[*Opino}– Ser amigo/a de tu ex

13/02/2017

Carlos M. Padrón

He leído libros de Walter Riso y ninguno ha llamado mucho mi atención.

Pero en la entrevista descrita en el artículo que copio abajo, Riso dice algunas cosas interesantes.

Por ejemplo, que uno no puede ser amigo de una persona, si ese sentimiento no es recíproco, y, para variar, que el amor tiene elementos bioquímicos que producen adicción.

También dice algo que ya he dicho en este blog: que, emocionalmente, la mujer es más inteligente que el hombre. Por tanto, a los hombres nos conviene tomar precauciones al respecto.

Lo del inconveniente de que el sentimiento de amistad no sea recíproco me hace recordar lo que he dicho, creo y he publicado AQUÍ, acerca de la amistad entre hombre y mujer.

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09/02/2017

Laura Peraita

«En el 90% de los casos es muy difícil ser amigo de tu ex»

Walter Riso, doctor en Psicología y especialista en Terapia Cognitiva, acaba de publicar un nuevo libro dentro de la colección a la que tiene acostumbrados a sus lectores para vacunarles contra el sufrimiento humano.

En esta ocasión ha escrito sobre el amor. O, más bien, sobre el desamor. El título: «Ya te dije adiós, ahora cómo te olvido. Guía para sacarse al ex de la cabeza y del corazón».

—¿Por qué duele tanto separarse?

—Es muy doloroso cuando se tiene una relación que vale la pena. Lo inexplicable es que uno sufra cuando la relación es mala. Porque, en realidad, si uno se siente mal, el ex es un desastre… debería estar festejándolo, en vez de llorar. A veces uno es dependiente emocionalmente, tiene miedo a quedarse solo, está enamorado de lo que debería haber sido la pareja y no fue, de la imagen del otro… Son muchas las variables que llevan a sufrir en una ruptura.

—¿Por qué hay personas que se aferran tanto a su ex?

—Cuando hay una muerte física de una persona, hay una ceremonia social, un velatorio, un sacerdote que habla, un entierro, un encuentro con seres queridos… En la ruptura afectiva no existe la ceremonia social porque «el otro» no está muerto y hay que pensar que entra en juego la maldita esperanza. Ésa es la diferencia. Como «el otro» no está muerto, la pareja tiene la esperanza de que quizá pueda cambiar, se arrepienta y vuelva.

—Pero en la mayoría de los casos es una esperanza ficticia, ¿no?

—La esperanza es que el ex, al estar con otra persona, descubra que no le va bien, y vuelva. La persona abandonada se inventa sus maneras de autoengaño. Muchas veces es muy evidente que no quieren a su pareja, se lo dicen a la cara y, sin embargo, la pareja no se da cuenta. Pasa el tiempo, los años y siguen con la misma esperanza de que todo se arreglará.

—¿Cuáles son las señales más evidentes de que a uno no le quieren?

—Depende del caso. Cuando sientes que tu pareja no te quiere, que es indiferente contigo, si tu dolor no le duele y tu alegría no le alegra, cuando empiezas a sentirte solo… No hace falta sentir nada más. Hay que partir de la siguiente premisa: «Si alguien no está conmigo pudiendo estar, es que no me merece». Y punto.

—¿Qué hay que hacer para convencerse de dejar a esa persona?

—Un duelo de desapego.

—Y eso, ¿cómo se hace?

—Por etapas. Es un proceso complejo que puede durar más o menos dependiendo de la cultura que se tenga. Primero está la fase de aturdimiento y negación, cuando se recibe la noticia del abandono y uno no se lo puede creer. Después viene el anhelo y la búsqueda, es el momento en el que uno se crea expectativas de que la pareja volverá. Más tarde llega la etapa de búsqueda de explicaciones.

Posteriormente, surge la ira contra ti y contra la otra persona. También se despierta un sentimiento de culpa. Y, finalmente, de tristeza. Cuando se pasa por todas estas fases es cuando por fin llega el momento de la aceptación.

No hay que desesperar. Si, pasados los años, uno piensa en su primer amor, hoy está vacío de sentimientos. Sin embargo, cuando se tenía, se hubiera dado la vida por esa persona a la que se estaba entregada con todo el alma. En la actualidad ese primer amor está vacío de afecto, pero se recuerda. Se recuerda a la persona sin amor, ni odio, ni rencor.

—¿Por qué hay veces que es fácil amar y odiar al mismo tiempo?

—El amor no es racional. Tú lo odias porque hay cosas que no te gustan, porque te gustaría que te quisiera más y no te quiere tanto. Entonces el amor se tiñe de odio. Generalmente hay amor, pero no es que se odie a la otra persona, en realidad se ama. Amo a la persona, pero odio sus comportamientos.

—¿Cuál es el perfil de quienes no son capaces de olvidar a su pareja después de una ruptura?

—La de aquellas personas dependientes emocionalmente, las que tienen baja autoestima porque piensan que jamás nadie les va a querer, las que tienen una red de apoyo social pobre, pocos amigos, malas relaciones con su familia, son tímidas, han tenido una historia personal de fracasos afectivos y les ha ido mal en el amor… 

Hay rasgos de personalidad que sí que son más tendentes a esa dependencia, pero hay pocos casos de investigación en este asunto. Tendría que ser un tema de salud pública, pero quizá no haya ningún negocio montado alrededor y, por eso, no interesa. Debería prepararse a las personas para las pérdidas afectivas porque, además no tenemos una, sino varias a lo largo de la vida.

—¿Se puede ser amigo de un ex?

—No, uno no puede ser amigo de una persona a la que quiere, si ese sentimiento no es recíproco. Es muy difícil pasar de un rol al otro porque, además, esas personas ya saben demasiadas cosas el uno del otro. En un 90% de los casos no se logra porque han estado en un contexto vital tan distinto que no es fácil entrar en el campo de la amistad con valores como la lealtad, la confianza, la picardía… Puede ser hasta incómodo.

A veces se interpreta esa situación de amistad como una relación con derechos y acabar en una relación sexual. Y, si se vuelve con el ex, es peor. No funciona en el 90% de los casos porque el daño que se han hecho es muy grande y los errores son difíciles de olvidar y perdonar. No es nada fácil.

—¿Es el amor como una droga, que cuanto menos se tiene más se quiere, lo que lleva a algunas personas a hacer «locuras»?

—Lo que más afecta es la etapa de enamoramiento, de los primeros 6 meses a un año. Sí, es verdad que funciona como una droga porque el amor está ahí para la procreación y actúa como una droga porque se disparan muchas sustancias internas y el placer es mucho y, por eso, no se quiere perder. Después se estabiliza y se entra en el amor más sereno con todo lo que conlleva: criar hijos, pagar facturas… El amor tiene elementos bioquímicos que producen adicción.

—A veces pueden resultar amores obsesivos…

—Eso no es enamoramiento, eso es cosificar a la persona y pensar que es un objeto que te pertenece. Cuando los celos, por ejemplo, no tienen fundamento, se convierten en un delirio que puede llevar a una persona a cometer estupideces. En las relaciones de dominancia o sumisión con hombres narcisistas o que toman esa posición y hacen del poder un control, la relación se vuelve peligrosa.

—¿Quién sufre más en una ruptura amorosa: el hombre o la mujer?

—Las mujeres sufren más en el momento de la ruptura, pero salen más fácilmente de ella. El hombre no sufre tanto y se mantiene en el tiempo dolido, pero no lo manifiesta; no sabe manejar la soledad. Emocionalmente, la mujer es más inteligente que el hombre. Hay cuatro mujeres dependientes por cada hombre dependiente desde el punto de vista afectivo. La mujer toma muy en serio el amor.

—¿Cuáles son los errores más comunes que se comenten con un ex?

—Meterse en Facebook para ver qué hace, con quién va… Lo ideal es no volver a ver a esa persona. Hay que desprenderse de todos los recuerdos, no escuchar música que evoca momentos felices de la relación, los olores, las fotos… Tampoco hay que perseguirlos, hablar con las amistades para tener más información.

Tampoco se debe consultar brujos o adivinos del futuro, fabricar encuentros «fortuitos», llamar para saludar o decir «el celular marcó solo», indagar sobre su nueva relación, citarse con el ex para devolverle cosas que le pertenecen, usar sus claves personales para entrar en su correo… Se debe evitar todo lo que recuerde a esa persona.

—Sí, ¿pero si hay hijos de por medio…?

—Si hay hijos de por medio y no se es capaz de manejar la separación, hay que pedir ayuda profesional. De lo contrario, los niños van a vivir una batalla campal. 

Es mejor una separación que un mal matrimonio. Si los padres no se expresan afectos y son indiferentes uno del otro, están haciendo mucho daño a los hijos porque no se dan cuenta de que esa situación crea en ellos un esquema mental de tal manera que, cuando crezcan y se relacionen afectivamente, van a tener problemas y sufrirán mucho.

Lo ideal es que haya cordura. La mayoría de los problemas que tienen los niños en una separación son por culpa de los padres, por lo mal que la manejan.

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