[Cur}– Ciencia desde lo alto de secuoyas

04 diciembre, 2016

Son titanes que se erigen imponentes en la ladera occidental de las montañas de la estadounidense Sierra Nevada.

Son las únicas secuoyas gigantes (Sequoiadendron giganteum) salvajes del planeta. Viven repartidas en 67 arboledas en un corredor de 400 kilómetros de largo entre los 1.200 y 2.500 metros de altura. Allí el agua del deshielo fluye, las humedece y alimenta.

Desde hace cinco años, una severa sequía azota California. Está afectando a sus bosques. Han muerto 66 millones de árboles en ese estado desde 2011. Las secuoyas, los árboles más resistentes del planeta, tampoco están aguantando el embate y se están secando.

“Son la cima de lo que una planta puede llegar a ser. Una de sus ramas puede ser más grande que la mayoría de los demás árboles del planeta. Son organismos espectaculares”. Así expresa el biólogo Anthony Ambrose, de la Universidad de California, su fascinación por las secuoyas.

Junto a su colega Wendy Baxter escala los troncos de estos vegetales hasta lo más alto. Allí toman muestras y miden parámetros fisiológicos y climáticos para encontrar una explicación al declive. “Piensas en el poco tiempo que estamos en este planeta en comparación con ellas”, reconoce cuando recuerda su estancia en las alturas.

Las secuoyas son muy longevas. Viven miles de años. No paran de crecer a buen ritmo durante toda su vida. Por eso alcanzan ese tamaño descomunal. La secuoya General Sherman es el ser vivo más voluminoso del planeta. El diámetro de su tronco es de 11 metros, y pesa más de 1.000 toneladas.

Habita el Bosque Gigante, al norte del Parque Nacional de las Secuoyas, junto a otros 40 ejemplares sublimes, como El Presidente, de más de 3.200 años de edad. Su tronco alcanza los 75 metros altura, los 8 metros de diámetro en la base y sus ramas superan los 18 metros de longitud. Luce 2 millones de hojas y 82.000 piñas.

Cuando a los 20 años alcanzan la madurez sexual, estos árboles adquieren un volumen y dureza que los hacen casi indestructibles. Su corteza es tan dura que los escarabajos comedores de madera apenas penetran. Es ignífuga, por lo que sobreviven a los incendios, que incluso favorecen su expansión al eliminar a sus competidores por recursos. Además, el calor del fuego abre sus piñas y caen sus semillas en los suelos fértiles por las cenizas. Para rematar, en el duramen los ácidos tánicos, rojizos como si fueran sangre, las protegen de los hongos y otras pestes.

Si queréis admirar estos colosos sin salir de España, hay algunos ejemplares. En el Palacio Real, en Madrid, hay una secuoya gigante de 16 metros de diámetro. En el Palacio Real de la Granja en San Ildefonso crece El Rey, de 46 metros de altura. Y en el Aliviadero del Canal de Castilla en Valladolid, encontraréis un titán de 38 metros.

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