[SE}– ¿Cuándo se sabe que una relación amorosa ha terminado?

29/11/2016

Isabel Serrano Rosa

La ilusión es la brújula que nos guía hacia nuestros sueños.

Y es también lo primero que se pierde cuando una relación se dispone a bajar el telón.

En su lugar aparecen el tedio, la indiferencia, la tristeza e incluso la depresión. Es un proceso gradual, a veces tan sutil que no nos damos cuenta. Un día, quizás hoy, tome conciencia de que no tiene ganas de llegar a casa, ni de compartir su día a día; las mariposas en el estómago de antaño se han transformado en un nudo en la garganta que le impide hablar y volver a decir “Te quiero”.

Ese día, tal vez se percate de que su “él” o “ella” no ha dado señales de vida. y se da cuenta de que se siente muy solo. Los pensamientos y los recuerdos que vienen a su mente han dejado de hacerle sonreír para convertirse en una retahíla de reproches, quejas y malos recuerdos. No hay muestras de amor, ni de enfado, sólo desgana y apatía.

Parece que su bonita historia de amor compartida está a punto de echar el cierre. Es el momento de las preguntas: ¿Tiene solución? ¿Podemos afrontar los cambios? ¿Qué me aporta esta relación? ¿Qué aporto yo? ¿Lo que me gusta de él/ella es más que lo que me decepciona? ¿Hasta cuándo intentarlo sin caer en el autoengaño? 

Son preguntas que necesitan respuesta. El dolor de una ruptura afectiva es tan elevado que hay que tomarlo en serio. Algunos estudios hablan de que el duelo por una relación de siete años de convivencia puede durar más de dos años. Freud lo definió como “un duelo sin final definitivo” porque el ser que una vez amamos, al contrario de las pérdidas por muerte, puede aparecer en cualquier momento. 

Las expectativas de un nuevo comienzo hacen parte del proceso y pueden alargar la ruptura. Donde hubo fuego quedan rescoldos, pero ¿hasta cuándo? ¿Cómo saber que una relación se ha acabado?

Pruebe el siguiente experimento: imagine que puede hacer un viaje en el tiempo hacia el hogar de su futuro, puede ver su casa, la decoración, escuchar música o ver un libro que le evoca buenos momentos, fotos de los seres queridos y recuerdos de los viejos tiempos, y, ahora, observe quién le acompaña. ¿Tiene al lado a su pareja?

El triángulo del desamor

Según el modelo de Sternberg de terapia de pareja, tres variables definen una relación sana: el nivel de compromiso, de intimidad y la pasión.

El compromiso. Significa tener los mismos objetivos y luchar al unísono para conseguirlos. Hay temas importantes, como cuántos hijos se desean, dónde vivir, manejo de las finanzas… temas en los que ambos han de nadar en la misma dirección. Cuando hay diferencias graves en estos temas, si no hay planes de futuro, la relación es un esfuerzo y se deja de ser un equipo. 

¿Aparece esa persona en la foto de su futuro? ¿Sale usted en la de su compañero? Si la respuesta es “no” es posible que uno (o ambos) desee dar marcha atrás y volver a la casilla de salida.

La intimidad. La relación es auténtica cuando se comparte la misma filosofía de vida, se puede hablar de cualquier tema, sentir y disentir. Las palabras de valoración entre los miembros de la pareja son el índice más significativo de felicidad en la relación.

Observe cómo habla y cómo le hablan, cómo piensa en él/ella cuando está a solas. Pocos pensamientos o palabras de reconocimiento son un indicativo de que la relación hace aguas. Si, además, empieza a haber secretos y mentiras, si teme sus respuestas, la relación sufre por falta de confianza.

¿Puede usted ser con su pareja la persona que realmente es? Si su contestación es «no», está fallando su comunicación.

La pasión. La pareja necesita intercambiarse cariño, gozar de una sexualidad apropiada para ambos, compartir ocio y emociones positivas. Algunas parejas han llegado a ser amigos que ni siquiera se tocan, o bien, han cambiado la pasión por la comodidad, o prima la infidelidad. Si hay frialdad o faltan caricias, besos y palabras cariñosas puede que su relación se haya congelado. ¿La foto de su futuro tiene recuerdos de su pareja?

Si la relación está dañada en estas tres variables, tiene los pies de barro, y quizás sólo les une el cariño. Si son dos, han de entrar en cuidados intensivos, pero pueden seguir adelante si ambos se comprometen en ver sus errores y no culpar al otro. Si está afectada en un solo aspecto necesita atenciones, pero tiene buen pronóstico si se disponen a cambiar lo que no funciona y a aceptar lo que no se puede cambiar.

Marta y Julián acudieron a consulta por dificultades sexuales. Parecía que su problema estaba localizado en la falta de deseo, pero se les veía muy comprometidos y se divertían juntos. A lo largo de la terapia salieron a la luz las dificultades para comunicar de Julián. 

Además, Marta era una mujer muy impulsiva, pedía apoyo, pero le costaba acompañar a su compañero emocionalmente. Tiempo después ella quiso comprar un piso juntos, pero él no se veía en la foto con ella. Un día Julián le dijo a Marta que ya no la quería como antes. Fue su forma de decirle que también se había roto el compromiso.

Decir adiós

Las rupturas son los accidentes de tráfico emocionales. La autoestima de la persona marca la diferencia. Si es fuerte y confían en sus capacidades podrán salir fortalecidos de esta etapa de duelo que inevitablemente pasará por momentos de gran tristeza, rabia, incredulidad e incluso regateo con la realidad para reavivar la llama.

Si desea terminar su relación con el menor dolor posible, haga lo siguiente: cada vez que su pareja le venga a la mente, deséele, con toda la sinceridad que le sea posible, que las cosas le vayan bien, y luego busque los pequeños regalos que la vida ofrece, las cosas bellas que la existencia nos da día a día. Recuerde que a veces una ruptura significa regalar y regalarse la libertad.

Fuente

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *