[Cur}– ¿Qué hay de verdad en la «maldición» de la novena sinfonía?

18/02/2017

Pedro Gargantilla

Si el número 27 es un número maldito para el rock, el 9 lo es para la música clásica.

Y es que una creencia popular asegura que ningún compositor vive para escribir su décima sinfonía. La lista de autores que fueron víctimas de la “maldición de la novena” es muy numerosa.

El primero en ser incluido en tan lúgubre nómina fue el alemán Ludwig Van Beethoven (1770-1827) que falleció dejando inacabada su Sinfonía nº 10 en mi bemol mayor. A él seguirían otros compositores de la talla de Franz Schubert (1797-1828), Anton Bruckner (1824-1896), Anton Dvorak (1842-1904), Gustav Mahler (1860-1911), Ralph Vaughan Williams (1872-1958), Alexander Glazunov (1865-1936), Egon Welesz (1885-1974), Kurt Atterberg (1887-1974) y Roger Sessions (1896-1985).

La principal promotora de esta luctuosa teoría fue Alma, la esposa de Gustav Mahler. Parece que era muy supersticiosa y se alarmó sobremanera cuando su marido había compuesto la octava sinfonía. Hay que tener en cuenta que en ese momento ya habían muerto a consecuencia de la temida maldición Beethoven, Schubert, Dvorak y Bruckner.

Con el paso del tiempo conseguiría contagiar a su esposo de sus irracionales temores hasta el punto de que Gustav Mahler afirmó en cierta ocasión: “Parece que una novena es un límite. No se sabe qué pasará si se va más allá. Parece como si hubiera algo que no debemos saber y que nos impide una décima… para lo cual no estamos preparados. Los que han escrito la novena ya estaban cerca de la otra vida”.

Explicación racional

El compositor checo resolvió adoptar ciertas medidas para burlar a las parcas musicales: no agregó ningún número a su novena sinfonía (“La canción de la Tierra”) y creó una sinfonía posterior a la que atribuyó el número nueve, cuando en realidad se trataba de la décima. ¿Con esto sería suficiente? ¿Habría conseguido superar la maldición?

Desgraciadamente para los melómanos, Mahler se equivocó y falleció en 1911, antes de terminar la sinfonía número diez.

Para tranquilizar al lector es preciso en este punto sustraerse de esta terrorífica maldición y subrayar que carece de cualquier fundamento científico, y que las muertes de todos los compositores se produjeron en el contexto de enfermedades perfectamente explicables.

Beethoven murió a consecuencia de una peritonitis, Mahler de una endocarditis bacteriana, Schubert de una fiebre tifoidea, y Dvorak de un accidente cerebrovascular, por citar algunos de los “compositores malditos”.

La «maldición» se rompe

En 1953, Dmitri Shostakovich (1906-1975), el mejor sinfonista del siglo XX, estrenó su sinfonía número 10 en mi menor, un acontecimiento que no se producía desde 1770 cuando Wolfgang Amadeus Mozart compuso su décima sinfonía. De esta forma, el compositor ruso ponía fin a la maldición.

Para ser fieles a la verdad hay que señalar que Shostakovich era muy supersticioso y creía firmemente en esta maldición, hasta el punto de que, como había hecho anteriormente Mahler, también tomó algunas medidas preventivas: compuso una novena sinfonía satírica y burlona, de una calidad musical inferior a la que era habitual en él y lejos de una grandiosa sinfonía victoriosa a la manera ampulosa soviética.

Esto provocó que Stalin entrase en cólera e impidiese que compusiera más sinfonías. De hecho, la número 10 se estrenó después de la muerte del dictador. Posteriormente, Shostakovich llegaría a componer cinco sinfonías más.

Para los amantes de los récords hay que señalar que el primer puesto del ranking de las sinfonías no lo sustenta Joseph Haydn, como piensan muchos, autor de 104 sinfonías, sino el extravagante director de orquesta finlandés Leif Sergestam, con 244 sinfonías.

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