[Cur}– Karim Husein, el ‘faraón’ de El Cairo que se alimenta de cristales y tachuelas

08/12/2016

Francisco Carrión

En el humilde barrio cairota de Imbaba reina un “faraón” capaz de meterse entre pecho y espalda ese insólito banquete.

“Me llaman faraón porque tengo la fuerza de los monarcas de la Antigüedad —proclama Karim Husein mientras su figura corpulenta se abre paso por las callejuelas sin asfaltar del arrabal—. Todo comenzó de un modo fortuito. Descubrí el don a los ocho años. Recuerdo que estaba tomando un vaso de leche cuando el recipiente se quebró entre mis dedos. No me di cuenta y seguí bebiendo pensando que aquellas pequeñas piezas eran azúcar. Desde aquel instante ha sido como una adicción”.

Durante años, sin embargo, su afición por el vidrio fue un secreto que guardó con celo. “Mis padres me llevaron al médico. Me realizaron algunas pruebas, y los doctores aseguraron que tenía un cuerpo diferente al resto, que toleraba la ingesta de cristales y metal. Fue entonces cuando mi familia me hizo prometerles que no diría nada a nadie de mis cualidades para no despertar envidias”.

Karim terminó rompiendo el pacto cuando a los 19 años abandonó los campos de su Asiut natal, a unos 320 kilómetros al sur de El Cairo, y se instaló en la caótica megalópolis egipcia.

“Tuve un problema mientras realizaba el servicio militar, y acabé en la cárcel. Después de todo aquello, decidí exhibir mi fuerza sobrenatural”, relata quien, desde su paso por la trena, no ha parado de mostrar su desconcertante facultad. Sin que el dolor asome por su rostro, el “faraón” de Imbaba es capaz de arrastrar con los dientes un camión o levantar un banco de madera maciza.

“Desde que lo descubrí me he alimentado de vidrio, cuchillas y carne cruda. Y no sólo recurro a los cristales como comida. También me lavo con ellos la cara”, detalla este modesto empresario de la construcción que se ha recorrido los platós de las televisiones locales presumiendo de atributos.

Las botellas de refresco y el vidrio de los coches son su manjar preferido, materias más asequibles que los alimentos cuyos precios ha disparado la inflación. “Es una opción más económica. El kilo de carne ya está por encima de las 100 libras (unos cinco euros)”, bromea el grandullón.

Según sus cálculos, deglute entre tres y cuatro vasos para desayunar, aunque siempre está abierto a darse algún que otro capricho. “En una ocasión, estando con el barbero en su peluquería, le quité la navaja y me la comí”, rememora. En su inusual dieta tampoco faltan el agua hirviendo, que, según su testimonio, ingiere sin la más leve quemadura, y un estricto y perenne estado de vigilia. “No duermo ni siquiera cinco minutos. Soy el hombre con más tiempo del mundo”, se jacta con fanfarronería.

Sostiene Karim que lo más insólito de su pasión es que corre por sus genes. “Tengo dos hijos, de cuatro y ocho años, y les sucede lo mismo que a mí”, comenta antes de que uno de sus vástagos haga la prueba ante la mirada atenta de sus vecinos.

“Me di cuenta porque, cada vez que les dejaba solos, en casa desaparecían los vasos y la carne del frigorífico”, dice entre risas”.

En sus demostraciones públicas —convertidas en un breve paréntesis a la mísera existencia del populoso distrito—, el ‘faraón’ también trata de apuñalarse en su torso desnudo; camina por un suelo cubierto de cristales; tritura un puñado de tachuelas como si mascara chicle, y resiste los golpes del mazo que rompe en pedazos un bloque de hormigón colocado sobre su pecho. De todas las fechorías a las que se somete sale indemne, sin apenas inmutarse.

“Es algo portentoso. Ni el mismísimo jeque de Al Azhar [la institución más prestigiosa del islam suní] ha hallado explicación a lo que hace Karim”, murmura su hermano Kamal, sentado en el pequeño local donde, impermeable a la fatiga, el habitante más ilustre de Imbaba despliega su repertorio.

Su porte invencible que ya ha exhibido en varios países del Golfo Pérsico y ha creado escuela en la tierra de los faraones, no ha logrado aún, sin embargo, seducir a las autoridades egipcias. “He pedido audiencia con el ministro de Deportes porque quiero competir en la modalidad que mejor se adapte a mis cualidades, pero me ha rechazado. Dice que me falta fuerza”, se queja malhumorado Karim, empeñado en viajar y exportar la admiración que le profesan sus allegados.

“Me gustaría hacer de protagonista en las películas de acción y encargarme personalmente de que en las escenas de riesgo no haya ningún truco. Quiero salir de Egipto. Estoy dispuesto a batirme en duelo con héroes internacionales. Que sepan quién es el ‘faraón’”.

Acerca de Karim Husein

  • QUIÉN ES: Un padre de familia egipcio que engulle vidrio y metal desde la infancia sin tener el más leve dolor.
  • QUÉ HACE: Habitual de la televisión egipcia, le gustaría “participar en alguna competición fuera. Sí, iría a España a demostrar mi don”.
  • SU SUEÑO: Ganar suficiente como para construir un orfanato o un hospital para niños de su barrio que padezcan de cáncer.

Fuente

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *