[SE}– Se acaba el diésel y éstas son las razones

14/02/201

Marta García

Madrid, París y Ciudad de México han anunciado que prohibirán la circulación de vehículos diesel a partir de 2025.

La inquietud ha cundido entre los compradores, las ventas se han desplomado y la presión medioambiental ha crecido. La demanda de estos motores descendió del 68,9 % que experimentaron en 2012 al 56,8 % de 2016. Así las cosas, ¿merece la pena comprarse un coche con este tipo de tecnología? ¿Qué pasa si ya se tiene uno?

Los expertos del sector llaman a la tranquilidad. “Las medidas que se anuncian son muy alarmistas”, opina Francisco Payrí, director del Instituto CMT Motores Térmicos.“No creo que veamos la desaparición de los vehículos diésel en los próximos años”, sostiene Victor Piccione, gerente de comunicación de producto de Ford. Desde la Asociación Española de Operadores de Productos Petrolíferos (AOP) aseguran también que la demanda no va a desaparecer.

En España y otros países como Italia, Francia y Bélgica este carburante ha estado tradicionalmente muy subvencionado. La preocupación por las altas emisiones de monóxido de carbono (CO) de los motores de gasolina fue la que originó el fuerte apoyo al gasóleo en la primera década del siglo XXI. Los óxidos de nitrógeno (NOx) y la partículas del diesel no preocupaban en exceso a las autoridades comunitarias de aquel momento. Los consumidores respondieron a los estímulos fiscales del gasóleo y las carreteras se llenaron de motores alimentados por un combustible que hasta ese momento había estado casi reservado a la industria. Los NOx y las partículas, en consecuencia, comenzaron a cubrir los cielos y a amenazar la salud de los habitantes de los grandes núcleos urbanos.

Había que tomar medidas. Ya no se trataba de la capa de ozono y del efecto invernadero que potenciaba el CO de la gasolina, sino de nuestro propio bienestar, de las enfermedades pulmonares que podían contraerse como consecuencia de las emisiones del diesel.

Preocupada, la Unión Europea impuso severas restricciones al gasóleo. La normativa Euro VI, que entró en vigor en septiembre de 2014, no era fácil de cumplir y los fabricantes tuvieron que enfrentarse a uno de los retos más difíciles de su historia. Lograron superarlo con la ayuda de los catalizadores y los filtros de partículas. Hoy, cien vehículos salidos de la cadena de montaje contaminan menos que uno de los años 70. Pero entonces, ¿por qué tanta algarabía? El problema, explican desde la Asociación Española de Operadores de Productos Petrolíferos (AOP), no está en los vehículos nuevos, sino en los antiguos.

Son los coches de más de cinco años de antigüedad, los que se fabricaron antes de que Bruselas se pusiera seria con el tema, los verdaderos responsables de que en Madrid se hayan superado en ocasiones los 200 µg/m3 que la OMS considera como límite máximo recomendado.

La decisión más sabia

¿Hay margen para reducir aún más las emisiones? La tecnología no tiene límites, pero sí costes. “Los diesel se irán encareciendo según se vayan haciendo más limpios”, vaticina Piccione. Hay soluciones diversas para estos problemas. Los expertos opinan que la gasolina se irá recuperando poco a poco y ocupará el lugar que tenía. El diesel pervivirá en entornos rurales y pequeñas localidades donde la instalación de puntos de recarga eléctricos o de surtidores de combustibles alternativos como el hidrógeno sea minoritaria. También compensará para aquellos que realicen más de 25.000 km anuales y, por supuesto, en la industria del transporte. Y si se vive en un gran núcleo urbano, la solución más razonable pasará por un vehículo eléctrico con autonomías cercanas a los 150 kilómetros, además de por las opciones de coche compartido.

¿Qué pasa si ya tienes un automóvil diesel con ciertos años y tienes que desplazarte habitualmente por Madrid o Barcelona? Pues mejor que vayas pensando en otra alternativa.     

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