pedrarias Dávila, su criado, mensajero y capitán, vos notifico y hago saber como mejor puedo:

Que Dios Nuestro Señor, uno y eterno, crió el cielo y la tierra y un hombre y una mujer, de quien nosotros y vosotros y todos los hombres del mundo fueron y son descendientes y procreados, y todos los que después de nosotros vinieren; mas, por la muchedumbre de la generación que destos ha sucedido desde cinco mill y más años que el mundo fué criado, fué necesario que los unos hombres fuesen por una parte y otros por otra, y se dividiesen por muchos reinos e provincias, que en una sola no se podían sostener ni conservar.

De todas estas gentes Nuestro Señor dió cargo a uno, que fué llamado San Pedro, para que de todos los honbres del mundo fuese señor e superior, a quien todos ovedeciesen, y fuese cabeça de todo el linaje umano donde quiera que los honbres viviesen y estubiesen, y en cualquier ley, seta o creencia y dióle a todo el mundo por su reino, señorío y jurisdicción.

Y como quier que le mandó que pusiese su silla en Roma, como en lugar más aparejado para regir el mundo, mas tanbién le permitió que pudiese estar y poner su silla en cualquier otra parte del mundo y juzgar y governar a todas las gentes, christianos, moros, judíos, gentiles, y de qualquier otra seta o creencia que fuesen.

A este llamaron Papa, que quiere decir admirable, mayor, padre y goardador, porque es padre y governador de todos los hombres. A este San Pedro obedescieron y tomaron por señor, rey y superior del universo los que en aquel tiempo vivían, y ansímismo an tenido todos los otros que después dél fueron al pontificado heligidos; ansi se ha continuado hasta agora y se continuará hasta que el mundo se acabe.

Uno de los Pontífices passados que en lugar deste sucedió en aquella silla e dignidad que he dicho, como señor del mundo, hizo donación destas Islas y Tierra Firme del mar Océano a los dichos Rey e Reyna y a sus subcessores en estos reinos, nuestros Señores, con todo lo que en ellas ay, segund se contiene en ciertas escripturas que sobre ello pasaron, segund dicho es que podeis ver si quisiérdes. Ansi que Sus Altezas son reyes y señores destas Islas e Tierra firme por virtud de la dicha donación; y como a tales reyes y señores, algunas islas más, y casi todas a quien esto ha seído notificado, han recibido a Sus Altezas y les han obedescido y servido y sirven como súbditos lo deven hazer; y con buena voluntad y sin ninguna resistencia, luego sin dilación como fueron informados de lo susodicho, obedecieron y recibieron los varones religiosos que sus Altezas les enbiaban para que les predicasen y enseñasen nuestra Santa Fee, y todos ellos de su libre agradable voluntad, sin premia ni condición alguna, se tornaron christianos, y lo son, y Sus Altezas los recibieron alegre y benignamente, y ansi los mandó tratar como a los otros sus súbditos y vasallos, y vosotros sois tenidos y obligados a hazer lo mismo.

Por ende, como mejor puedo vos ruego y requiero que entendais bien ésto que os he dicho, y tomeis para entenderlo y deliberar sobre ello el tienpo que fuere justo, y reconoscais a la Iglesia por señora y superiora del universo mundo y al Sumo Pontífice, llamado Papa, en su nombre, y al Rey y a la Reina, nuestros señores, en su lugar, como superiores e señores y reyes desas Islas y Tierra Firme, por virtud de la dicha donación, y consintais y deis lugar que estos padres religiosos vos declaren y prediquen lo suso dicho.

Si ansi lo hicierdes, haréis bien y aquello a que sois tenidos y obligados, y Sus Altezas, y yo en su nombre, vos recibirán con todo amor y caridad, y vos dexarán vuestras mugeres, hijos y haziendas libres, sin servidumbre, para que dellas y de vosotros hagais libremente todo lo que quisierdes e por bien tubierdes, y no vos compelerán a que vos torneis christianos, salvo si vosotros, informados de la verdad, os quisierdes convertir a nuestra santa Fee católica, como lo han hecho casi todos los vecinos de las otras islas, y allende desto, Su Alteza vos dará muchos previlejos y esenciones y vos hará muchas mercedes.

Si no lo hiciérdes, o en ello dilación maliciosamente pusierdes, certificoos que con el ayuda de Dios yo entraré poderosamente contra vosotros y vos haré guerra por todas las partes y maneras que yo pudiere, y vos subjetaré al yugo y obidiencia de la Iglesia y de Sus Altezas, y tomaré vuestras personas y de vuestras mugeres e hijos y los haré esclavos, y como tales los venderé y disporné dellos como Su Alteza mandare, y vos tomaré vuestros bienes, y vos haré todos los males e daños que pudiere, como a vasallos que no obedecen ni quieren recibir a su señor y le resisten y contradicen. Y protesto que las muertes y daños que dello se recrecieren sea a vuestra culpa, y no de Sus Altezas, ni mia, ni destos cavalleros que conmigo vinieron. Y de cómo lo digo y requiero, pido al presente escribano que me lo dé por testimonio sinado, y a los presentes ruego que dello sean testigos.

Fuente

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *