[*Opino}– La limitación geográfica y la escogencia de pareja

12-01-17

La limitación geográfica es tal vez el factor más importante que falta en el artículo que copio abajo.

Un psiquiatra que me conoció bien me dijo que, si él pudiera escoger donde nacer, escogería un pueblo como El Paso, que es donde nací y me crié, pero no cayó en cuenta del precio que hay que pagar por vivir tan geográficamente limitado, cosa que tampoco han tomado en cuenta los autores del estudio referido abajo, pues en un espacio geográfico reducido la escogencia de pareja está igualmente reducida y es poco probable que puedan entrar en vigor las reglas que los del estudio dicen haber descubierto.

En un espacio geográficamente reducido hay, sin duda, mayor probabilidad de afinidad en lo sociocultural, pero muy pocas posibilidades de comparación, algo imprescindible para la buena elección de pareja. Y si a todo eso añadimos la represión sexual que en Canarias se vivió en mis tiempos, antes y después, ya el éxito de esa elección se pone difícil, a menos que, una vez oficializada la pareja, no se abandone ese medio en que los cónyuges se formaron.

Quienes no salieron de él tuvieron muy pocas posibilidades de comparar —y, según he dicho y publicado aquí, creo que poder comparar fue lo que causó la expulsión de Adán y Eva del Paraíso—, y tal vez por eso a muchos les ha ido bien en su vida de pareja.

Los que salimos, sí tuvimos esa posibilidad, pero, en los casos en que salieron de Canarias los dos miembros de la pareja que allá crecieron y allá se casaron, al llegar ambos a un gran campo de comparación afloraron las consecuencias.

Traigo esto a colación porque, al leer el artículo que sigue, caí en cuenta de que su tema es pieza importante del basamento de mi novela “Aquel futuro de mil caminos”.

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10/01/2017

Descubren un nuevo motivo por el que los miembros de las parejas se parecen

Dicen que los opuestos se atraen, pero todo apunta a que no ocurre así en el mundo del amor.

Es evidente que las personas suelen elegir a una pareja de gustos similares, y varios estudios muestran que, además, se escoge a compañeros de un nivel educativo similar y con una altura y un peso comparables.

Recientemente, un nuevo estudio publicado en Nature Human Behavior ha dado con una clave más en este curioso fenómeno. Ha concluido que cuando elegimos a una pareja escogemos inconscientemente una serie de rasgos genéticos similares a los nuestros, tal como ha informado Sciencemag.org.

Científicos de la Universidad de Queensland en Brisbane (Australia) analizaron la presencia de ciertos genes relacionados con rasgos físicos en una gran base de datos. Partiendo de ahí, rastrearon las secuencias genéticas relacionadas con rasgos como la altura o el índice de masa corporal de un total de 24.000 personas. Por último, trataron de usar esta información genética para predecir el aspecto físico de las parejas de esos individuos.

¿Lograron los científicos «adivinar» cómo eran las parejas tan sólo analizando los genes de estas personas? En gran parte sí. Los investigadores descubrieron una fuerte correlación estadística entre los marcadores genéticos de altura de una persona, y la altura de su pareja. Algo así ocurrió con el índice de masa corporal, aunque es cierto que, en este caso, la correlación encontrada fue mucho más débil, aunque significativa a nivel estadístico (lo que apunta a que esta relación no se produce por azar).

Humanos muy selectivos

En opinión de los investigadores, esto es una prueba más de que el mecanismo de elección de pareja en humanos es selectivo, lo que quiere decir que los individuos eligen a un compañero con características similares a lo suyas. Así ocurre por ejemplo con los pájaros azules del Este: los que son oscuros se cruzan con los oscuros, y los que son claros con los que son más claros.

Este tipo de comportamiento tiene dos consecuencias. Por una parte, las parejas se parecen más entre sí, y, por otra, la descendencia se ve favorecida, siempre y cuando el rasgo que se esté escogiendo sobre otros les beneficie en el entorno en que vivan.

Los investigadores encontraron una correlación similar en las parejas cuando se analizaron los marcadores genéticos relacionados con el nivel educativo. Este efecto puede producirse, tal como han sugerido, porque las parejas tienden a buscar a individuos que compartan sus intereses, lo que a su vez está relacionado con el bagaje cultural y educativo que tienen.

En todo caso, creen probado que el mecanismo de búsqueda de pareja en humanos es selectivo, y que es capaz de «afectar a la arquitectura del genoma de los humanos». De hecho, consideran que la selección permite aumentar las probabilidades de que ciertos rasgos físicos sean heredados por los hijos. Por ejemplo, y en teoría, ocurrirá así si las personas altas escogen a parejas altas: finalmente tendrán hijos altos.

Los investigadores quieren ahora saber si esto ocurre con otros rasgos, como el coeficiente intelectual, las preferencias políticas o incluso desórdenes psiquiátricos, y más cuando otros autores han sugerido que personas con autismo, déficit de atención o hiperactividad tienden a emparejarse entre sí.

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