[SE}– En España, los precios han subido un 36% desde la llegada del euro

08/01/2017

Moncho Veloso

El euro cumple tres lustros en circulación.

Su corta existencia ha sido un camino de altibajos, de luces y sombras y, en los últimos años, hasta de supervivencia.

La gran crisis ha hecho que lo que nació como símbolo y pilar del proyecto comunitario de integración económica, monetaria y política, pase a dividir a los socios entre acreedores y deudores, y a los ciudadanos a discutir si su adopción ha tenido más beneficios o más perjuicios.

En marzo de 2011, en un Portugal al borde del rescate, una taxista lisboeta se quejaba en conversación con este periodista de la fuerte subida de precios que productos básicos como la leche han sufrido desde la entrada en circulación de la moneda única el 01 de enero de 2002. El encarecimiento de la cesta de la compra y de los servicios es una de las críticas recurrentes de los consumidores.

El litro de leche se vendía en España a principios de ese año a 0,5 euros, y hoy a 0,7 euros de media; la barra de pan ha pasado de costar 27 céntimos a rondar los 60; un café ha subido de los 0,7 euros a 1,2 de media; una entrada de cine costaba entonces 3,6 euros, y ahora unos 7 euros; un menú del día ha subido de 6 a 11 euros de media, y un billete de metro de 10 viajes en Madrid ha pasado de 5 a 12,2 euros.

Esa subida generalizada de los precios se produjo en un primer momento por el llamado efecto redondeo, al convertirlos de la peseta al euro, momento que fue aprovechado por muchas empresas para subir sus tarifas, en parte para cubrir los costes derivados de la conversión: nuevo etiquetaje, cambio en la contabilidad, adaptación de las cajas y las máquinas expendedoras, etc… Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el IPC ha subido entre enero 2002 y noviembre de 2016 un 36%.

Estabilidad de precios

Ahora bien, uno de los efectos positivos de la entrada en vigor de la moneda única ha sido el control de la inflación. En las décadas anteriores, el IPC de muchos de los países que hoy integran la Eurozona la inflación alcanzó niveles muy elevados. En España, hasta mediados de los años 80, se movía entre el 10% y el 20%, y en 1977 superó el 28%.

Desde la adopción del euro, la inflación se ha movido siempre, con sus picos, alrededor del 2%, entre el máximo del 5,3% registrado en 2008 y el mínimo del -1,4% al que se hundió en 2009.

El gran impacto que la puesta en circulación del euro tuvo en la economía fue un inmediato abaratamiento de los tipos de interés, que el BCE redujo para impulsar la actividad en países que, como Alemania, a principios del 2000 no crecían lo suficiente. Esa reducción del precio del dinero abarató el crédito y por tanto se impulsó el consumo privado, la inversión y, en último término, la economía, dando paso a varios años de «boom» económico.

Sin embargo, fue ese escenario de dinero barato y fácil el que ayudó en España a inflar la burbuja inmobiliaria y provocar una falsa sensación de riqueza. La construcción y la promoción alcanzaron cifras de actividad récord, el sector acaparó casi el 18% del empleo del país, la banca se volcó en la financiación del ladrillo, y las familias y las empresas se endeudaron en exceso. El pinchazo de esa burbuja potenció en España la recesión. De esta forma, lo que había generado un enorme entusiasmo y hasta euforia económica terminó en una gran decepción.

Convergencia económica

La entrada, primero en la Unión Europea (UE) y la adopción de la moneda única después, han permitido a España asemejarse a las grandes potencias del Viejo Continente. De hecho, una de las razones estratégicas para la creación del euro era favorecer una convergencia económica de los diferentes países de la zona. Es decir, que los más retrasados se igualasen a los más ricos.

Cuando España ingresó en la UE en 1986 la renta por habitante del país no alcanzaba el 72% de la media comunitaria. A partir de 1996, cuando Europa comienza a dar los primeros pasos hacia el euro, supera ya el 80%, y en 2002, cuando la moneda sale a la calle, es del 95,3%, según datos de Eurostat. Es en 2005 cuando España alcanza la plena convergencia y en los ejercicios posteriores llega a superar a países como Italia. La crisis frenó en seco ese progreso: el PIB per cápita español ha retrocedido al 95,8%.

El euro eliminó el riesgo de tipo de cambio entre los distintos países, lo que redujo el coste de las empresas al hacer negocios fuera de sus fronteras, favoreciendo así el comercio y la inversión extranjera. Ahora bien, buena parte de ese mayor flujo inversor financió las citadas burbujas de consumo y la inmobiliaria, y encubrió debilidades estructurales, tanto nacionales como de la propia Unión, y una ausencia de convergencia real entre las economías nacionales y sus políticas fiscales y laborales. La gran recesión ha terminado por poner en evidencia esas diferencias —y, sobre todos, sus consecuencias— entre unos socios y otros.

Los rescates de Grecia, Irlanda, Portugal y Chipre han llevado a ciudadanos y gobernantes a hablar de un norte —Alemania, Austria, Finlandia— acreedor que en teoría paga el supuesto derroche del sur —España, Italia, Portugal, Grecia, Irlanda— deudor. Esos países del norte, por ejemplo, son reacios a mutualizar esos riesgos mediante los llamados eurobonos, y han llegado a plantear la creación de dos euros: uno para ricos y otro para pobres.

Mientras, populistas del sur plantean incluso la salida del euro como solución a la crisis, esgrimiendo que la moneda beneficia sólo a los vecinos ricos y que la imposibilidad de devaluarla según los intereses particulares de cada socio obliga a la austeridad.

La propia cotización del euro es una singladura de altibajos. Su mínimo histórico (0,825 dólares) con respecto a la divisa estadounidense lo marcó en 2000, antes de entrar en circulación; su máximo se registró en 2008, cuando rozó los 1,6 dólares. La moneda única ha pasado en crisis nueve de sus quince años de historia, pero también es cierto que el proyecto europeo ha supuesto un proceso de integración regional y convergencia económica sin precedentes a nivel global.

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