[Cur}– Barón de Münchausen, el militar fanfarrón que dio nombre a un síndrome psiquiátrico

12/02/2017

Pedro Gargantilla 

Karl Friedrich Hieronymus Freiherr von Münchhausen (11/05/1720 – 22/02/1797) es más conocido por Barón von Münchhausen.

Fue un militar alemán que vivió en el siglo XVIII. Nació en el Electorado de Hannover, uno los múltiples estados alemanes que dibujaban la geografía europea del momento, muy cerca de Hamelín, población con ecos literarios.

A lo largo de su dilatada vida profesional participó en numerosas campañas militares dentro de las filas rusas, donde sirvió como corneta, teniente y capitán de caballería, participando en dos campañas militares frente a los turcos. Cuando se cansó de guerrear regresó a su Alemania natal y no tardó en ser conocido por sus excentricidades y su fanfarronería. El motivo: se dedicó a rememorar sus hazañas bélicas aderezándolas con todo tipo de exageraciones y detalles inverosímiles, que causaban fascinación entre la aristocracia teutona.

Entre sus múltiples ocurrencias se incluían, por ejemplo, cabalgar sobre una bala de cañón, viajar a la Luna, matar a un oso para cubrirse con su piel y pasar desapercibido entre los otros osos, o salir de una ciénaga pestilente tirando de su propia coleta. Incluso el barón llegó a contar cómo pudo vivir durante meses en el estómago de una ballena. Es evidente que todas estas historias eran absolutamente imposibles y, como tal, eran entendidas por su concurrida audiencia.

El personaje adquirió cierta notoriedad cuando sus aventuras fueron recogidas en forma de relato por dos escritores. Rudolf Erich Raspe (1737-1794) escribió en inglés “Historia de los maravillosos viajes y de las campañas de Rusia del barón de Münchausen”. Y el alemán Gottfried Bürger publicó poco tiempo después “Maravillosos viajes por tierra y por mar, guerra y divertidas aventuras del barón de Münchausen”.

Si el barón levantara la cabeza seguramente se sentiría muy orgulloso de sí mismo, ya que sus delirantes historias no sólo han inspirado libros y películas, sino que incluso tiene el “honor” de haber traspasado el umbral de la Ciencia.

Y es que su gran triunfo llegó en 1951, cuando su apellido se utilizó por vez primera para dar nombre a un extraño trastorno psiquiátrico: el síndrome de Münchausen. Una alteración en la que el paciente miente de forma patológica y finge con todo tipo de detalle sus dolencias para llamar la atención y recibir el cuidado de las personas que le rodean.

Habitualmente los pacientes refieren tener problemas digestivos (nauseas, vómitos), respiratorios o reacciones alérgicas. A diferencia del hipocondriaco, los enfermos con síndrome de Münchausen saben que no están enfermos, su intención es llamar la atención.

Veintiséis años después otro médico, en este caso un pediatra británico, empleó la expresión “Síndrome de Münchausen por poderes” para designar una variante del anterior, que consiste, básicamente, en experimentar la necesidad constante de sentirse necesitado por sus familiares, especialmente por los hijos. Y para mantener la fuerte dependencia se recurre al envenenamiento paulatino o a provocarles vómitos o diarreas.

Escultura de Munchausen en su ciudad natal- Fotolia

Una extraña forma de cazar patos

«Recuerdo que un día vi en un lago, a cuya orilla me había llevado una de mis excursiones, algunas docenas de patos silvestres, por demás diseminados para que esperara matar de un tiro más de un pájaro. Recordé entonces que tenía aún en el morral un pedazo de tocino, resto de las provisiones que había llevado a mi expedición. Até esta grasa a la traílla de mi perro, cuya cuerda deshice y prolongué enlazando sus cabos; me oculté luego entre los juncos de la orilla, lancé lejos el cebo y muy pronto tuve la satisfacción de ver cómo se acercó un pato y se lo tragó. Acudieron los otros detrás del primero, y como mediante la untuosidad del tocino, muy pronto el cebo atravesó el pato en toda su longitud, otro pato se lo tragó a su vez, después otro y otro después, y así sucesivamente. Al cabo de algunos instantes, mi resto de tocino había pasado por todos los patos sin separarse de la cuerda, habiéndolos ensartado a guisa de perlas. Con esto volví gozosamente a la orilla; me di cinco o seis vueltas al cuerpo con dicho rosario y enderecé hacia mi casa”». “Las Aventuras del Barón de Munchausen”, Gottfried Bürger.

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