[Cur}– Las hormigas usan el boca a boca para dirigir el futuro de su colonia

29/11/2016

Pilar Quijada

No hablan, que sepamos, pero eso no significa que no puedan comunicarse entre ellas.

Algo obvio, ya que se trata de insectos sociales. Y quizá lo sorprende es la forma en que lo hacen, practicando la trofalaxia, un mecanismo común a otros insectos sociales, mediante el cual se alimentan unas a otras.

Para ello las hormigas cuentan con dos estómagos. Además de uno normal, tienen otro social, un buche que se dilata mucho y permite el transporte de gran cantidad de alimento líquido hasta el hormiguero, ya que carece de enzimas digestivas. Para llevar a cabo esta práctica, dos hormigas se colocan en una postura muy típica, cabeza con cabeza, aproximando sus mandíbulas. Gracias a esta pauta de boca a boca, unas pocas obreras salen al exterior para recolectar el alimento que llevarán a todo el hormiguero.

Pero esta labor rutinaria podría tener “segundas intenciones” e ir más allá de la mera alimentación. Al parecer, los líquidos que se transmiten boca a boca estos insectos sociales contienen también proteínas y moléculas pequeñas que pueden influir en el desarrollo y organización de sus colonias, de acuerdo con los nuevos hallazgos realizados por investigadores de la Universidad de Lausiana, que se publican en la revista eLife.

La mayoría de los estudios consideran que la trofalaxia es únicamente un medio para intercambiar alimentos, sin embargo, también tiene lugar en otros contextos. Y este trabajo, llevado a cabo con hormigas carpinteras de Florida (Camponotus), sugiere que la composición del “boca a boca” difiere en la cantidad de hormonas y proteínas dependiendo de la etapa por la que pasa el hormiguero, lo que varía el mensaje químico que se transmite a las larvas y condiciona su desarrollo.

Un hormiguero está compuesto en su mayoría de obreras, que se reparten los trabajos: construir y reparar túneles y las salas, salir a buscar alimento, mantener limpio el hormiguero, cuidado de las crías. Unas pocas se encargan de atender a la reina, llevándole el alimento y recogiendo los huevos que ella va poniendo para entregárselos a las cuidadoras. Sólo cuando el hormiguero está maduro, aparecen los machos, cuya misión es fecundar, antes de que acabe su efímera vida, a las jóvenes hormigas aladas.

En todos estos contextos la trofalaxia podría ser también fundamental. “Ocurre en otros contextos, como cuando una hormiga se reúne con sus compañeros de nido después de un aislamiento. Por lo tanto, queríamos ver si el líquido intercambiado mediante el boca a boca contiene moléculas que permiten a las hormigas pasar mensajes químicos entre sí, más allá de la mera alimentación”, explican los investigadores.

Para responder a esta pregunta analizaron el líquido de pares de hormigas que se dedicaban a la trofalaxia.

Sorprendentemente, identificaron un gran número de proteínas que parecen estar implicadas en la regulación del crecimiento, junto con altos niveles de la hormona juvenil, un importante regulador de desarrollo de los insectos, la reproducción y el comportamiento.

Eligiendo destino

“Cuando las hormigas alimentan a sus larvas, no sólo les están dando nutrientes, también están decidiendo su futuro mediante la administración de diferentes cantidades de componentes que influyen en el crecimiento de la próxima generación”, argumenta.

La hormona juvenil y otras moléculas contenidas en el fluido que se transfieren mediante el boca a boca podría ser utilizada para decidir colectivamente cómo se desarrollará la colonia, explican los investigadores. “Los efectos de la hormona juvenil observados son consistentes con estudios previos en otras especies de hormigas y en las abejas, donde las larvas tratadas con un análogo de esa hormona tienden a convertirse en obreras de mayor tamaño, con función defensiva, e incluso reinas.”

Además, cada hormiguero tiene un olor característico, mediante el cual se reconocen sus habitantes y que les permite detectar a los intrusos. Junto con las proteínas de crecimiento y la hormona juvenil, el equipo también identificó pequeñas moléculas y señales químicas en el líquido trofaláctico de las hormigas carpinteras, que ayudan a reconocer a sus compañeros de nido.

El trabajo ha demostrado por primera vez la presencia de señales químicas en el fluido que se sabe que son importantes para proporcionar un olor característico a la colonia, que les permite distinguir a los individuos familiares de los que no lo son.

“Este trabajo muestra que el líquido que se transmiten las hormigas contiene mucho más que la comida y las enzimas digestivas. Nuestros hallazgos sugieren que la trofalaxia es un canal de comunicación privada que las hormigas usan para dirigir el desarrollo de sus crías, algo parecido a lo que ocurre con la leche materna en los mamíferos”, explican.

Este descubrimiento abre la puerta a especulaciones de lo que podría ocurrir en otras especies de animales, incluida la nuestra: “De manera más general, esto abre la posibilidad de que el intercambio oral de fluidos, tales como saliva, en otros animales también podría servir papeles antes insospechados”.

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