[Cur}– Ocho parecidos sorprendentes entre humanos y chimpancés

07 enero 2016

Elena Sanz

Los últimos hallazgos acerca de cómo se comportan y piensan los chimpancés han puesto de manifiesto una vez más hasta qué punto estos primates merecen el calificativo de “primos hermanos” de los humanos. No sólo se ríen como nosotros, sino que también sonríen en silencio, son sibaritas, juegan, piensan que piensan, distinguen lo justo de lo injusto y cultivan la amistad.

Juegan

Los niños no son los únicos que pasan horas entretenidos jugando. Los chimpancés dedican muchas horas al juego —que los etólogos o científicos del comportamiento definen como toda actividad que no tiene beneficios claros ni inmediatos—, tanto en su infancia como durante su “juventud”.

Científicos de la Universidad de Pisa (Italia) han demostrado que el juego social, es decir, no en solitario sino con otros chimpancés, les ayuda a establecer relaciones sociales sólidas y a desarrollar actitudes cooperativas. Y que, como en los humanos, los modos de jugar y los compañeros de juego cambian a medida que los primates crecen. Entre otras cosas, el juego es más cooperativo en la más tierna infancia, pero se vuelve más competitivo entre los niños y los primates juveniles.

Saben sonreír

Estos primates pueden sonreír en silencio, desternillarse de risa o reír a carcajada limpia, una gama y flexibilidad en la comunicación de las emociones positivas que hasta ahora se creía exclusiva de los humanos.

Todo apunta a que las expresiones faciales vinculadas a la risa estaban presentes en nuestros ancestros simios, y que aparecieron mucho antes de que los humanos evolucionaran.

La única sonrisa que de momento parece exclusiva de los humanos es la llamada sonrisa de Duchenne, una expresión espontánea que se reconoce por la contracción involuntaria del músculo orbicular, situado alrededor de los ojos, cuya contracción eleva las mejillas y forma arrugas o “patas de gallo” en torno a los ojos. Ésta es la sonrisa verdadera y genuina, ligada a la activación del sistema límbico del cerebro, donde residen las emociones, según demostró hace años el neurólogo francés Guillaume Duchenne.

Son gourmets

A falta de supermercados y restaurantes, los chimpancés están dispuestos a recorrer la distancia que haga falta para encontrar sus ingredientes favoritos para preparar un suculento banquete. Es la conclusión a la que llegaron hace poco científicos de la Universidad de Harvard (EE UU), que también han demostrado que los chimpancés comparten con los humanos la preferencia por la comida cocinada en lugar de cruda, así como la capacidad de comprender los procesos de transformación que se producen al guisar los alimentos.

Entre el sabor de una patata cocinada y el de una cruda, los primates se decantan sin dudarlo por el primero. Lo único que les falta para ser chefs, aseguran los investigadores, es el control del fuego. Pero si se les proporciona una olla o una sartén encendidas, los experimentos muestran que aprenden inmediatamente a darle uso.

Piensan que piensan

Los chimpancés poseen metacognición, es decir, pueden reflexionar acerca de sus propios pensamientos y procesos mentales, tal y como demostraban hace poco en la revista Cognition investigadores de varias universidades estadounidenses.

Según los autores, estos primates tienen conciencia de lo que saben y de lo que desconocen, y, basándose en eso, son capaces de mostrar más o menos confianza en sus respuestas y comportarse en consecuencia. Y esto les permite tomar decisiones inteligentes.

Son justos y morales

El sentido de lo correcto y lo incorrecto no es exclusivo de los humanos. Los chimpancés también discriminan qué comportamiento es inapropiado, sobre todo cuando afecta a los más pequeños.

En un estudio de la Universidad de Zurich, del que se hacía eco la revista Human Nature, se puso en evidencia que si un chimpancé ve escenas de una cría siendo dañada o asesinada por otro miembro de su propia especie reacciona con indignación y enfado, algo que no sucede ante actos de violencia entre monos adultos. El estudio indica que estos primates tienen un sentido de la moralidad similar al de los humanos.

A esto se suma que, jugando con chimpancés a Ultimatum, un juego experimental de economía que intenta mostrar que las elecciones sobre criterios de justicia y equidad priman sobre las de beneficio, biólogos estadounidenses han demostrado que estos primates comparten nuestra aversión a la injusticia.

En concreto, los chimpancés tienden a realizar ofertas justas y equitativas, y sólo afectan este tipo de ofertas de sus compañeros. “Para los chimpancés, que son muy cooperativos en libertad, ser sensibles a la distribución equitativa de recompensas supone una ventaja evolutiva, ya que cooperar les beneficia”, aseguran los autores de la investigación.

Tienen memoria numérica

Si cree que los humanos superan a los chimpancés en todas las funciones cognitivas, se equivoca. Sin ir más lejos, la capacidad de un chimpancé joven (5 años) de recordar los números mostrados en una pantalla está muy por encima de la de un humano adulto, de acuerdo con un experimento de la Universidad de Kioto (Japón).

Los científicos lo atribuyen a un equivalente a la memoria eidética o fotográfica, es decir, la habilidad para recordar con detalle lo visto u oído, presente en niños humanos y que disminuye con la edad.

Hacen la guerra

De todas las especies del mundo, los humanos y los chimpancés se cuentan entre las únicas que participan en ataques coordinados contra otros miembros de su misma especie. Dicho de otro modo, ambas especies somos capaces de provocar deliberadamente una contienda.

Y en el caso de los primates, los ataques no están causados por la interferencia con los humanos, a la que durante algún tiempo se ha culpado erróneamente de las muestras de agresividad de estos animales. Lo que les mueve a perpetrar actos violentos es una estrategia adaptativa, tal y como concluían hace poco una treintena de primatólogos a partir del análisis de datos de cinco décadas de investigación sobre conflictos protagonizados por chimpancés. 

Los ataques aumentan cuanto más densa es la población y cuanto mayor es el número de machos. Y las víctimas suelen ser miembros de una comunidad rival.

Cultivan la amistad

La máxima de “quien tiene un amigo tiene un tesoro” también se aplica entre chimpancés. Y si no que se lo pregunten a Filippo Aureli, que tras estudiar a fondo el comportamiento de estos primates ha concluido que viven rodeados de buenos amigos, es decir, “no sólo individuos no emparentados con los que pasan el tiempo, sino que les ayudan en caso de enfrentamiento, comparten comida y colaboran”. Incluso se dan consuelo unos a otros y alivian el estrés ajeno, tal y como demostraron Aureli y sus colegas en un estudio publicado en PNAS.

A la hora de elegir un camarada, los primates son selectos. Según un estudio de la Universidad de Viena, las relaciones de amistad se establecen entre chimpancés que comparten ciertos rasgos de la personalidad. En concreto, los individuos más sociables congenian entre sí, mientras que los chimpancés tímidos buscan otros igualmente apocados para relacionarse.

Esto recuerda al “efecto de similitud” en humanos, que no es otra cosa que la tendencia a tener como amigos a sujetos que se nos parecen.

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