[SE}– ¿Por qué se equivocan las encuestas?

24/11/2016

Irene Hdez. Velasco

Hasta hace sólo unos días, Arie Kapteyn era el hazmerreír de los profesionales de las encuestas.

Era un carcamal anticuado del que todos se mofaban porque andaba por ahí haciendo unos sondeos disparatados y completamente a contracorriente que arrojaban escenarios tan impensables como que Donald Trump sería el 46 presidente de los Estados Unidos de América. Menudo chiflado…

Evidentemente, desde el pasado día 08 ya nadie se ríe de Kapteyn, quien se ha convertido en un referente de la demoscopia, la Ciencia que trata de medir las opiniones y comportamientos humanos mediante sondeos de opinión. Porque ese viejo profesor de economía de la Universidad de California del Sur ha sido el único que, con sus encuestas para el diario Los Angeles Times, ha sido capaz de prever la victoria de Trump.

Ningún otro de los grandes medios de comunicación estadounidenses acertó en sus pronósticos; todos patinaron estrepitosamente al dar como ganadora a Hillary Clinton.

Pero ésta no es la primera vez que los sondeos se equivocan. Las empresas de demoscopia encadenan desde hace meses varios clamorosos errores.

1. Metieron la pata hasta el fondo cuando pronosticaron que, en el referéndum del Brexit de julio pasado, ganarían los partidarios de que el Reino Unido permaneciera en la Unión Europea.

2. Erraron de cabo a rabo cuando dieron por sentado que, en octubre, la mayoría de los colombianos respaldarían el acuerdo de paz negociado entre el Gobierno y los guerrilleros de las FARC.

3. Se confundieron de lleno cuando pronosticaron que, en mayo del año pasado, David Cameron no sería reelegido primer ministro británico.

4. Fallaron a lo grande en las últimas elecciones generales en España, cuando anunciaron que Podemos adelantaría al PSOE y que, gracias a ese sorpasso, se convertiría en el segundo partido del país.

5. Acaba de suceder también con Nicolas Sarkozy, que ha perdido las primerias de la derecha francesa.

6. Y se estrellaron ruidosamente al ser incapaces de predecir la victoria de Donald Trump en las recientes elecciones presidenciales estadounidenses.

“Es una absoluta exageración decir que últimamente los sondeos están fallando mucho, no es verdad. En el mundo existen alrededor de 600 empresas que los hacen casi a diario, miles de sondeos al año, y la mayoría aciertan, pues hay estudios que muestran que alrededor del 90% dan en el blanco. En Estados Unidos, por ejemplo, han acertado rotundamente”, sostiene José Juan Toharia, director de Metroscopia, argumentado que, en los días previos a la votación, los sondeos daban a Hillary Clinton una ventaja de entre 1 y 2 puntos sobre Trump.

“Y, efectivamente, la candidata demócrata ha ganado en número de votos. Lo que ocurre es que, en Estados Unidos, el presidente no se elige directamente mediante voto popular, sino que son los delegados de los estados los que lo hacen. Pero los sondeos han acertado: decían que Hillary iba a tener más votos y los ha tenido”.

Portadas británicas tras el referéndum que aprobó el ‘Brexit’ DANIEL SORABJIAFP PHOTO

Lo mismo opina José Miguel de Elías, director de Investigación y Análisis de Sigma Dos. “Los sondeos en Estados Unidos decían que Hillary sacaría más votos, y los ha sacado”. Sin embargo, admite que las encuestas no han hecho diana al vaticinar quién sería el ganador en cada uno de los distintos estados, lo que desencadenó que pronosticaran que las llaves de la Casa Blanca irían a manos de Hillary.

“Las mejores encuestas a nivel estatal o regional se hacen con muestras de 400 o 500 personas. Y en estados como Florida o Pennsylvania, en los que Trump se ha anotado la victoria por una mayoría muy estrecha, con muestras así de reducidas no es fácil acertar”, añade de Elías, quien también reconoce que las encuestas, con frecuencia, tienen problemas a la hora de recoger con toda su intensidad los cambios de tendencia muy rápidos.

Así, explica, tras los comentarios machistas de Trump, las encuestas mostraron una subida importante del apoyo a Hillary Clinton. “Pero en los últimos días ambos candidatos se igualaron. Ese movimiento se detectó, las encuestas mostraron cómo la distancia entre ambos candidatos se estrechaba, y que Hillary, que iba siete puntos por delante de Trump, reducía su ventaja a 1-3 puntos. Pero ese movimiento no se detectó con toda su intensidad porque es muy difícil”, afirma.

Para Ignacio Urquizu, sociólogo y experto en análisis político, lo que ha ocurrido en Estados Unidos es sobre todo que ha habido una infraestimación del fenómeno Trump. “Y cuando hay una infraestimación suele ser porque hay voto oculto, gente que no quiere decir a quién va a votar porque es consciente de que esa opción está socialmente mal vista”.

El método del éxito

Esa premisa es precisamente la que ha permitido a Arie Kapteyn anotarse el golazo de haber sido el único en dar la victoria a Trump. “Si hemos acertado ha sido por el método que hemos empleado para los sondeos”, destaca el héroe del momento.

Un método especialmente diseñado por él y otros expertos de la Universidad de California del Sur después de percatarse de que, con los métodos tradicionales, como las llamadas telefónicas, muchos votantes habrían ocultado que pensaban marcar en la papeleta el nombre de Donald Trump.

Para evitar precisamente que esos votos se les escaparan de los sondeos, Kapteyn y su equipo echaron mano del método más antiguo: enviaron a todos los estados uaseños miles de cartas con un cuestionario en su interior acompañado de un billete de cinco dólares. Y a quien respondiera las preguntas se le premiaba con otros 15 dólares. Una práctica que, según Kapteyn, es perfectamente lícita, porque participar en un sondeo requiere tiempo, y quienes aceptan hacerlo se sienten además más responsables al ser retribuidos económicamente por ello.

Pablo Iglesias, durante el pleno del Congreso de los Diputados el pasado día 22 de noviembre. ALBERTO DI LOLLI

De ese modo, seleccionaron una muestra de unas 3.000-4.000 personas a las que siguieron durante 2016. Una muestra representativa de todo el electorado, compuesta por personas que viven en perdidas zonas rurales y que no habían usado nunca un computador, y también jóvenes hiperconectados las 24 horas del día.

Como para entonces ya estaban absolutamente convencidos de que muchos de quienes pensaban votar por Trump jamás lo admitirían públicamente, decidieron recurrir a internet para poder mantener el anonimato de los seleccionados para participar en el sondeo. Y a quien no tenía un computador en casa, o una línea de banda ancha a su disposición, le regalaron una tableta y una suscripción a internet.

Y aún más: a diferencia de las otras encuestas, que seguían realizando la clásica pregunta de “¿Usted a quién va a votar?”, el sondeo de Kapteyn para Los Angeles Times no pedía a los encuestados que eligieran entre uno u otro candidato, sino que indicasen en una escala del 0 al 100 cuál era la probabilidad de que votasen por Donald Trump, por Hillary Clinton o por otro candidato.

El sondeo también preguntaba a los participantes cuál era la probabilidad de que fueran a votar o de que ese día se quedaran en casa. Y, gracias a todo eso, lograron ver lo que los demás sondeos no vieron: que Trump era el que más posibilidades tenía de ganar.

Una legión de indecisos

Pero, según los expertos, no se trata sólo de que haya habido voto oculto, sino también de que hay una legión de indecisos. “Vivimos una fase de crisis política, de crisis de representación, en la que hay muchos huérfanos políticos, mucha gente que no se siente representada por ningún partido. Esa cifra llegó a tocar en España, en 2014, el 55%, multiplicando directamente por dos la que era habitual. Es gente que no sabe a quién votar, porque no se siente representada por ningún partido. No es que mientan, es que realmente no saben a quién votar”, subraya Urquizu.

También José Miguel de Elías destaca que, si las encuestas han fallado, ha sido en parte porque los partidarios de Trump eran conscientes de que su opción estaba socialmente mal vista. “Y, para evitar esa vergüenza, muchos, no es que mintieran, es que declinaban participar en las encuestas. En un escenario muy ajustado, en una situación casi de empate al 50%, el no recoger el voto de esa gente puede llevar a patinar”.

Con el agravante de que, a decir del director de Investigación y Análisis de Sigma dos, cada vez más vivimos en sociedades profundamente divididas casi al 50%, sociedades partidas en dos. “Lo hemos visto en las recientes elecciones en Estados Unidos, en el Brexit o en España. Y eso hace más difícil las encuestas”.

El mundo cada vez es más complicado. “La sociedad cada vez es más compleja, registra una explosión de pluralidad que hace que cada vez sea más difícil captar la realidad. Por ejemplo: dos personas de la misma edad, del mismo sexo, del mismo nivel de estudios, del mismo barrio y con salarios similares pueden votar cosas completamente opuestas. En los años 80, sin embargo, no eran habituales esas diferencias”, precisa Toharia.

Los expertos subrayan asimismo cómo los sondeos no son predicciones al milímetro de lo que va a pasar. “Recogen un estado de ánimo, y punto. Y ese estado de ánimo puede cambiar desde que se realiza la encuesta hasta el momento en que tiene lugar la votación. Además, podemos fallar en la interpretación”, en palabras del director de Metroscopia. “Las encuestas no son bolas de cristal. El futuro no lo escriben los sondeos sino las personas”, remacha Urquizu.

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