[SE}– Las mentiras sobre Pearl Harbor del aviador nipón que gritó ‘Tora! Tora! Tora!’

07/12/2016

Jesús García Calero

El caso del teniente Mitsuo Fuchida bien merece una novela.

Porque este héroe de guerra japonés, que comandaba la escuadra de aviones que atacó Pearl Harbor el 07 de diciembre de 1941, tiene también muchos puntos oscuros aunque apasionantes, y es en buena parte responsable de lo que sabemos de aquel día.

Pero se ha demostrado que faltó a la verdad en relevantes detalles de sus memorias de los hechos. ¿Por qué? La respuesta es compleja, como él, sin duda, debió serlo.

Es cierto que Mitsuo Fuchida (1902-1976) era un aviador experimentado que dirigió desde el aire el ataque aéreo a Pearl Harbor hoy hace 72 años. Él fue, precisamente, el encargado de enviar el mensaje por radio: Tora! Tora! Tora! (Tigre, tigre, tigre, lo que significaba que habían pillado al enemigo por sorpresa).

También es cierto que fue el estratega encargado de recontar los daños causados en el ataque a la flota estadounidense del Pacífico. De hecho, Fuchida consignó en un mapa dibujado a mano todos esos daños, un mapa fidedigno que en 2013 se subastó en Nueva York por 445.000 dólares.

Un hombre y sus contradicciones

Pero su figura está llena de contradicciones. Siempre ha escrito —y tiene publicadas varias obras sobre su participación en la guerra del Pacífico— que discutió violentamente (“fue una discusión amarga e iracunda”) con el almirante Cuichi Nagumo cuando volvió desde Pearl Harbor al portaviones Akagi.

Según su propio relato, tenía la convicción de que el golpe asestado a la Armada de EE.UU. no sería eficaz sin enviar una tercera oleada de aviones para destruir las inmensas provisiones de combustible que almacenaban en la isla estadounidense, y que aseguraban el mantenimiento de una flota durante el conflicto en el inmenso océano. Fuchida cuenta que lo pensó durante su viaje de regreso, después de sobrevolar la base para cerciorarse del daño causado.

Mentiras «made in Hollywood»

No parece muy probable que un almirante como Nagumo pudiera tolerar sin consecuencias una discusión tan desagradable con un oficial de grado tan inferior y, encima, el día en el que se brindaba por la victoria recién obtenida. Es más que improbable, y, sin embargo, todos hemos visto esa escena… en el cine.

El problema es que Fuchida asesoró militarmente durante el rodaje de la célebre película “Tora! Tora! Tora!” (también en “La batalla de Midway”) a los responsables de la producción, que necesitaban contar con un relato preciso de lo acontecido en las filas niponas.

Pero más que preciso, Fuchida se demostró lleno de talento para el adorno, para añadir unas gotas de drama que, por poco, no pasaron a la Historia como hechos ciertos. Quien acudió a las fuentes documentales japonesas para desmentirle fue Jonathan Pashall, un historiador que publicó “El cuento de los tres embustes” sobre Fuchida, y era el autor, junto a Anthonyu Tully, del libro sobre la batalla de Midway que reveló todos estos fallos.

De hecho, Pashall cuenta que el aviador más tarde elaboró otro relato según el cual no atacaron los depósitos de combustible de Pearl Harbor porque querían utilizarlos más adelante en la guerra después de la invasión de Oahu, en Hawaii. Los documentos desmienten la existencia de estos planes de invasión en 1941.

Porque lo increíble es que, incluso los historiadores navales useños, sucumbieron durante décadas ante el relato en primera persona de Fuchida en los varios libros publicados. La atención mediática y el impacto del cine bélico transformaron su versión en verdad incontestable, y sus relatos pesaron más que la investigación histórica.

La visión popular (y nacional) useña del conflicto pendía de esas películas, de esos relatos y, de hecho, una persona como Fuchida, con esa capacidad para influir, se convirtió en el amigo público y celebrado de Estados Unidos.

Es llamativo ver esta intervención suya en la televisión, en el programa de Merv Griffin en 1965, en el que se le pregunta por los días de la Guerra Mundial y sobre cómo se produjo su cambio en favor de la paz entre ambos pueblos. En el vídeo cuenta algunas de las peripecias, dignas de una novela, que le llevaron a vivir en EE.UU., a ese estudio televisivo y a convertirse en pastor evangelista y predicar por América, donde tuvo dos hijos.

¿Por qué sus invenciones tuvieron tanto éxito? Hay quien piensa que ofreció al inconsciente colectivo useño justo lo que necesitaba, conectó con esa visión mítica de sus batallas, muy arraigada en la nación: la de los desvalidos valientes que prevalecen contra todo pronóstico.

Fuchida alimentó su presencia en la vida pública useña no sólo con su asesoramiento bélico-cinematográfico y sus gotas de drama, también ofreció a su antiguo enemigo un sentido para tanto sacrificio: se convirtió al cristianismo y predicó por todo el país.

Él contaba cómo se convirtió cuando vivía en Tokio y leyó un panfleto que relataba la vida de un piloto useño derribado, Jacob Daniel DeShazer, que fue apresado en 1940 y que odiaba con toda su alma a Japón por los largos meses de torturas y el maltrato recibido como prisionero. Después de la guerra, DeShazer se había convertido y se fue como misionero a Japón porque “la Biblia había transformado todo mi odio en amor”.

Fuchida le dio la réplica, a pesar de que siempre había sentido su papel en la guerra como parte de su deber de soldado, sin odio contra EE.UU. que alimentase una redención comparable. Pero su conversión y su prestigio como pastor le dieron relevancia pública, le convirtieron en ejemplar y le permitieron escribir libros como “Desde Pearl Harbor al Gólgota”.

Midway, a medio camino de la mentira

La verdad y la mentira conviven también en el relato de la batalla de Midway que Fuchida dejó escrita y que se filmó poco después en una de las principales películas de aquellos años. Los historiadores han podido demostrar que el hundimiento del buque insignia de la flota nipona, el Akagi, no se produjo con los aviones en cubierta y a punto de despegar para el contraataque, como él indicó.

Pero su relato estaba publicado en inglés, y los documentos originales fueron manuscritos en japonés y microfilmados. Da que pensar sobre la autenticidad de las fuentes y la relevancia de los testimonios personales.

Y Fuchida se hizo gran amigo del gran historiador Gordon Prange, cuyo libro sobre la batalla de Midway fue un bestseller imbatible. Sus detalles, algunos falsos, que proceden del relato de Fuchida, se repitieron durante 50 años hasta que otra generación de historiadores fue a ver los microfilms. El resultado es que el conocimiento de esa batalla decisiva fue erróneo durante décadas de negligente práctica historiográfica.

El día de la rendición… a la evidencia

La tercera gran mentira de Fuchida es, tal vez, la más llamativa: aseguró que estaba a bordo del USS Missouri el día de la firma de la rendición de Japón. Prange lo incluyó en uno de sus libros, como un hecho cierto, pero Fuchida no era parte de la delegación de rendición nipona y, además, no existe documento que pruebe su presencia en el buque insignia de la US Navy.

Ni hay motivo para pensar que un oficial de “enlace” de última hora fuera invitado a un espacio ocupado por la oficialidad useña y una pequeña delegación que fue muy fotografiada.

Sea como fuere, Fuchida se mantuvo en primera línea durante muchos acontecimientos de la Historia. De hecho, en Midway resultó herido y la Armada nipona le retiró a un puesto en Tokio durante el resto de la guerra.

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