[CT}– La técnica CRISPR ya tiene dueño… por ahora

17/02/2017

Clara Marín

La revolucionaria técnica CRISPR-Cas9, el famoso ‘corta y pega genético’, una de las técnicas más prometedoras de la Medicina actual, ya tiene dueño.

Y aunque no está claro del todo si la batalla legal -que duraba ya más de un año- ha llegado a su fin, por el momento podemos decir que la patente de esta tecnología, cuyo potencial lucrativo está valorado en unos 50.000 millones de euros, pertenece a día de hoy a Feng Zhang.

La Oficina de Patentes de Estados Unidos (UPSTO, por sus siglas en inglés), daba la razón el pasado miércoles a Zhang, bioingeniero del Broad Institute, una institución perteneciente al Massachusetts Institute of Tecnology (MIT) y a la Universidad de Harvard. Zhang se disputaba con Jennifer Doudna, química de la Universidad de California, y Emmanuelle Charpentier, de la Universidad de Viena, la propiedad intelectual de esta técnica de edición genética sobre la que ambas publicaron un trabajo en la revista ‘Science’ en el año 2012. La técnica fue elegida por la revista como hito científico del año en 2015.

En 2012, la Universidad de California solicitó la patente del de CRISPR-Cas9. La técnica era capaz de realizar cortes en la cadena doble del ADN y en sitios específicos con enorme precisión. Tras esto, el MIT movió ficha rápidamente y solicitó a su vez otra patente para el uso de este sistema en células humanas. En 2013, Zhang, investigador del MIT, publicó también en ‘Science’ un trabajo en el que demostraba que CRISPR podía utilizarse en células eucariotas, esto es, las células de los organismos complejos (como las de las personas y animales).

En abril de 2014, los tribunales dieron la primera victoria al MIT, otorgándole la patente que había solicitado. Mientras tanto, la de la Universidad de California seguía a la espera. La guerra estaba servida.

‘Una materia patentablemente distinta’

Esta semana, y tras un duro combate legal, parece que se ha puesto un punto y aparte a este entuerto científico, legal e intelectual. En un fallo de 51 páginas, los tres jueces responsables del caso dictaminaban que la patente que hace dos años se concedió al MIT es lo suficientemente distinta a la solicitada en su día por la Universidad de California y que, por tanto, no hay interferencias entre ambas solicitudes porque ambas partes “reclaman una materia patentablemente distinta”.

De esta forma, y aunque esto no significa que en el futuro no se le pueda otorgar otra patente a la Universidad de California, a fecha de hoy Zhang es considerado el autor de esta técnica que tiene amplias posibilidades en el tratamiento del cáncer, la distrofia de Duchenne o el trasplante de órganos porcinos, entre otras muchas aplicaciones. La sentencia de la oficina de patentes americana cree que el trabajo de Doudna y Charpentier “no es tan innovador como para hacer cualquier otro avance obvio”.

Posible apelación

Mientras que el MIT se muestra satisfecho con la decisión, la Universidad de California publicaba, el mismo día en el que se conocía la decisión, un comunicado en el que mantenía que “respetaban” la decisión tomada por la oficina de patentes, pero que seguían sosteniendo que “la evidencia apoya abrumadoramente nuestra posición de que el equipo de Doudna / Charpentier fue el primer grupo en inventar esta tecnología para uso en todos los entornos y todos los tipos de células, y fue el primero en publicar y presentar solicitudes de patente dirigidas hacia esa invención”.

Es por esto que, aunque se congratulan de que con esta decisión no se haya cerrado del todo la puerta a que a ellos también se les conceda la patente que solicitaron, van a “considerar todas la opciones posibles para los próximos pasos en este proceso legal, incluyendo la posibilidad de apelar la decisión de la oficina de patentes”.

En medio de este ‘culebrón’, algunos científicos están dando su opinión sobre este espinoso asunto. Un día después de darse a conocer el veredicto, ‘Science’ publicaba un artículo en el que Jorge Contreras y Jacob Sherkow, de la Universidad de Utah y el ‘Innovation Center for Law and Technology’ respectivamente, denunciaban que esta lucha por las patentes y las licencias podría crear “un cuello de botella en el uso de la tecnología CRISPR para descubrir y desarrollar potentes terapias en humanos”, ya que las compañías spin-off que cada uno de los ‘padres’ de la herramienta crearon para la explotación para su uso son incapaces de investigar por sí solas la ingente cantidad de posibilidades de edición genética.

Así las cosas, todavía es pronto para decir si la batalla por la invención de CRISPR ha terminado o no. Aunque por el momento parece haber un claro vencedor, habrá que esperar a ver los pasos que da la Universidad de California y, por supuesto, la oficina de patentes.

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