[Cur}– La paradoja de Moravec

30 DIC 2016

Carlo Frabetti

A las máquinas les resulta más fácil emular las capacidades intelectuales de los humanos que sus habilidades motrices.

En las últimas semanas hemos hablado de grados de separación, mundos pequeños y algoritmos voraces, para terminar enredándonos con los famosos “dobletes” de Lewis Carroll, que buscan minimizar los grados de separación (morfológicamente hablando) entre palabras del mismo número de letras, y con el no menos famoso acertijo del cuervo y el pupitre.

Sorprendentemente, ningún lector se ha pronunciado sobre el parecido entre un cuervo y un pupitre (aunque Manuel Amorós los ha relacionado en un elegante acróstico dedicado a Poe). En cuanto al doblete planteado por nuestra lectora Cordelia Sola: pasar de CUERVO a PALOMA por la consabida vía de cambiar una letra cada vez y obteniendo en todos los pasos palabras existentes, Miquel Bassols lo ha conseguido ¡en 32 pasos! ¿Alguien puede mejorarlo?

Mientras yo mismo intentaba resolver el doblete ornitológico, me acordé de la paradoja de Moravec. ¿Cómo lo resolvería un computador no muy listo (si se me permite el guiño antropocéntrico)? Empezaría cambiando la C inicial de CUERVO por las demás letras del alfabeto, una a una, y, mediante un sencillo programa de corrección de texto (como el que subraya en rojo las erratas), eliminaría las palabras inexistentes, como AUERVO, BUERVO, DUERVO, EUERVO…, que me temo que son todas las que no empiezan por C.

Luego haría lo mismo con la segunda letra y se quedaría con CIERVO; con la tercera y la cuarta no tendría más suerte que con la primera; con la quinta obtendría CUERDO, CUERNO y CUERPO; y con la sexta tendría que conformarse con CUERVA. A continuación repetiría el proceso con todas estas palabras de distancia morfológica 1 a CUERVO, luego con todas las de distancia 2 y así sucesivamente.

Un acertijo que es todo un desafío carrolliano para un lector culto, buen conocedor del lenguaje y ágil de mente, puede ser resuelto sin dificultad por un programa iterativo de lo más simple.

Y en eso consiste la paradoja de Moravec: en contra de lo que nos dice la intuición, el pensamiento inteligente y fundamentalmente lingüístico típico de los humanos no requiere excesiva computación, mientras que las habilidades sensoriales y motoras (tan automatizadas que ni siquiera somos conscientes de ellas) exigen una enorme capacidad computacional.

Este hecho sorprendente fue señalado en la década de los ochenta del siglo pasado por Hans Moravec, Marvin Minsky y otros expertos en inteligencia artificial. Como dijo Moravec: “Es relativamente fácil conseguir que los computadores muestren capacidades similares a las de un humano adulto en un test de inteligencia, y muy difícil lograr que adquieran las habilidades perceptivas y motoras de un bebé”.

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