[SE}– Acerca de la Unión Europea (UE) y su futuro (2 en 1)

2017-03-10

La UE debe recuperar sus orígenes

El mercado común europeo ha sido un gran invento. Quizá el mejor instrumento que ha alumbrado el Viejo Continente en su larga y accidentada historia para garantizar el clima de paz, prosperidad económica y estabilidad política que se ha experimentado en las últimas décadas, tras las trágicas guerras mundiales sufridas en la primera mitad del siglo XX y las constantes pugnas bélicas registradas en el pasado.

Sin embargo, la UE se enfrenta hoy a un panorama de inseguridad, recelo e incertidumbre, ante un horizonte cuyos nubarrones son numerosos y preocupantes.

El Brexit marcó un punto de inflexión en el progresivo proceso de integración europea que se puso en marcha tras el nacimiento de la Unión, pero puede no ser el único. Europa y el euro afrontan este año varias pruebas de fuego de cuya resolución dependerá, en gran medida, la continuación o no de la UE tal y como la conocemos.

Las elecciones que celebrará Holanda la próxima semana, y los posteriores comicios en Francia son las dos primeras citas clave. El populismo de nuevo cuño, tanto de izquierdas como de derechas, cuyo auge ha afectado a Europa en mayor o menor grado, parte de una excelente posición en las encuestas para lograr unos buenos resultados electorales. Cosa distinta es que los antieuropeístas —Geert Wilders, en el caso de Holanda, y Marine Le Pen, en el de Francia— logren el apoyo suficiente como para gobernar, pero su inédito crecimiento constata que algo grave está sucediendo en el seno de la Unión.

Las causas de este descontento social son múltiples, desde la fuerte crisis económica que han registrado los países del sur y sus devastadores efectos sobre el desempleo, hasta el rechazo a las políticas migratorias de puertas abiertas procedentes de terceros países en el este y el centro de Europa, la ineficacia de las instituciones comunitarias para combatir el terrorismo o el hartazgo de las economías ricas con la política de rescates soberanos y laxitud monetaria aplicada en los últimos años para salvar a los estados más díscolos e irresponsables.

Los líderes comunitarios están ahora enfrascados en una nueva ronda de duras y complejas negociaciones para decidir el futuro que debe adoptar la UE tras la inesperada salida de Reino Unido y el auge de movimientos populistas que amenazan con seguir la senda marcada por Londres. De hecho, ya se habla de la Europa de varias velocidades, en alusión al parón que, previsiblemente, sufrirá el intenso proceso de integración política iniciado con la firma del Tratado de Lisboa en 2007.

Pero, llegados a este punto, cabe recordar que lo que ha fracasado estrepitosamente no es el mercado único, la semilla que originó la posterior UE, sino el intento denodado de los políticos por construir una especie de súper estado europeo, cuyo poder y ámbito competencial no ha dejado de crecer a costa de los estados nación, pese a carecer del necesario respaldo social. Prueba de ello es que la mayoría de los europeos ven con buenos ojos el Tratado de Roma que originó la UE en 1957, pero recelan cada vez más de la actual estructura comunitaria, donde ni Bruselas ni su ejército de eurócratas los representan.

La UE debe abandonar por completo su alocado proyecto de avanzar hacia un gran Estado europeo para, a cambio, recuperar la esencia y el auténtico espíritu de la Unión, que no es otro que el de garantizar un gran mercado común sustentado sobre el libre movimiento de personas, productos y capitales, al tiempo que se refuerzan y coordinan de forma eficaz aquellas políticas comunes que sean clave, como es el caso de la defensa y la seguridad. La UE debe volver a inspirarse en la Europa de los mercaderes y dejar atrás la Europa de los eurócratas para garantizar su supervivencia.

Fuente

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11/03/2017

Pablo R. Suanzes

¿Qué significa la Europa de dos velocidades?

El pasado lunes 06 de marzo, Hollande, Merkel, Rajoy y Gentiloni dieron en Versalles su aval para la “Europa de las dos velocidades”, también conocida como “Europa a la carta”. Una vía polémica hacia la integración del futuro, un escenario lejos del ideal, pero que cada vez más en el continente ven como el mal menor.

¿En qué consisten las dos o múltiples velocidades?

Es una idea sencilla pero polémica: que en lugar de que todos los Estados Miembros de la UE avancen al mismo tiempo, siempre en grupo paso a paso, haya un “núcleo duro” que tire del carro y otro u otros que vayan a otra velocidad. Es decir, que si un número limitado de países están de acuerdo en ceder más soberanía concreta en un punto, o profundizar la integración en un área, no sea obligatorio que lo hagan los 28.

Una forma más pragmática de desatascar temas enquistados, pero un reconocimiento de un fracaso político y de la incapacidad de progresar como bloque. Sobre esa idea original se puede ofrecer la de múltiples velocidades, algo mucho más complejo y con efectos no previstos, como ha advertido muchas veces uno de los popes jurídicos de la UE, Jean-Claude Piris.

¿Es una idea reciente?

No, en absoluto. En 1974, el entonces canciller Willy Brandt acuñó la idea de “varias velocidades” para el avance europeo. Su tesis era que las diferencias económicas, culturales y sociales entre los países eran tan profundas que era necesario potenciar una integración diferenciada, de cada uno a su ritmo o en bloques.

En 1994, en un documento interno de la CDU, el ahora ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, y Karl Lamers, retomaron la idea causando una gran conmoción. Los diputados alemanes, con la expansión al Este ya en marcha, tenían serias dudas sobre la capacidad operativa de integrarlos sin un shock como el de la reunificación germana, y proponían una vía filosóficamente complicada pero más práctica. En el pasado, líderes como Sarkozy o Van Rompuy la han respaldado.

¿Quién defiende la propuesta?

La semana pasada, la Comisión Europea presentó su esperado Libro Blanco, una hoja de ruta en la que recogía hasta cinco ideas diferentes para el futuro de Europa, desde volver a un modelo con sólo un mercado, común hasta optar por el federalismo absoluto. La tercera vía era la Europa de dos o más velocidades. El lunes 06 de marzo, en Versalles, Merkel, Hollande, Rajoy y Gentiloni avalaron la idea.

Con todos los desafíos actuales, y tras constatar muchos fracasos (crisis de refugiados, por ejemplo) los grandes dan por hecho que no hay forma de seguir a 28, que hay enormes diferencias entre norte y sur, este y oeste, y que es mejor acogerse a opciones más conservadoras. Es algo que ocurre recurrentemente con las grandes crisis, como la que rodeó la aprobación de la Constitución Europea hace más de una década.

¿Hay precedentes?

De facto, sí, claro. El euro es un buen ejemplo, pues sólo 19 de los 28 Estados Miembros comparten la moneda única. Igualmente, no todos los países forman parte de Schengen. En cierto modo, la Europa de varias velocidades ya existe, y hay determinados Estados (como Reino Unido, Irlanda o Dinamarca) que han permanecido al margen de políticas concretas o bloques enteros (Interior, derecho de asilo) y Europa ha seguido adelante.

¿Sería un fracaso optar por esa vía?

Políticamente, sí. No se resucita la idea de “dos o más velocidades” porque se crea que es la mejor opción, sino la menos mala o en la práctica la única posible. Los grandes creen, como defendían Schäuble y Lamers, que si unos cuantos se lanzan harán de imán para los demás, que el temor a quedar aislados será combustible suficiente para reaccionar.

Pero, sobre todo, como advertía Hollande hace unos días, estiman que “es una idea necesaria. Sin ella, Europa explotará”. Al mismo tiempo, es evidente que la división en bloques es muy peligrosa y puede llevar a ulteriores fragmentaciones y enfrentamientos. Sería plasmar para todos la tesis que defendió y logró para sí David Cameron antes del Brexit: demostrar que la UE no debe buscar “una unión siempre mayor”, que ha sido el lema no oficial durante décadas en Bruselas.

¿En qué áreas se podría ver el cambio?

Hay elementos que desde hace meses o años están bloqueados. La culminación de la unión bancaria, por ejemplo, parada porque Alemania se niega a más mutualización sin que el riesgo se reduzca mucho en los países del sur. La política común de asilo, que cuenta con el veto de más de una decena de países. La opción más rápida es la de la Defensa, el área que la mayoría quiere priorizar tras el Brexit y los preocupantes mensajes que llegan desde Washington. En el campo de la fiscalidad y las políticas sociales también hay una oportunidad.

¿De quién es culpa la parálisis actual?

París y Berlín impulsan las dos velocidades porque creen que Reino Unido hasta ahora, y los países del Este (Hungría, Polonia, Eslovaquia) son los que impiden el avance en general, o una política de refugiados común. Pero las voces que denuncian que son precisamente Alemania y Francia las que impiden el progreso, son muchas. Si los cuatro de Versalles de verdad quieren avances, lo suelen conseguir. Y hay muchas áreas en las que los ‘malos’ no están. La Eurozona, que no termina de arreglarse, es el mejor de los ejemplos.

¿Es realista una UE a múltiples velocidades?

Los precedentes no son muy buenos. En Europa existe lo que se conoce como “cooperación reforzada”. El Tratado de Ámsterdam, en 1997, abrió la puerta, y el de Lisboa aumentó las posibilidades, incluyendo por ejemplo la Defensa común. Es suficiente, en teoría, con que nueve países estén de acuerdo para intentar impulsar ellos solos una mayor integración común, si el resto no se quiere sumar, siempre y cuando se respeten los límites legales de los Tratados. E

s un mecanismo diseñado para superar parálisis, pero la historia revela que no funciona muy bien. La Tasa a las Transacciones Financieras que más de 10 países lanzaron hace casi un lustro, entre ellos España, está en coma irreversible. A parte de eso, apenas se ha usado para legislación sobre divorcio (el único gran éxito, en 2008), patentes (2011) y los bienes de matrimonios internacionales.

¿Cómo funcionaría en la práctica?

La cooperación reforzada que permite esa Europa a la carta se pensó como un último recurso. Si dentro del Consejo Europeo no hay mayoría, después de un tiempo y todos los intentos posibles, el propio Consejo debe autorizar en conclusiones oficiales que una serie de países lo intenten en grupo.

En el caso de las patentes, España e Italia, que se sentían discriminadas, pidieron que se anulara precisamente esa decisión. Este jueves, en Bruselas, los líderes incluyeron un caso concreto, autorizando la cooperación reforzada, para la que hay ya al menos 17 Estados dispuestos, para una Fiscalía europea.

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