[Cur}– A los pájaros también les cuesta repartirse las tareas ‘en casa’

23/11/2016

Gonzalo López Sánchez

En el mundo animal, los machos y las hembras de pájaros también tienen que repartirse las tareas en casa.

Mientras que un miembro de la pareja busca comida, el otro tiene que cuidar de los huevos o de los pollos. Es el caso de las aves limícolas, un grupo que suele tener picos y patas largas y vivir junto a zonas húmedas. Suelen poner sus nidos en el suelo, así que para ellos compartir las tareas es una cuestión de supervivencia.

Un estudio publicado este miércoles en Nature ha hecho el análisis más profundo hasta la fecha de cómo logran repartirse las tareas los pájaros limícolas. A lo largo de 20 años de trabajo, investigadores de todo el mundo han analizado el comportamiento de 729 parejas de un total de 32 especies.

Los resultados han sido muy sorprendentes, porque el reparto es muy variado y además no suele estar sincronizado con la duración de los días. Otra cosa llamativa es que lo que más influye a la hora de que estos pájaros se repartan las tareas es el peligro de los depredadores.

«Intentamos analizar qué factores influyen en la forma que tienen los padres de repartirse las tareas en el cuidado de las descendencia», ha explicado a ABC Jordi Figuerola, investigador en la estación biológica de Doñana (CSIC) y uno de los autores del estudio.

Y el principal resultado que han obtenido es que la forma de repartirse el trabajo depende de la estrategia que los pájaros usan para defenderse de los depredadores. Si esquivan a los atacantes simplemente camuflando sus nidos y permaneciendo quietos encima de su prole, machos y hembras pasan largos «turnos de guardia» sobre sus crías. Si en vez de eso prefieren distraer o amenazar a sus atacantes, las parejas prefieren los turnos más cortos. «El motivo es que los depredadores pueden detectar muy fácilmente el cambio entre el padre y la madre», ha dicho Figuerola.

No siempre hay igualdad

Hay mucha variedad entre las especies, pero en general no se puede decir que machos y hembras hagan un reparto equitativo de su trabajo, en opinión de Figuerola. En realidad, cada pareja es un mundo y adopta su propia dinámica. Hay dúos donde el macho cuida más de la prole, y otras donde la hembra lleva la voz cantante.

Tal como ha analizado el estudio, dirigido por Martin Bulla, investigador del Instituto de Ornitología Max Planck (en Alemania), esta diversidad de estrategias permite que la duración de los turnos de cuidado sean muy variados: hay pájaros que solo están una hora seguida incubando sus huevos y otros que pasen más de 50 horas en su puesto.

Hacer una guardia tan larga puede ser un problema para un animal pequeño que necesita comer cada poco tiempo. Pero, según estos científicos, no son los requerimientos energéticos sino la estrategia frente a los depredadores lo que claramente determina cómo cuidarán estas aves a sus descendientes. «Acaba mandando el riesgo de depredación. Si te depredan el nido se acaba todo. Así que intentan minimizar a toda costa este peligro», ha explicado Figuerola.

Heredar las costumbres

Aún así, este estudio también ha corroborado que las especies más próximas de aves siguen estrategias similares, puesto que suelen compartir un lugar y un modo de vida. Hasta cierto punto, por lo tanto, estas «costumbres» de pasar más o menos tiempo en el nido se heredan, y forman parte del los ritmos biológicos característicos de cada animal.

Pero ha habido otro hallazgo que ha sorprendido a los científicos: tan sólo el 22% de las parejas siguen un ritmo sincronizado con las 24 horas de cada día. Esto es llamativo, porque se suele considerar que la sincronización de los ritmos internos de los animales con los ritmos del planeta (estaciones y paso del día a la noche) es una gran ventaja.

Para Figuerola, la explicación a esto se encuentra en que muchos de los pájaros analizados viven en latitudes bajas, donde pasan días de más de 18 horas de duración, y que por lo tanto le quitan importancia al ciclo habitual de 24 horas.

Sea como sea, si este estudio ha sorprendido a los científicos es por la gran variedad de estrategias de cuidado de crías que ha permitido observar. Gracias a una gran cantidad de datos y de observaciones hechas en el medio natural, la variedad observada ha dejado muy atrás a la que se intuía después de hacer estudios en entornos controlados.

El chorlitejo patinegro (Charadrius alexandrinus)- “Mike” Michael L. Baird

El representante de la pareja española, el sufrido chorlitejo patinegro

Uno de los pájaros que ha sido estudiado en este estudio vivía cerca del río Llobregat. Y vivía porque, según ha explicado Jordi Figuerola, investigador en la estación biológica de Doñana (CSIC), la población analizada de esta especie desapareció cuando unas obras de ampliación del puerto de Barcelona desviaron el cauce del río.

A pesar de todo, las poblaciones que viven en otros lugares siguen recordando lo preciosa que es cada especie en la Naturaleza.

Los chorlitejos tienen unos huevos muy manchados que suelen poner en zonas de arena. La hembra es blanca y marrón, y los machos son un poco más oscuros, gracias a varias manchas negras. Parece que la pareja de chorlitejos se reparte el cuidado de sus crías en función de sus colores: las hembras más claras incuban los huevos durante el día, pero los machos lo hacen durante la noche.

«Pero en realidad no hay igualdad», ha explicado Figuerola. El reparto de tareas «depende de cada pareja»: Por eso, en algunas es el macho quien más arrima el hombro, pero en otras es la hembra.

Aparte de esto, la amenaza de los depredadores también afecta a cómo se comportarán las parejas. Si hay muchos depredadores, las parejas de chorlitejos suelen ser monógamas. Pero si la situación es más tranquila, hay machos poligínicos (están con varias hembras) y a veces también hay hembras poliándricas (una misma hembra se reproduce con varios machos). En este caso, ellas sólo pueden cambiar de pareja una vez que los huevos eclosionan.

Todos estos equilibrios no siempre aseguran la supervivencia. Como siempre, existen varias amenazas en forma de perros, urracas, gatos y gaviotas, así que los chorlitejos tienen que defenderse. Lo que hacen, tal como ha dicho Figuerola, es fingir que están heridos. Con la intención de evitar que un animal se coma sus huevos, fingen que una de sus alas está rota y comienzan a piar con aparente desesperación. Pero cuando el depredador burlado se acerca hasta ellos, los chorlitejos salen volando.

Esta inteligente estrategia no sirve para luchar contra un nuevo enemigo: las máquinas limpiadoras de las playas. La presión del hombre ha puesto a este animal en peligro, y por eso hoy en día se la considera como especie vulnerable.

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