[MS}– ¿Debo alarmarme si no voy al baño?

29/01/2017

Cristina Galafate

“El dolor de estómago era cada vez más fuerte, y la sensación de hinchazón, insoportable. Me sentía llena, muy pesada”.

Así recuerda Laura sus primeras vacaciones de un mes completo. Las añoraba, tras varios veranos sin descanso, pero resultaron las peores de su vida por culpa del estreñimiento. Contaba con el problema: siempre le ocurría al cambiar de ambiente.

Puede que el caso de Laura le parezca exagerado. Sin embargo, es más frecuente de lo que piensa. O quizá lo sufra usted mismo. Según la Organización Mundial de Gastroenterología (OMGE), “el estreñimiento es un problema crónico en muchos pacientes del mundo”. En algunos casos constituye un inconveniente sanitario importante, llegando incluso a la cirugía, aunque en la mayoría “provoca molestia pero no amenaza la vida ni debilita al individuo” y estas crisis pueden ser manejadas en atención primaria.

No es una enfermedad, es uno de los síntomas digestivos más frecuentes en la población. Los episodios aislados y de corta duración son habituales y no tienen transcendencia. Sólo se considera estreñimiento crónico a aquél que se mantiene en el tiempo entre tres meses y un año.

Cómo saber si es estreñido

Según la doctora, no hay una definición clara de estreñimiento, como tampoco una regla que indique la frecuencia de deposiciones “normal” y, por tanto, saludable. “Hay personas que van regularmente al baño y se consideran estreñidas porque tienen que hacer mucho esfuerzo”. El diagnóstico es arbitrario: “Varía no sólo entre los pacientes, sino entre las diferentes culturas y religiones”.

Pese a la variedad de opiniones respecto al trastorno y su concepto, los expertos consultados por ZEN coinciden en señalar aspectos comunes: menos de tres deposiciones a la semana, que frecuentemente las heces sean duras o las evacuaciones se realicen con dificultad, incompletas —no nos quedamos a gusto, sino con sensación de taponamiento— o necesidad de maniobras externas, como ingerir laxantes.

Factores de riesgo

Las encuestas de estreñimiento que maneja la OMGE muestran una prevalencia que va del 1% a más del 20% en las poblaciones occidentales. Por ejemplo, en Estados Unidos, esta afección es responsable de millones de consultas médicas al año, y en el Reino Unido los médicos generales emitieron más de 13 millones de recetas de laxantes en 2006 (los últimos datos publicados). En estudios de poblaciones mayores, hasta un 50% de las personas relataron síntomas como deposiciones duras, esfuerzo y dolor.

No en vano, esta misma organización señala el envejecimiento como un factor que aumenta el riesgo de estreñimiento junto a la inactividad, la depresión, los bajos ingresos y escaso nivel educativo —porque se lleva una peor dieta—, el sexo femenino —las mujeres indican una mayor incidencia de estreñimiento que los hombres— o la moderada ingesta calórica.

“Hay pacientes que presentan síntomas de estreñimiento desde la infancia, probablemente por alteraciones congénitas de la motilidad colónica, y hay otros, la gran mayoría, que lo desarrollan a lo largo de su vida”, describe el doctor Carlos Teruel Sánchez Vegazo, facultativo especialista del servicio de gastroenterología del Hospital Universitario Ramón y Cajal.

La materia fecal es la fuente más concentrada de bacterias intestinales, pero no se ha demostrado claramente que aumente el riesgo de padecer cáncer de colon, y las diferencias entre edad y sexo se explican por una combinación de factores: la disminución de la ingesta de fibra o de líquidos, realizar una menor actividad física o la toma de fármacos, que producen estreñimiento como parte de otros efectos secundarios.

Problemas del día a día

Quien sufre de estreñimiento puede enfrentarse a distensión abdominal, dolor, malestar, hemorroides y fisuras anales, relatan los doctores. Estos inconvenientes, a su vez, agravan el estreñimiento. El dolor anal que provocan hace que se inhiba el acto. Los esfuerzos intensos y repetidos en el tiempo pueden acabar produciendo daños en el suelo pélvico y, en algunos casos, se pueden producir lesiones en la mucosa intestinal. Sin embargo, la mayoría de pacientes estreñidos no padecerán complicaciones graves, y será exclusivamente un problema de afectación de calidad de vida.

Como le ocurrió a Laura, cuando salimos de viaje cambiamos nuestros hábitos y somos más propensos a los trastornos de evacuación. Probablemente influya el cambio de dieta, el sedentarismo —si hay desplazamientos largos en avión o en coche—, y hasta el estrés producido por los preparativos del itinerario.

El ritmo suele volver a la normalidad al cabo de unos días de haber adquirido una nueva rutina. Si no es así, o el agravamiento del estreñimiento es muy molesto, el doctor recurre a medidas puntuales “de rescate” como los laxantes: líquidos que se introducen con ayuda de un instrumento para limpiar y descargar el intestino.

‘No abusar de los enemas’

El paciente con estreñimiento debe ser tratado de forma individualizada y conocer las medidas higiénico-dietéticas que le son más favorables. Los médicos alertan de que la mayoría se automedica. Los supositorios y enemas siempre deben ser prescritos. Si se toman de forma indiscriminada y sin supervisión, pueden producir diarreas, que nos llevan a perder agua y electrolitos por las heces.

No hay que abusar de laxantes antraquinónicos, como sen, aloe vera o cáscara sagrada, porque su consumo crónico puede ocasionar melanosis coli, que consiste en la coloración atigrada del colon.

La ayuda farmacológica, insiste, no tiene sentido cuando la dieta es deficitaria en fibra o líquidos. “El uso continuado de laxantes puede perpetuar el estreñimiento. Mejor usar Plantago Ovata natural que Fave de Fuca, de origen vegetal.

Hábitos que ayudan

Si identifica síntomas de estreñimiento es hora de abordar el problema. En primer lugar, tómese su tiempo. Acuda al servicio a las mismas horas y aproveche el momento en el que el intestino tiene más movimiento, después de las comidas. Muchos pacientes se benefician de establecer una rutina con unos horarios determinados en un entorno tranquilo, sin interrupciones.

Se aconseja además sentarse en el váter apoyando los pies en una pequeña banqueta, pues así se consigue una mayor flexión de las rodillas sobre el vientre y conseguimos que la expulsión sea más fácil.

El estreñimiento se puede resolver con la modificación de la dieta, la ingesta hídrica adecuada y la práctica de ejercicio físico de forma regular, en gran parte de los casos. Para aumentar las deposiciones lo recomendable es beber entre uno y dos litros de líquido al día, y tomar alimentos de alto contenido en fibra. Se recomienda un consumo diario de 25 gramos. Hay sustancias que proceden de fuentes naturales —el citado Plantago Ovata, salvado de trigo…—, y de fuentes sintéticas —la metilcelulosa—, que también favorecen el tránsito, pese a que su efecto tarda en observarse. La actividad aeróbica es útil, pues favorece la evacuación del gas intestinal y mejora la distensión.

A los “remedios de la abuela” les dedicamos un capítulo aparte pues, aunque muchos no están avalados por estudios científicos serios, es lógico pensar en que son eficaces en la medida en que son una fuente de fibra.

Lo que funciona y lo que no

Las “recetas” para combatir el estreñimiento y que antes pasaban de generación en generación, hoy corren como la pólvora gracias a los foros. Los médicos de Top Doctors responden que muchos de estos remedios son discutibles. Lo efectivo es tomar fruta y verdura por su alto contenido en fibra, abundantes líquidos (agua, caldos y zumos, pero no bebidas carbonatadas), estar activos y con trabajos que nos satisfagan en lugar de crearnos ansiedad.

• ZUMO DE NARANJA NATURAL

SÍ. Es un cítrico y contiene una gran cantidad de fibra, la primera medida para manejar el estreñimiento. Mejor si no se cuela la pulpa. La contrapartida: “Es muy dulce”.

• KIWIS

SÍ. Una sola pieza de esta fruta de tamaño mediano aporta 2,5 gramos de fibra. Es preferible tomarlo por la noche en lugar de en ayunas, en contra de la versión más extendida.

• AGUA ANTES DE DESAYUNAR

SÍ. Aumenta el peristaltismo intestinal. Para tener efecto, ha de estar tibia y se debe beber al menos 30 minutos antes de ingerir alimentos.

• ACEITE DE OLIVA

SÍ. Es uno de los remedios más antiguos como lubricante, aunque genera opiniones encontradas. Algunos optan por incorporarlo en guisos, otros, por mezclarlo con limón. Favorece los movimientos intestinales. Los laxantes emolientes se basan en el aceite de oliva, lo que hace pensar en el fundamento de su uso.

• MENTA POLEO Y TÉ

NO. Los profesionales coinciden en que son potentes diuréticos y aportan agua pero no necesariamente útiles contra el estreñimiento.

• CEREALES

SÍ, PERO… Semillas de sésamo, de limo o salvado de avena son formadores de masa. En muchos casos hay más de publicidad que de practicidad. Ojo con los copos ricos en azúcares industriales.

• CIRUELAS Y PAN INTEGRAL

SÍ. Hay estudios que relacionan su administración con el aumento de la frecuencia defecatoria. Lo que no está tan claro es si son mejores las ciruelas pasas o las naturales, hay opiniones en ambos sentidos. En cualquier caso, mejor de postre a la hora de comer, puesto que tienen algo de azúcar.

• VINAGRE DE MANZANA Y MIEL

SÍ, PERO… Ayudan con algunos tipos de estreñimiento, pero no siempre son efectivos para estimular la producción de jugos gástricos y mejorar la digestión. Los ingredientes deben ser crudos y mejor mezclados con agua tibia.

• PLÁTANO

NO. El maduro ayuda. El verde, por el contrario, estriñe.

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